n En esta mansión dormía plácidamente una noche de invierno el Diputado Provincial José Cayetano Martínez, y al otro día todo era confusión, intriga, dudas, especulaciones, como reguero de pólvora circulaba en la ciudad de Corrientes que murmuraban la desaparición física del legislador, que además era el único que estaba en desacuerdo con lo que el Congreso Provincial se aprestaba a sancionar al día siguiente. ¿Pero que pasó esa noche del 28 de Agosto de 1814? José Cayetano Martínez era el único que apoyaba a Artigas.
Corrientes vivía momentos decisivos para el futuro de la Provincia y de la Argentina toda. Por entonces, José Gervasio Artigas dominaba todo el litoral argentino y parte de la Banda Oriental al frente de su Protectorado de los Pueblos Libres, en abierto enfrentamiento con las autoridades de Buenos Aires.
Ningún correntino le dio mandato a Artigas para que incluya a Corrientes dentro de su proyecto. Es que el oriental, con muy mala y aviesa actitud, aprovecha que el Directorio Nacional está preocupado por el avance de los españoles que se resistían a nuestra independencia, y los ejércitos combativos como ninguno se encontraban en el Alto Perú, protegiendo la invasión de los realistas y otros rumbeando para Mendoza a sumarse a San Martín. Y así Corrientes estaba desguarnecida, otro tanto ocurrió en entre Ríos y Santa Fe, y este “mal bicho” que pensando en su delirante proyecto de constituirse en el Nº 1 de las Provincias Unidas del Río de la Plata, es que arma ejércitos con la peor gente e indios sin disciplina, que ni siquiera sabían porque peleaban y es cuando nuestro joven Genaro Perugorría advierte y descubre la maniobra de Artigas y trama una jugada “secreta”.
Es que la Asamblea del Año XIII había expulsado a los diputados que envió Artigas con sus famosas propuestas, las que según el Congreso que presidía Carlos María de Alvear, eran extremadamente federales y muy republicanas para la época, lo que llevó al oriental a alejarse de Montevideo seguido por su pueblo.
Artigas en tanto, le encomienda al Capitán Genaro Perugorría, a quien lo tuvo a sus órdenes en el sitio de Montevideo, a que constituya en Corrientes un Congreso Provincial, el que comienza a sesionar el 25 de Mayo de 1814.
Los correntinos se dividen en dos sectores, los "federalistas a ultranza" que coincidían en un todo con Artigas, y los que deseaban "un estado federal, pero manteniéndose dentro de del sistema conducido por el Directorio de Buenos Aires". Perugorría se adhiere a éste último grupo, en el que participaban sectores selectos como ser: García de Cossio, Meabe, Fernández Blanco, Ferré, Pampín y otros, que tenían dominado el Congreso, pero no contaban con la anuencia del diputado por Curuzú Cuatiá, José Cayetano Rodríguez, quien no compartía las ideas ampliamente mayoritarias, y seguramente le advertiría a su Líder.
El grupo de Perugorría sostenía la tesis federal, pero sin desprenderse del Directorio de Buenos Aires, mientras que Artigas no contemplaba ningún mandato porteño, al sostener que la Capital del país, si se organizaba, debía estar en el interior.
En medio de las deliberaciones, se desencadenó la tragedia, al descubrirse la muerte de Martínez, cuyo asesinato, sin que se haya descubierto la autoría intelectual, siempre dejó un manto de duda sobre sus verdaderos autores, más aún, cuando al poco tiempo, todo terminó con el levantamiento de Perugorría contra Artigas y su posterior fusilamiento.
Ese 28 de agosto de 1814, el diputado Martínez es asesinado en su domicilio durante la noche, mientras dormía. Su cadáver fue arrojado al Paraná y lo anclaron con alambres y fueron los franciscanos quienes le terminaron dando sepultura en su convento. Los asesinos desaparecieron de la ciudad y larga fue la búsqueda.
