Por Guillermo MacLoughlin Bréard
(Especial para El Litoral)
Corría el verano de 1976 y la situación del país era caótica. La inflación hacía estragos, la descomposición social era palpable, las instituciones casi no funcionaban y, lo más dramático, era la escalada de violencia que reinaba en todo el país. Por entonces, al medio millar de personas asesinadas por el aparato para-estatal de la Triple A, que lideraba José López Rega, debemos agregar los más de 7.000 atentados perpetrados por los terroristas del ERP y de Montoneros. Tampoco había justicia, ya que la irresponsabilidad de la ley de amnistía del 73 y la eliminación de la Cámara Federal en lo Penal, permitió a muchos terroristas atentar contra la vida y los bienes de muchos argentinos, en pleno gobierno constitucional.
Diversos dirigentes empresariales y sindicales, así como numerosos dirigentes políticos denunciaban la situación, aunque sin dar soluciones….hasta llegar a la expresión descarnada del entonces secretario general de la CGT, Casildo Herrera, con su “yo me borro”, muestra cabal de la descomposición del peronismo y del sindicalismo, que estaba poco dispuesto a sostener al endeble gobierno de María Estela Martínez de Perón.
En el mismo sentido, el máximo líder opositor, Ricardo Balbín, en su célebre alocución previa al golpe militar manifestó que “no tenía soluciones”, olvidándose de su responsabilidad histórica ya que, de haber aceptado la candidatura a vicepresidente que le ofreciera el Gral. Perón, se hubiese convertido en primer magistrado, en lugar de la inepta mujer del caudillo, condenada de ante mano a fracasar en el ejercicio de su presidencia. Segundo gran error político del radicalismo, ya que Balbín se justificó el no aceptar la vicepresidencia por la “falta de vocación frentista del radicalismo”. Pero éste no era el accionar de la U.C.R.. Su primer gran error fue no permitir que el Partido Demócrata Nacional integrase la Unión Democrática, la alianza electoral que, incluso, con el concurso del Partido Comunista, compitió en 1946 por la presidencia con la fórmula Tamborini-Mosca. De haber contado con el concurso de los conservadores, ésa fórmula hubiese sido consagrada en el Colegio Electoral, en lugar de la de Perón-Quijano que levantó el Partido Laborista.
Se respiraba en el ambiente la existencia de un golpe cívico-militar para poner orden a la caótica situación por la que atravesaba el país. Numerosos sectores palpaban que ello era inminente…..lo que no se sabía era cuándo ocurriría.
Es así como en la noche del 25 de febrero de 1976 tuvo lugar en la Cámara de Diputados una sesión especial para tratar el proyecto de juicio político a Isabel Perón, presentado por la bancada de la Fuerza Federalista Popular (FUFEPO), un conglomerado de legisladores provenientes de distintos partidos políticos provinciales. El titular de la bancada, Francisco J. Moyano (Partido Demócrata de Mendoza) solicitó su tratamiento y entre otras cuestiones, manifestó que “existen urgencias que no se nos pueden escapar a los argentinos que creemos en la democracia y que queremos el mantenimiento del orden institucional, que muchas veces puede alterarse porque tardíamente cumplamos nosotros con nuestros deberes constitucionales”
Se solicitaba tratar un meduloso proyecto de resolución preparado por el diputado nacional Ricardo Balestra (Pacto Autonomista Liberal de Corrientes), redactado con el concurso de los doctores Juan R. Aguirre Lanari y Juan Balestra, que fuera suscripto por todos los integrantes de la bancada, y dado a conocer a la opinión pública por la diputada nacional Cristina Guzmán (Movimiento Popular Jujeño). Dicho proyecto no enjuiciaba al peronismo, ni pretendía alterar su derecho y su obligación de gobernar los destinos del país; sino que se formulaban 31 imputaciones de mal desempeño de su función como primera magistrada por parte de Ma. Estela Martínez de Perón, al amparo del art. 45 de la Constitución Nacional. Entre otras cuestiones, se le endilgaban acciones inconstitucionales e ilegales, como las numerosas intervenciones federales por decreto, la supresión del hábeas corpus y los reiterados ataques a la prensa, sumado a la desastrosa situación económica y social, al fraudulento y escandaloso pago de la Cruzada de Solidaridad Justicialista con fondos públicos, a favor de la sucesión de Juan Perón.
En el bloque radical se debatió la postura a seguir. El sector balbinista se oponía al mismo, mientras que el sector alfonsinista lo apoyaba decididamente. Ganaron éstos últimos, por un voto, y el diputado Antonio Tróccoli, a la sazón titular de la bancada de la Unión Cívica Radical, por obediencia partidaria, se vio forzado a apoyar la iniciativa, aunque tuvo la hidalguía de señalar que “a partir del 1° de julio de 1974 la República ha entrado en un plano inclinado; hay una notoria falencia del gobierno para el tratamiento de la problemática nacional. Todo está peor que al 25 de mayo de 1973”. Otros sectores políticos apoyaron la iniciativa, que encontró una cerrada oposición en la bancada oficialista, en sus diversas divisiones, que no entendieron que lo que se buscaba era fortalecer la institucionalidad en la persona del entonces Presidente Provisional del Senado, Ítalo Luder, quien ya había ejercido interinamente la Presidencia de la Nación y había dado muestras de querer enfrentar los problemas, entre ellos, con la firma de los decretos de aniquilamiento del accionar subversivo; pero Luder se negó a apoyar la iniciativa. “No haré nada en contra de mi partido ni de la C.G.T.”, señaló a sus allegados.
El proyecto de juicio político no prosperó. La clase política tuvo a su alcance el último resorte constitucional para evitar lo inevitable, pero reinó la miopía política. Lo que vino después fue casi inevitable: el golpe cívico-militar del 24 de marzo de 1976 que, en sus inicios, contó con el apoyo de muchos ciudadanos que creían que ésta era la única solución al caos imperante. Afortunadamente, la sociedad argentina, mayoritariamente, no apoya más estos quiebres institucionales, inaugurados en 1930 y repetidos en diversas ocasiones hasta llegar al de 1976.
Otro sendero hubiera transitado el país de haber sido distinto el resultado de la votación en esa histórica sesión, ocurrida hace 50 años. La señora de Perón hubiera renunciado o hubiera sido destituida. La hubiese reemplazado el Dr. Luder y hubiéramos llegado a las elecciones de 1977.
Rescatemos, para la memoria histórica, a quienes trataron de salvar la institucionalidad del país, entre ellos, a la bancada del Pacto Autonomista Liberal que, además de Ricardo Balestra, estaba entonces integrada por Juan P. Llano y por Gerardo Balbastro, quien había reemplazado al fallecido Tomás Ameghino Arbo.
El autor fue Presidente de la Juventud de la Fuerza Federalista Popular (FUFEPO)