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/Ellitoral.com.ar/ Opinión

Del cordero al guiso, la dieta del poder

POR EDUARDO LEDESMA

@EOLedesma

LA COMIDA VUELVE A SER EL MEJOR REMEDIO CONTRA LAS DIFERENCIAS POLITICAS

El recuerdo señorial de la oficina de la Intendencia desaparece ante la evidencia del despojo. El palacio que refaccionó “Tato” Romero Feris para gobernar con mayor comodidad (algunos dicen que no sólo la ciudad) y que conservaron los interventores Nora Nazar, Carlos Vignolo y Camau Espínola -ya con ligeros cambios-, mutó ahora a poco menos que un depósito.

La gran oficina en forma de “L” pintada de bordó y blanco que ocupa Fabián Roberto Ríos, dejó de ser un despacho. El escritorio de mando apila algunos obsequios recibidos, premios a entregar, banderines de la ciudad, papeles y vaya a saber cuántos olvidos. Un sillón de madera, primo hermano del estilo barroco español, pensado para el mandamás capitalino, descansa en soledad como un desocupado recostado sobre una pared. Detrás preside un cuadro de San Martín.

El living en el que se conversó gran parte de la política capitalina en las últimas dos décadas, compuesto por una mesa ratona y cuatro cuerpos de sofás de simil cuero rojo, se encuentran hoy menos que tirados, a un costado, a punto de tapar con polvo el recuerdo de sus viejas glorias.

El espacio que sobra lo ocupan una veintena de tótems alineados como soldados robóticos, listos para prestar el servicio de las consultas y recargas de las futuras tarjetas Sube con las que funcionaría el sistema de transporte público.

En el ambiente hay olor a humo. Fabián Ríos gobierna hoy en medio de cajas, máquinas multifunción, papeles, unos pocos libros y muchas carpetas con planillas apiladas en una mesa ovalada medio enclenque que siente el paso de los años, la ausencia de un carpintero y el peso de los brazos del Jefe comunal. Se mueve cada vez que el hombre se apoya.

Hay un televisor de Led justo enfrente de donde se sienta el ingeniero. No hay computadoras. Un simple vistazo bastaría para concluir que la oficina de la Intendencia es una zona de obra, como la que en este momento ocurre afuera, en la fachada, que por años fue poco menos que un sustrato para el capricho vegetal pariente de la desidia.

Una mirada más profunda desmiente la observación. Ríos es el líder de su propio gobierno digital. Ordena desde su iPad, aparato que está integrado a su iPhone y, todavía más, a su iWatch.

Envía mails-órdenes desde su tableta; controla el flujo informativo desde su teléfono; habla con la gente por ese mismo aparato y por un handy sigue las novedades de la gestión. Cuando lo opera parece un capataz visando el trabajo de un obrador del tamaño de una ciudad grande como Corrientes, que por si fuera poco está en proceso de crecimiento acelerado y a veces desordenado.

Ríos postea en Facebook, escribe en Twitter y revisa todo, a cada rato, desde su reloj. Un ejecutivo de estos tiempos que se ubica en las antípodas del Gobernador, que recién está en vías (lejanas) de abandonar las cavernas de la comunicación.

A la hora de la entrevista preside la mesa, en la cima de una montaña de papel, un libro de Roberto Chevalier: “Psicogénesis, psicología y psicoterapia”. Es un libro del año 1983, ajado, amarillento.

-No me digas que estás leyendo psicología...

-No, no... -dice y se ríe.

-¿No estarás queriendo interpretar la psique de Ricardo Colombi...?

-No, no, para nada. Además para eso haría falta una biblioteca.

***

Son las 15.25 del miércoles 11 de mayo. El Intendente trabaja con unos funcionarios y aprovecha el letargo siestero, el día gris y el fresco para recibir a un grupo de periodistas de El Litoral. Tiene listo un mate que él mismo ceba y no convida; un anotador de papel auspiciado por la Municipalidad de Corrientes que recuerda todo el tiempo que “lo nuestro es hacer”; una lapicera roller y un cenicero blanco, diminuto, que acepta las cenizas de los Marlboros con los que intenta relajarse.

A juzgar por el olor penetrante de la oficina, fuma seguido. La entrevista se extenderá por al menos 90 minutos. Fumará sólo un cigarrillo en ese tiempo. Lo prende justo cuando tiene que responder cuestiones políticas. Se retrae, piensa, calcula el riesgo y lanza, desdramatiza:

-¿Cómo es tu relación con Colombi?

-Mala. Y no quiero que sea buena sino equilibrada e institucional.

-¿Por qué creés que discrimina a Capital?

- No lo hace. Le importa demasiado Capital.

-Pero pasa siempre esto de las peleas. Se pueden enumerar…

-Está naturalizado que el Gobernador y el Intendente de Capital deben matarse.

-¿Por qué le molesta tanto que Nora Nazar presida la comisión de Poderes del Senado?

-No le pregunté.

-¿Es por el nombramiento de jueces?

-Mirá. A la senadora Nora Nazar le dije una regla de oro para mí: yo no me voy a sentar en la perra vida en una mesa de negociación política en la que se esté por hablar de la libertad de un hombre o una mujer.

-¿Y entonces?

-Si alguien tejió que ese lunes se habló de la cuestión de Tato y el Poder Judicial está totalmente equivocado.

