Vértiz fue el último gobernador de Buenos Aires - Desempeñó el cargo desde el 4 de septiembre de 1770, bajo la administración del Virreinato del Perú, hasta que fuera creado el nuevo Virreinato del Río de la Plata el 1º de agosto de 1776.
Tuvo como prioridad el echar a los portugueses de la Banda Oriental, en donde tenían fundada Colonia de Sacramento. Creó un impuesto municipal de guerra de guerra para poder afrontar los gastos de las milicias que defendían a las poblaciones de los malones aborígenes. Fundó el Real Colegio San Carlos (Actual Colegio Nacional de Buenos Aires), el 10 de febrero de 1772, además de establecer el alumbrado urbano. PUSO TODO DE SI EN LA EDUCACIÓN, SEMBRÓ LO QUE CONTINUARON GRANDES ARGENTINOS.
Juan Martín de Pueyrredón - Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata en junio de 1816, luego de haber sido elegido en Tucumán por el Congreso Nacional que declaró la independencia.
Durante su gobierno la Provincia de Mendoza tenía una posición ventajosísima y especial entre las que seguían con armonía la política del Congreso y del Director. Era el punto intermedio de las relaciones políticas y comerciales que unían a Buenos Aires con Chile, que, como hemos visto, tenían un carácter tan estrecho y tan confidencial , por decírselo así, entre San Martín , Pueyrredón y O´Higgins, que podían considerarse como parte de un mismo orden político. El vencedor de Chacabuco y de Maipú le había consagrado a Mendoza una justa y noble gratitud. No podía olvidar que esa provincia benemérita había sido la cuna de su gloria militar y el punto de partida de su encumbrada fortuna. Así fue que, después de la victoria, empeñó todo su influjo con su sucesor en el gobierno de la provincia, el coronel Luzuriaga, y con el Supremo Director del Estado, para que se instalase en Mendoza un espléndido colegio de ciencias; especialmente exactas y prácticas, que fuera un modelo en su género, por la construcción adaptada del edificio, por la reglamentación de los estudios, por la disciplina y por el lustre de los maestros.
“Ningún hombre -decía San Martín en una carta particular- nacido en esta ciudad excelente a fundar los estudios hasta que ellos puedan marchar por sí solos, bajo la dirección de otros directores que se formen; pues que así, todo buen paisano trabajaría por su gloria y por el beneficio de la patria, como tantos militares y otros hombres de mérito que me acompañaron en la empresa de formar el ejército de los Andes.” Y esta iniciativa se dirigía al doctor Estanislao Zavaleta, deán de la Iglesia Catedral de Buenos aires y gobernador del Obispado de 1811, que oponía resistencia a ir a Mendoza a fundar y dirigir el proyectado colegio, como San Martín quería, para que tan ilustre prelado le diese a la casa y a la enseñanza el inmenso prestigio de que gozaba en las Provincias Unidas del Río de la Plata por su templanza y por sus virtudes.
A fines de octubre de 1817 se le daba ya al edificio la última mano para que quedase preparado a funcionar. Su planta era bien concebida y casi grandiosa para su tiempo. Excitada la generosidad de los vecinos acaudalados de la provincia, consiguió el general San Martín donaciones y legados a favor de la casa. El presbítero Cabral donó una hermosa manzana de terreno que medía 22.500 metros cuadrados; se levantó allí un espacioso y cómodo edificio en donde podían acomodarse 180 alumnos con todas las condiciones higiénicas y adaptaciones a una liberal y amplia enseñanza, bajo los cuidados y distribución prolija del mismo General San Martín. Los dormitorios estaban ventilados, de acuerdo con las reglas últimas de la higiene, por ventanas enfiladas en lo alto del muto, y por lo bajo con vistas al jardín para hacer risueño del despertar de los jóvenes al aspecto de la vegetación. El gran comedor estaba dominado en el extremo por una tribuna donde se daban lecturas políticas y patrióticas, que desempeñaban entonces lo que ahora llamamos instrucción cívica. En el jardín y en el huerto, además de la labranza, entregada al cuidado y trabajo de los alumnos bajo competente dirección, tenían ellos los mejores juegos gimnásticos, la barra, la pelota, los bolos y el billar por la noche.
