Es esta escultura, quizás la más significativa en lo que hace a la memoria visual de aquel hecho que los correntinos defienden con legítima condescendencia. El Monumento, obra del escultor Luis Perlotti, data de principios del 1900; está realizado en bronce, con amplios bloques de mármol y base de laja, materiales a los que el tiempo perdona la corrosión pero no la impiadosa participación de la gente.
Preservar el Monumento es defender la historia de un pueblo. En este caso, de una provincia de soldados valientes que en la guerra dejaron su vida. Es defender el honor y ofrecer un respaldo al patrimonio de los correntinos.
Convocado por el intendente capitalino Carlos Vignolo, el artista José Mizdraji y su equipo de colaboradores, comenzó, en el mes de mayo del año 2006, el proceso de restauración y conservación de dicha obra histórica. Un proceso respetuoso y meticuloso, donde el sentimiento de cada uno se conjugó con las horas concedidas a las jornadas de labor.
El artista en general tiene la licencia de involucrarse con su obra y de compensar en el camino, la investigación y la imaginación, la dedicación y la creatividad, intercalando en su recorrido parte de la historia actual con el pasado; algo de su propia vida con la del otro (Perlotti) que mucho antes, depositara en su logro, el mismo e inclaudicable tesón que mueve a todo aquel que elige el arte como recompensa de vida.
José Mizdraji, Clara y Jesús Arrieta y César Omasttot así lo entendieron y durante seis continuos meses se instalaron en el lugar, una de las siete puntas (desde su fundación “Arazá” que en guaraní significa guayaba; luego de la guerra adopta el nombre de Mitre) que denomina a la Ciudad de San Juan de Vera de las Siete Corrientes.
Bronce, mármol y piedra laja dan forma a los dos paneles en alto y bajo relieve. Convertidos en un “improvisado pizarrón”, uno, alguien, muchos, todos, dañaron el valioso “documento escultórico” y el remedio llegó con este fundamental trabajo profesional.
“Hicimos una primera prueba con solventes para lograr el desprendimiento del óxido. Luego, agua y cepillo de acero inoxidable para sacar correctores y aerografías, brea y pintura sintética, elementos usados para la escritura. La limpieza siempre fue en forma manual ya que no contamos con electricidad y el agua había que acarrear en baldes desde el Club de Regatas”, dice Mizdraji a El Litoral.
¿El motivo de estas falencias? “Promesas incumplidas”, dice, aunque no acusa a Vignolo. Al contrario “él venía todos los sábados a ver la evolución del trabajo y se quedaba un par de horas con nosotros”, continúa.
“Fui a Buenos Aires a comprar una pátina especial y a mi regreso, durante tres fines de semana completamos esta etapa, de 8 de la mañana a 4 de la tarde, porque había que calentar la pieza (en un calentador que traje de casa), calentar la pátina a 80º y aplicar con pincel. Cubrimos luego con tres manos de una cera microcristalina que además de proteger actuó como resaltador. Personal municipal debía continuar cada tres meses y por un año con esta actividad, pero nada sucedió”, señala.
Hoy el Munumento está en pésimas condiciones, mucho más deteriorado que antes de su restauración. Sin guardia de seguridad, sin los cambios propuestos para su conservación óptima (se propuso un enrejado perimetral), el trabajo de todo el equipo liderado por Mizdraji resultó vano.
“Lo trabajamos de corazón. Siento impotencia al ver que nada pudimos rescatar. Había quedado hermoso, estábamos orgullosos y ahora me niego a pasar por el lugar que tanto admiraba como artista y como correntino”, confiesa apenado.
José Mizdraji concluyó recientemente el reacondicionamiento del Salón Amarillo de la Casa de Gobierno. Ahora está en la Iglesia de la Merced, concluyendo la restauración del altar mayor y continuará luego con los frescos del techo abovedado. Acaba de ganar un primer premio en el Salón Regional de Pintura “Ciudad de Tres Isletas 2008”, en la provincia del Chaco, con su obra “De nuestra tierra IV”.
Sin embargo no fue al Monumento a plasmar la noticia en un grafitti promocional. Sabe que las mejores palabras, son las que se guardan en la memoria y esculpen la historia en bronce, como el que usó Luis Perlotti hace cien años, para honrar al heroico General Bartolomé Mitre y a las Cautivas Correntinas.
Moni Munilla