ellitoral.com.ar

Domingo 22 de Septiembre de 2019 CORRIENTES24°Pronóstico Extendido clima_sol

Dolar Compra: $55,00

Dolar Venta: $58,50

Sobre los textos de ocasión

imagen_1
Daniel Link es catedrático, novelista, crítico; dirigió durante años el suplemento Radar de Página 12 y lleva adelante desde hace muchos años su blog Linkillo, donde ha publicado la mayoría de sus libros antes de ser editados en forma de libro.
Convertido en una de las figuras más influyentes del panorama intelectual argentino contemporáneo, con una importante producción en el campo de la crítica literaria y novelas que marcaron hitos en la literatura argentina contemporánea, contesta algunas preguntas a El Litoral sobre su nuevo libro.

Aunque parezca una obviedad, ¿cómo se escribe un libro?
Pienso en una experiencia absolutamente autónoma del sujeto (lo que algunas corrientes filosóficas llaman "empirismo trascendental"). Siempre he dicho, que, en mi caso, los fragmentos se van acumulando sin ton ni son hasta que, de pronto, encuentran un lugar en un libro (de ficción o no), una forma (tal o cual) que equivale a devolverles una fuerza".

¿De qué hablan los “Textos de ocasión”?
En el caso de Textos de ocasión, se trata mayoritariamente de textos escritos como columnas periodísticas para Perfil, Página/12 y, algunas pocas, en Clarín. Hay, incluso, algunos textos que no aparecieron en ningún medio sino sólo en mi blog (es el caso de la última parte, sobre Lost), pero son muy pocos.
En algún sentido, todos estos textos son como escrituras coyunturales, muy ligadas a una reacción ante el presente. Algunos de esos textos seguramente encontrarán lugar en otros libros míos (me los he reservado para esos vagos proyectos), pero sentí que se había acumulado una enorme cantidad de episodios de pensamientos, que podían cambiar de soporte (del papel de diario o del blog, al libro).

¿Cómo fue la relación con su editor?
Edgardo Russo, de “El cuenco de plata”, me pidió que armara un libro que recuperara las entradas de mi blog (pocas semanas después, otro editor me pidió lo mismo y tuve que excusarme, porque el material ya estaba comprometido).
Decidí organizarlas cronológicamente en cinco apartados y señalar la continuación del tema o de la argumentación (por ejemplo, sobre una política concreta, o sobre una configuración discursiva) con flechitas que indican el número de página a la que hay que dirigirse.
Me pareció que de ese modo reponía módicamente el sistema de reenvíos propios de un blog como Linkillo, donde fueron reproducidas en versiones ligeramente diferentes todos los fragmentos del libro, sin pretender reponer ninguna forma de totalidad que repugnara a los fragmentos tal como fueron escritos y publicados en su momento.
Luego Edgardo Russo leyó el resultado y sugirió retirar algunos fragmentos. Acepté su criterio en algunos casos y en otros no (mi capricho, en todo caso, es el responsable de un resultado muy por debajo de la extraordinaria capacidad editora de Russo).
En todo caso, confío en que Linkillo siga guardando los rastros de esos pretextos que no alcanzaron el libro o que lo alcanzaron con una forma considerablemente distinta.
Su blog Linkillo es un sitio donde escribe todo tipo de notas. ¿Pero qué es?
Linkillo es para mí un laboratorio de escritura y, al mismo tiempo, un archivo.
Allí he publicado novelas completas, poemas, fragmentos argumentativos, en fin: piezas de pensamiento. Uno no piensa sino lo mismo, con monotonía abrumadora.
Luego se trata de dar a esas persistencias maníacas alguna forma: una novela, una obra de teatro, un libro de crítica, en fin, lo que sea. Hay que corregir mucho, claro, pero en definitiva en esa interrogación de lo ya escrito uno se desdobla y encuentra el punto de desconocimiento de si, necesario para ponerse en juego.

¿Qué escribe ahora?
Ahora que me he sacado todos estos "restos" de pensamiento de la cabeza, tal vez (pero no estoy seguro) pueda volver sobre las dos novelitas que estoy escribiendo: una novela genealógica y una novela histórica. 
Siempre pienso que la ficción, que es mucho más libre en sus posibilidades de desarrollo pero mucho más tiránica en sus exigencias de tiempo, algo que, por lo general, puede fallarme (ya sea porque soy un mal administrador o porque el trabajo siempre se interpone).