Colegio de la Santísima Trinidad de Mendoza. Poseía el Colegio un fondo metálico de 16.000 pesos fuertes, colocado al 5% de interés y cada interno abonaba al establecimiento 80 pesos fuertes por año. El Congreso le había confirmado el título de Colegio, dándole al Rector el rango y las atribuciones de Cancelario o canciller, para que los estudios hechos allí y los certificados de exámenes valiesen en todas las Universidades del país y Chile, obedeciendo a la justa gratitud que le imponían los servicios hechos por Mendoza, otorgó igual crédito en sus establecimientos nacionales a los certificados del Colegio de Mendoza. 100 estudiantes se hallaban allí el 10 de noviembre de 1818.
San Martín en el detalle – Cuando uno reflexiona con sano criterio en que el acierto y la prolija previsión de todos estos detalles, tanto en el edificio cuanto en los fines morales de la enseñanza, procedían de las insinuaciones directas y del influjo personal del general San Martín, comprende con asombro que los méritos extraordinarios de este grande patriota no pueden medirse sino por su propia modestia, pues para hacer el bien de una manera práctica y en grande escala, su primer cuidado era retirar de sus obras y de sus beneficios el carácter personal que los déspotas y los charlatanes gustan tanto de imprimir en sus vulgaridades. En lo que San Martín hacía o decía jamás había jactancia de infatuación: era siempre el cumplimiento de un deber sencilla y honradamente entendido y desempeñado.
Su influjo, en el servicio de la instrucción pública, no se satisfizo con el establecimiento del precioso colegio mendocino; sino que se extendió también a la educación primaria y gratuita, para los niños pobres de ambos sexos, y para ello fundó escuelas, en las que educaban 500 y tantos alumnos. Mejoró los paseos; y por indicaciones suyas el gobernador de San Juan, Juan de la Rosa, abrió canales de irrigación que llevaron el agua a los distritos de Pozito y de Angaco, que eran antes de esto estériles y sin cultivar. En Mendoza hizo practicar igual mejoras y fertilizó con ella otros puntos no menos mal dotados, como el Retamo, Barriales y Villa San Martín, que se convirtieron en feraces terrenos de producción. Verdad es que para todo esto estaba ayudado, como ya dijimos, por la posición excepcional que Mendoza vino a ocupar después de Chacabuco; y que, como los puertos de Chile habían estado bloqueados por la escuadra de Lima, el consumo del exterior le llegaba por el puerto de Buenos aires, con lo cual hicieron grandes beneficios los negociantes y los arrieros de Cuyo, que vinieron a ser así los agentes activos del intercambio de valores que servía de motor a esos adelantos.
Echando una mirada inteligente sobre el desierto, comprendió Pueyrredón el inmenso interés que la provincia de Buenos Aires tenía en pasar sus fronteras al otro lado del río Salado, y pidió al Congreso autorización para llevar a cabo esta importantísima mejora.
Cartas de San Martín y Guido: El 17 de marzo de 1819 el señor Guido escribió al general San Martín, interceptada fatalmente por los montoneros, fue la que les dio conocimiento de que el General San Martín no pensaba cumplir las órdenes que había recibido, y de que los jefes de los cuerpos se negaban a pasar la guarnición a Tucumán. (La Constitución argentina de 1819 fue el proyecto de constitución aprobado ese mismo año por el Congreso de Tucumán, trasladado a Buenos Aires dos años antes.) Esforzándose, en lo posible, por vencer la mala voluntad del general, pero viendo la imposibilidad de imponerle cumplimiento de un deber, al que cada día se mostraba menos resignado, el gobierno reproducía unas veces sus órdenes terminantes y otras, las atenuaba; reduciendo su exigencia a la devolución de algunos cuerpos del ejército. Si de Chile, donde no había servicio ninguno, el ejército de los andes hubiera pasado a acantonarse en Tucumán, los anarquistas del norte no hubieran podido trastornar el orden de las provincias septentrionales.
Mientras desde España llegaban versiones de que Fernando VII estaba reorganizando una movilización de barcos y 20 mil hombres para recuperar estas colonias de América. El general San Martín según se dice, no daba asenso a la reorganización del ejército y armada de Cádiz; pero, por más juiciosas y sinceras que fuesen sus presunciones, esa organización había tenido lugar: estaba consumada, y pronto todo para zarpar den febrero, a más tardar. Ni el general ni hombre alguno sobre la tierra, por más que lo presumiese, que ese poderoso armamento se sublevaría. Lo racional, lo justo, era prevenirse contra él y mantenerse al lado del gobierno que se veía amenazado.
Fuente: Vicente Fidel López (Primera parte)