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La oposición y el año 2027

Domingo, 15 de febrero de 2026 a las 00:05

La reforma laboral, la disminución de la edad punible, el desmontaje de las protecciones que todavía blindan a los empleados públicos, el plan para reformar la ley electoral. Todo es parte del paquete de medidas aplicadas por el presidente Javier Milei en homenaje a una supuesta eficiencia que, desde su perspectiva, catapultará a la Argentina al sitial de los líderes globales, con una economía saneada en lo macro pero bajo un protectorado de Estados Unidos que huele a colonialismo.
¿El vademécum de Milei surtirá el efecto buscado? ¿Será la Argentina una potencia basada en un modelo de empleos precarios, industrias desarticuladas, endeudamiento creciente y fronteras abiertas a la importación? En tiempos idos otros conductores de las palancas políticas y económicas del país buscaron lo mismo, sin éxito. El que más se acercó fue Carlos Menem, quien tuvo la sartén por el mango durante una década gracias a su Plan de Convertibilidad, hasta que la ausencia de un tipo de cambio competitivo y la interrupción del flujo de dólares causó, ya en la gestión de De la Rúa, una corrida cambiaria que hizo estallar el sistema bancario y eyectó al Gobierno de la Alianza.
Milei, hasta el momento, viene ganando posiciones hacia su objetivo de borrar todo vestigio de justicia social para reconfigurar la matriz sociológica del país conforme a un esquema de méritos individuales que reemplaza la conducta gregaria de los seres humanos. Enemigo de la sindicalización, el presidente dispara contra la línea de flotación del bloque de conquistas laborales obtenidas a partir del asesinato de los mártires de Chicago, la encíclica Rerum Novarum del Papa León XIII y los derechos de segunda generación incorporados por la Constitución peronista de 1949.
Puede hacerlo y lo hace, favorecido por factores inéditos que le inyectan oxígeno cada vez que su plan tiende a banquinear. La primera ventaja es su relación personal con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, proveedor de ayudas financieras que contribuyen a mantener planchada la cotización del dólar. La otra fortaleza es la apertura al diálogo con los gobernadores, que le permitió conformar una mayoría parlamentaria suficiente para sacar leyes exigidas por la contraloría del Fondo Monetario Internacional. Y la tercera pastilla vigorizante es la pasividad social frente a los cambios de fondo que se han visto en los últimos tiempos.
¿Por qué la protesta callejera no escala? Porque —alguien tiene que decirlo— las piedras que volaron durante el debate de la reforma laboral no fueron más que escarceos provocados por un puñado de revoltosos regimentados. ¿Qué piensa la gente que banca a Milei a pesar de que no llega a fin de mes, come carne cada vez más salteada y, para colmo, ahora enfrenta la mala nueva de que todo aquel trabajador que se enferme podría sufrir —de aprobarse la reforma— una disminución salarial de hasta el 50 por ciento?
Pasa que la paciencia se mezcla con la resignación de saber que nadie ofrece una alternativa real. La oposición se disgregó, el peronismo carece de autoridad moral desde que dejó de generar propuestas para las que fueron sus bases históricas (clase media trabajadora) y los jóvenes fueron ganados por la idea de una salvación individual que va desde pegarla en las redes como influencer hasta abrirse una cuenta de OnlyFans para ganar dinero a cambio de mostrar sus cuerpos, sobre la delgada línea roja que divide el trabajo de la esclavitud digital. Y los que no consiguen meterse en ese mundo sobreviven pedaleando una bici de aplicación, sin salario estable, sin cobertura médica, sin nada.
Milei no tiene contra, así de simple. Si las elecciones fueran hoy, con la estabilidad alcanzada a partir del dólar domado en el orden de los 1400 pesos, La Libertad Avanza ganaría. Karina, "El Jefe", que nunca explicó su relación con el escándalo de corrupción en la disuelta agencia de discapacidad, se frota las manos en el pináculo del poder con la idea de ubicar a Manuel Adorni en la vicepresidencia para el segundo mandato de su hermano, con caducidad extendida al año 2031.
¿Cómo será la Argentina después de ocho años de Milei? ¿Los trabajadores de hoy habrán tenido acceso al crédito para comprar la casa propia? ¿Las familias alcanzarán el ideal de una vida sin apremios económicos? ¿Los jóvenes encontrarán trabajo de calidad para desarrollarse en la faz profesional, según sus habilidades, vocaciones y afinidades? ¿Los jubilados ganarán lo suficiente? Las respuestas a todas estas preguntas son una invitación al ejercicio de imaginar qué tan justo, inclusivo y exitoso podría ser un país que suprime derechos y desprotege su entramado industrial, además de recortar presupuesto indispensable a la educación, a la ciencia y al desarrollo tecnológico.
Es poco probable que el ideal del movimiento social ascendente vaya a hacerse realidad en el modelo mileísta. Esa quizás sea la razón única por la cual los padres de hoy elijan otro camino en caso de que surja una alternativa racional y estructuralmente diferente en las elecciones de 2027. Aunque por el momento los libertarios corran solos, la economía doméstica no convence porque no llena las heladeras y la inflación va camino a dejar de ser una bandera del Gobierno Nacional por un error irremontable: se atrevieron a tocar el índice del INDEC y, tras la renuncia de Lavagna, las mediciones perdieron transparencia al punto de que hoy los analistas segmentan sus observaciones por rubros, en especial el de los alimentos, que están disparándose.
A todo esto, el procesamiento de los exfuncionarios vinculados al desfalco de la ANDIS, los renovados ataques de Lilia Lemoine al niño autista Ian Moche, la aparición de nuevos indicios de maniobras compatibles con la figura de la estafa piramidal Libra, entre otros asuntos irresueltos como la situación del excandidato Espert y sus presuntas vinculaciones con el narcotráfico, se mantienen como eventuales acelerantes de la bronca ciudadana en un contexto que exhibe tranquilidad, pero relativa, en función de que comienza un año complicado por la baja recaudación, el desplome del consumo, la pérdida de más de 300.000 empleos y el aumento de tarifas.
Como queda visto, la principal oposición que enfrenta el presidente Milei es una mixtura envenenada que mezcla dos ingredientes como son los hechos de corrupción y la microeconomía. Porque los argentinos de a pie (nunca mejor dicha esta metáfora) no viven bien. Y sus hijos, en la medida que pase el tiempo sin oportunidades de proyectarse en el mediano plazo como adultos realizados, pueden cambiar el voto en tanto la motosierra siga recortando sueldos, recursos, obras públicas y todo aquello que represente el equilibrio que la humanidad ha venido buscando desde los orígenes de la civilización: el equilibrio entre dos valores indispensables como son la libertad y la igualdad.

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