POR CAL
Colaboración para El Litoral
¿Te gustó la nota?
Comentarios
Logo

Sobre los textos de ocasión

DANIEL LINK. Estará el viernes en el marco de una agenda imperdible. Para ese mismo día, en la feria, se anotaron Gabriel Rolón y Ceferino Reato.
DANIEL LINK. Estará el viernes en el marco de una agenda imperdible. Para ese mismo día, en la feria, se anotaron Gabriel Rolón y Ceferino Reato.
Daniel Link es catedrático, novelista, crítico; dirigió durante años el suplemento Radar de Página 12 y lleva adelante desde hace muchos años su blog Linkillo, donde ha publicado la mayoría de sus libros antes de ser editados en forma de libro.
Convertido en una de las figuras más influyentes del panorama intelectual argentino contemporáneo, con una importante producción en el campo de la crítica literaria y novelas que marcaron hitos en la literatura argentina contemporánea, contesta algunas preguntas a El Litoral sobre su nuevo libro.

Aunque parezca una obviedad, ¿cómo se escribe un libro?
Pienso en una experiencia absolutamente autónoma del sujeto (lo que algunas corrientes filosóficas llaman "empirismo trascendental"). Siempre he dicho, que, en mi caso, los fragmentos se van acumulando sin ton ni son hasta que, de pronto, encuentran un lugar en un libro (de ficción o no), una forma (tal o cual) que equivale a devolverles una fuerza".

¿De qué hablan los “Textos de ocasión”?
En el caso de Textos de ocasión, se trata mayoritariamente de textos escritos como columnas periodísticas para Perfil, Página/12 y, algunas pocas, en Clarín. Hay, incluso, algunos textos que no aparecieron en ningún medio sino sólo en mi blog (es el caso de la última parte, sobre Lost), pero son muy pocos.
En algún sentido, todos estos textos son como escrituras coyunturales, muy ligadas a una reacción ante el presente. Algunos de esos textos seguramente encontrarán lugar en otros libros míos (me los he reservado para esos vagos proyectos), pero sentí que se había acumulado una enorme cantidad de episodios de pensamientos, que podían cambiar de soporte (del papel de diario o del blog, al libro).

¿Cómo fue la relación con su editor?
Edgardo Russo, de “El cuenco de plata”, me pidió que armara un libro que recuperara las entradas de mi blog (pocas semanas después, otro editor me pidió lo mismo y tuve que excusarme, porque el material ya estaba comprometido).
Decidí organizarlas cronológicamente en cinco apartados y señalar la continuación del tema o de la argumentación (por ejemplo, sobre una política concreta, o sobre una configuración discursiva) con flechitas que indican el número de página a la que hay que dirigirse.
Me pareció que de ese modo reponía módicamente el sistema de reenvíos propios de un blog como Linkillo, donde fueron reproducidas en versiones ligeramente diferentes todos los fragmentos del libro, sin pretender reponer ninguna forma de totalidad que repugnara a los fragmentos tal como fueron escritos y publicados en su momento.
Luego Edgardo Russo leyó el resultado y sugirió retirar algunos fragmentos. Acepté su criterio en algunos casos y en otros no (mi capricho, en todo caso, es el responsable de un resultado muy por debajo de la extraordinaria capacidad editora de Russo).
En todo caso, confío en que Linkillo siga guardando los rastros de esos pretextos que no alcanzaron el libro o que lo alcanzaron con una forma considerablemente distinta.
Su blog Linkillo es un sitio donde escribe todo tipo de notas. ¿Pero qué es?
Linkillo es para mí un laboratorio de escritura y, al mismo tiempo, un archivo.
Allí he publicado novelas completas, poemas, fragmentos argumentativos, en fin: piezas de pensamiento. Uno no piensa sino lo mismo, con monotonía abrumadora.
Luego se trata de dar a esas persistencias maníacas alguna forma: una novela, una obra de teatro, un libro de crítica, en fin, lo que sea. Hay que corregir mucho, claro, pero en definitiva en esa interrogación de lo ya escrito uno se desdobla y encuentra el punto de desconocimiento de si, necesario para ponerse en juego.

¿Qué escribe ahora?
Ahora que me he sacado todos estos "restos" de pensamiento de la cabeza, tal vez (pero no estoy seguro) pueda volver sobre las dos novelitas que estoy escribiendo: una novela genealógica y una novela histórica. 
Siempre pienso que la ficción, que es mucho más libre en sus posibilidades de desarrollo pero mucho más tiránica en sus exigencias de tiempo, algo que, por lo general, puede fallarme (ya sea porque soy un mal administrador o porque el trabajo siempre se interpone).

POR CAL
Colaboración para El Litoral