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En el Hogar Domingo Savio, 23 menores esperan familia

Por El Litoral

Jueves, 06 de octubre de 2005 a las 21:00
Desde hace cuatro meses que el Hogar de Niños “Domingo Savio” aloja a 23 menores, un número alto si se tiene en cuenta que está preparado para recibir y contener sólo a 15. El amontonamiento impulsó a los directivos de la institución a iniciar una tarea silenciosa de búsqueda de “familias sustitutas”, es decir personas dispuestas a abrir su corazón y recibir a un joven con una historia de vida diferente.
La entidad fue creada con la intención de ser un hogar de tránsito, que cumpla la función de contención social de chicos de la calle, huérfanos, o con problemas familiares, otorgándole además una asistencia médica y escolar.
Dentro del edificio actualmente habita una veintena de pequeños de 6 a 13 años, quienes llegan tras ser derivados por orden del Juzgado de Menores o a partir de traslados de la Dirección de Minoridad y Familia.
Desde hace unos meses que la capacidad de internos en el establecimiento fue excedida, aspecto que atribuyó a la falta de conciencia y solidaridad de la comunidad, según reveló ayer a El Litoral el director del Domingo Savio, Jaime Raúl Rindel.
“Aproximadamente desde hace cuatro meses que tenemos a 23 niños. El problema es que los niños ingresan, pero no se produce el egreso de ninguno de ellos”, aclaró Rindel, a lo que explicó que para paliar la circunstancias se compraron más camas, aunque “el problema es que el espacio físico no está preparado para que permanezcan tantos chicos”.
En este sentido, el titular del Hogar aseguró que a pesar de la sobrepoblación, el personal se dedica a brindar lo fundamental, como por ejemplo un techo seguro, alimentación, vestimenta, educación y salud, además de un espacio de recreación.
“Lo ideal es que los menores que lleguen al instituto, al término de un breve lapso puedan conseguir un núcleo familiar que los adopte, cumpliendo el rol de padres y, para ello, en todo el año se realiza una campaña de búsqueda de familia sustituta”, resaltó el directivo.
“En principio -detalló Rindel-, el trabajo de los asistentes sociales es indagar entre los lazos familiares más cercanos, como por ejemplo averiguar si posee algún tío, abuelo o padrino que quiera hacerse cargo del cuidado del chico. Si ese paso no tiene éxito, recién se elige entre los aspirantes que estén inscriptos”, señaló.
Asimismo, las personas que estén dispuestas a recibirlos, sólo deben presentarse en la sede de Minoridad y Familia y manifestar su voluntad de adopción de unos de los niños del Domingo Savio. “El único requisito es pasar la entrevista psicológica y que esté en condiciones de dar un vida digna al pequeño”, explicó.
A partir de allí se inicia una etapa de integración y adaptación entre el chico y la familia que se ofrece. “Primero lo pueden llevar de paseo, luego por un fin de semana, hasta que finalmente se produce la tenencia definitiva”, detalló Rindel.

UN DIA EN EL SAVIO

Los chicos que son trasladados al Hogar Domingo Savio llegan con un pasado muy particular dado que muchos de ellos fueron maltratados o abusados por sus propios padres. Otros fueron abandonados y pasaron sus primeros años en la calle. Ante tales circunstancias la institución -que depende de la Dirección de Minoridad y Familia- cumple una tarea de contención y asistencia para su recuperación psíquica y física.
De los 23 chicos que habitan actualmente dentro del edificio, ocho de ellos tienen problemas de retraso mental, lo que se traduce en un doble esfuerzo para el personal del Domingo Savio. El equipo de profesionales está conformado por una asistente social, una psicóloga, un médico clínico y un odontólogo.
El día de un chico allí alojado comienza a las 7,30, horario en que se levantan para desayunar todos juntos en el comedor; el resto de la mañana completan su tarea escolar y después se concentran en el patio para jugar hasta la hora del almuerzo.
Por la tarde, muchos de los menores van a la escuela y quienes no alcanzaron ingresar al ciclo lectivo acuden a la Casa del Sol, que es un Centro de Educación que da escolaridad a los internos que más adelante serán incorporados al establecimiento educativo público.
Alrededor de la 18 se toman la merienda y luego, quienes no tienen agendado un turno con la terapia psicológica, pueden disponer de un momento de diversión hasta la cena. La jornada de los chicos termina a las 22,30 cuando se van a descansar para luego comenzar un nuevo día.

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