“Muchos peronistas cruzaron el charco y lo votaron a Milei”
Laura Di Marco, “Juicio al Peronismo”
La maleabilidad del peronismo fue el dato clave de ese “movimiento” para subsistir y marcar el rumbo durante los últimos ochenta años.
Ya sea en el gobierno o en la oposición, fue el eje en torno del cual giró la política argentina. Fue condición necesaria para la gobernabilidad, aunque no suficiente.
Con sus propias mayorías, en el poder manejó la agenda. En el llano opositor, su concurso fue decisivo para mantener el país dentro de los carriles de una supuesta normalidad.
Pero, eso sí, supo mantener sus propias intocables “joyas”, que formaron la columna vertebral de su impronta, aún cuando en materia ideológica convivió con sus propias antípodas.
En los tiempos de Carlos Saúl Menem, con todo su sorpresivo bagaje de neoliberalismo, las normas laborales protectorias supieron mantenerse. Lo propio sucedió durante el kirchnerismo, no obstante la pérdida sucesiva de densidad política del sindicalismo.
Haciendo referencia a sus dos últimos largos períodos de gobierno, bajo distintas vestiduras ideológicas pero con la astucia y la potencia de un verdadero movimiento de poder, gobernó el 60 % del tiempo de regreso a la democracia en 1983.
“El peronismo, bajo sus distintos ropajes ideológicos y políticos, fue la entidad política dominante en los últimos ochenta años”
Es más, tanto la izquierda como la derecha supieron referenciarse en la insignia política del general, haciendo realidad sus recordadas palabas: “peronistas somos todos, aunque algunos no lo sepan”. Una expresión que traslucía un partido con vocación hegemónica de poder.
Fue, en la oposición, recipiendario de algunos fracasos políticos de gobiernos de distinta sintonía, como los casos de Menem con Alfonsín en 1989, y de Duhalde y compañía con De la Rúa en 2001 y 2002.
El largo período de la metamorfosis peronista devenida en “kirchnerismo”, con el interregno de Macri, instaló un rescate de los aires setentistas. La denominada “grieta” se profundizó a medida que transcurrían sus largos 16 años de gobierno, y el terreno quedó fértil para el cambio.
La sorpresa estaba agazapada. Aparecieron nuevos actores, ya no parecía el tiempo de los cambios de mando entre partidos de índole colectivista.
Un “fuori serie” vino a plantar no sólo una ideología más vieja que cualquiera pero nueva en el universo político argentino, sino además un modo de gestionar que no supo de concesiones ni debilidades.
Al fin y al cabo, Javier Milei es un liberal anómalo, ese que nos hizo conocer el pensamiento “libertario”, como mixtura entre ideas económicas liberales mezcladas con una concepción autoritaria del poder.
Al fin y al cabo, las fracasadas experiencias de gobiernos no peronistas anteriores, tal el caso del Pro y Juntos por el Cambio, padecieron de una insuficiencia grave: insuficiente ambición de poder.
“Peronistas somos todos”, dijo el general, desde el neoliberalismo menemista hasta el progresismo setentista del kirchnerismo”
No importa la ideología, lo primero que debe sustentar un gobierno exitoso no es el acierto de sus políticas, sino el poder de sus convicciones.
Para el autor de El mago del Kremlin, Los ingenieros del caos y La hora de los depredadores, “si no tienes un plan ambicioso y convincente, estás en una posición de debilidad. Su gran lección, y también la del resto de los depredadores, es que muchas de las cosas que creíamos imposibles son posibles. Así que la parte positiva (a extraer) es que nuestra ambición tiene que ser mucho mayor”.
Metonimia de fuerza por autoridad: no importa hacia dónde, pero con vigor. Forma sin fondo. “Wrong but strong”. Equivocado pero fuerte. Así lo dice Jorge Fontevecchia.
Es, a mi juicio, la descripción más acabada de Javier Milei y su gestión. A esta altura, no sabemos a ciencia cierta los logros de su gestión. Pero, sobresale por la fuerza de sus convicciones: “wrong but strong”.
El libertario ha contribuido a implantar un nuevo sentido común en la sociedad, algo que analicé extensamente en mi artículo anterior.
Tanto es así, que fue capaz de lograr legislativamente, sin mayorías propias, la modificación de la normativa laboral, una de las joyas peronistas.
Y allí, caemos en el comportamiento de la oposición, especialmente la del peronismo. Diluidos en la defensa de sus propios intereses provinciales, gran parte de la oposición negociadora forma parte hoy del coro del libertario. La necesidad tiene cara de hereje.
“Hoy, con Javier Milei al mando, se ha puesto en duro trance la subsistencia del peronismo. Es más, el kirchnerismo casi tiene firmado el certificado de defunción”
Sin embargo, existe todavía un núcleo duro en el universo del peronismo, pero que se comporta más por reacción que por la existencia de una hoja de ruta clara, distinta a la oficialista. Además, sin liderazgos definidos a la vista.
La lucha en la Provincia de Buenos Aires parece determinar el destino de la insignia del general.
Kicillof ha ocupado el centro en el distrito bonaerense, se hizo presidente del partido, y desterró al kirchnerismo a un segundo plano. Cristina en el ocaso, no tiene heredero.
Fue su rendición negociada en la conducción del PJ bonaerense, que de Máximo Kirchner y los suyos pasó a manos de Axel Kicillof. Los intendentes peronistas, quienes hace ya casi dos años comenzaron a levantarse contra el dedo y la voz de “la jefa” y obligaron al gobernador a empezar a romper el cordón umbilical con quien fue su madre política y quien lo había llevado a ganar la primera elección de su vida.
Una nueva encuesta nacional de la consultora Giacobbe confirma ese desplazamiento estructural del eje político: Cristina Fernández de Kirchner aparece definitivamente asociada al pasado, mientras que Javier Milei concentra la centralidad del presente y del conflicto.
Es conveniente aclarar que tampoco Kicillof se afirma como líder nacional de los peronistas, pero cierto es que ha desplazado al kirchnerismo y a La Cámpora de los lugares espectables.
Entonces, podríamos decir que estamos en la etapa del pos kirchnerismo, casi funcionando ya con respirador ante la prisión de su jefa y la inexistencia de heredero.
La cuestión es como quedará configurado el peronismo, que, por ahora, es la única oposición que le queda a Milei.
2027 no está tan lejos.