Recién el 13 de julio de 1819, en Paso Aguirre -costa sur- del río Santa Lucía, entre Mburucuyá y Tabay, una partida al mando de Juan Tomás Arde, los sorprende matándolos. Domingo Escobar recibió 27 heridas de lanza y luego los degollaron a ambos, enviándose sus cabezas al gobernador Juan Bautista Méndez, que se encontraba en San Roque. Allí, clavadas en lanzas, fueron exhibidas en la plaza pública y luego enviadas a Corrientes.
El asesinato del diputado Martínez, se constituyó en "secreto de estado" para la historia. Inserto pues una breve reseña del Dr. Enrique Deniri, nuestro historiador correntino y miembro de la Academia Nacional de Historia que relata: “José Cayetano Martínez duerme. El capitán de Granaderos de la Patria descansa aquella noche correntina del crucial año 1814, de la riesgosa misión que le compete como único partidario de José Gervasio Artigas.
Es diputado por Curuzú Cuatiá en el Congreso convocado por el oriental para que los correntinos se organicen institucionalmente. Allí, no obstante, todo depende en definitiva de un joven muy cercano a Artigas y lugarteniente suyo: otro capitán correntino llamado Genaro Perugorría.
De pronto, en aquella espesa noche de julio, dos sombras se cuelan sin romper el silencio, en la habitación de Martínez. Son los hermanos Miguel y Ángel Escobar, turbulentos personajes de la época. Hijos de Francisca Alencastro, una fiera matrona sospechada en su momento de haber ordenado arcabucear a su suegro, Tadeo de Llano, por razones nunca esclarecidas.
Simplemente, una noche de verano, Llano, conocido “Sarraceno” o partidario de los españoles, es muerto de un disparo a través de una ventana, abierta a la calle para hacer frente al calor.
Los Escobar se precipitan blasfemando y apuñalando sobre Martínez, que apenas alcanza a tratar de defenderse empuñando una de sus botas. De nada le vale. Los asesinos ya lo han herido malamente. Antes incluso de que despertara al ataque y la muerte lo hace su presa. Luego, sus matadores lían el cadáver con pesas y ataduras y lo arrojan al río.
Ya no existe el único diputado verdaderamente artiguista. El “solapamiento”, el jugar a las escondidas de una conspiración, una trama secreta cuyos hilos se extienden hasta Buenos Aires, con el propio Genaro Perugorría como cara visible, puede dar lugar al “desembozo”. Vueltas las solapas, caídas todas las máscaras, se precipitan los fusilamientos de artiguistas en San Cosme y se cometen otros excesos. Todos prolegómenos indispensables e inseparables a la sublevación de Perugorría contra quien lo enviara a Corrientes como hombre de toda su confianza.
Pero éste es el “crimen”, al que en particular nos referimos. Perugorría hallará su destino, primero en los campos de Colodrero y después frente a la boca de los fusiles de sus antiguos camaradas en el vivac de Artigas.
El río descubrirá su secreto al bajar las aguas y el cuerpo insepulto del diputado Martínez soliviantará los ánimos populares, no sólo contra los asesinos, sino también toda su familia -hecho asombroso- recibe ayuda y salva la vida gracias a la caridad de la madre del muerto.
Los Escobar, no obstante, seguirán dando motivos de zozobra a los correntinos de su tiempo varios años, hasta que en 1819, son a su vez víctimas de un castigo tan ejemplar como aterrador: lanceados en Paso Aguirre, el entonces gobernador Juan Esteban Méndez -parte de cuya casa subsiste en el Club San Martín- (esposo de la famosa Gobernadora) ordena exponer su cabeza en la actual Plaza 25 de Mayo.
Pero ése será el intríngulis de otro relato. Como así también la Historia no menos oscura, aunque lustrosa, de los presuntos instigadores, los “autores intelectuales” y “partícipes necesarios”, como se dice ahora. Entre otros, Ángel Fernández Blanco a quien el propio Artigas condona toda pena y el Dr. Manuel Cañas de Santa Cruz, que morirá implicado en el misterioso caso.
Nota: Más allá de todo vuelo literario, los hechos consignados señala Enrique Deniri son rigurosamente históricos y se han extraído de los escritos de Pampín, Mantilla, Hernán Félix Gómez, y sobre todo, de Néstor Wenceslao Domínguez.