***

Fabián Ríos reacciona cuando es llevado contra las cuerdas de la realidad: la prisión de Tato Romero Feris, que como siempre danza al son electoral; la feroz interna del PJ, que por feroz y por interna es casi una costumbre de vitalidad del partido de Perón; la deteriorada relación con el Gobierno provincial, que apela al torniquete financiero para disciplinar; las cuestiones lindantes a la reforma electoral en marcha y al sórdido avance de un proyecto reeleccionista que no se conjura, movido por el interés de perpetuidad de los padres y el vuelo bajo de los herederos. Todas cuestiones que se hablan desde hace tiempo pero que recobraron inusual vigor en el mundillo de la política luego del guiso carrero que Fabián Ríos cocinó para Ricardo Colombi la noche del lunes 2 de mayo.

El Intendente dijo que un mediador poco común acercó a las partes. Que hubo primero una llamada, después una conversación y un primer encuentro con don “Lalaca” que tuvo lugar el sábado 30 de abril. Hablaron unos minutos cuando caía el sol en la casa del mediador. No dijo quién fue. A los efectos de este relato puede decirse que fue el señor H. R. También doctor como Horacio Ricardo, pero otro.

-Quedamos en juntarnos el 3 de mayo, pero con el compromiso inicial de frenar las retenciones desde el lunes- aclara.

La comida se adelantó del 3 al 2 de mayo por cuestiones de agenda de uno de los comensales, que también, dicen, se destaca como chef. En total fueron 6 los que disfrutaron el menú en la residencia de Ríos: además del anfitrión estuvo Colombi, Sergio Flinta y Carlos Vignolo en un rincón; Rubén Pruyas y Nancy Sand en el otro, flanqueando al dueño de casa.

Entre bocado y bocado se fueron aclarando algunas cosas. Las consecuencias se sabrán con el tiempo, pero algunas, las que pueden reconocerse, ya salieron a la luz: hay una tregua en la pelea Provincia-Municipio y conversaciones varias.

-Dicen que se habló de la reforma electoral y de la Constitución...

-No se habló más que de cuestiones institucionales.

-Si se plantea la re-re, ¿qué harían ustedes?

-Si hay una necesidad de reforma, re-re, extensión de mandatos o lo que fuera, lo tendrá que plantear el oficialismo. Nosotros como oposición estamos obligados a debatir.

-Después del guiso, desde el punto de vista temporal, se encarceló a Tato Romero Feris.

-Sí.

-Legisladores del PJ emitieron un comunicado. ¿Vos qué pensás?

-Que hay un sector del Poder Judicial que actúa políticamente.

-Pero ahí al menos hay actores necesarios en dos partes...

-Y sí. Hay alguien que ordena y alguien que acata. Es una costumbre asumida como normal.

-¿Lo ves a Colombi dando esas órdenes?

-Yo no puedo citar quién es el que hace el ejercicio. Ahora, de que ocurre, ocurre. Podemos citar varios ejemplos.

***

Fabián Ríos hace una pausa y un racconto. Enumera una serie de situaciones en que la Justicia actuó y luego volvió sobre sus pasos. Justo en épocas electorales, casi como ahora, y siempre contra opositores. Mencionó el procesamiento de Camau Espínola, el de otro funcionario municipal, la prisión del secretario privado de un gobernador y la detención del propio Tato. Todas cuestiones que tienen puntos en común: parte de una misma Justicia y actores de un mismo gobierno.

No habla, pero con la mirada parece decir “saquen ustedes sus conclusiones”.

Parece mucho, pero la política es así muchas veces. Descarnada. Violenta. Da muchas vueltas en poco tiempo. Los políticos entienden el juego y lo juegan, y esa experiencia los convierte en teruterus perfectos: zancudos progenies de los andarríos que ponen sus huevos aquí y gritan allá para despistar a los predadores, mientras se alimentan en las riberas cenagosas o arenosas, por caso de la política.

***

La comida está presente en la historia institucional reciente de Corrientes. En sus primeras épocas Ricardo Colombi agasajaba a sus invitados con corderos asados ¡tan ricos! que consiguió una gobernabilidad ¡tan longeva!, al punto de destronar al mismísimo Pedro Ferré en la permanencia en el poder (aun teniendo un mandato menos que aquel gobernador de otros tiempos que donó su nombre a una silla con poderes magnéticos).

La mesa vuelve a servirse ahora. El menú parece más austero, pero por lo que se ve, muy rico en calorías. La receta es sencilla:

Cebolla. Morrón. Aceite (rehogo). Carne molida. Chorizo colorado (rehogo). Salsa de tomate. Sal y pimienta. Agua. Tubérculos a elección (papa, batata, mandioca). Condimentos a gusto. Fideos ídem.

-Pero que sea de fideos cinta de los gruesos... -ordenó Colombi cuando se despidió de la casa del señor H. R.

-Bueno, dale -dijo Ríos.

Era lo de menos después de haber logrado el cese momentáneo de una sangría coparticipable millonaria.

El lunes ese se reunieron a cenar: comieron y bebieron y hablaron. Fumaron y volvieron a hablar, satisfechos por el menú calórico y barato que no tiene el glamour del cordero asado, pero al parecer sí los mismos efectos en el entendimiento humano.

Fue tal vez una metáfora del ahorro en que ha caído la dieta de la política producto de la escalada de precios que no puede bajar y los ajustes que hace crecer Mauricio Macri. Ni los dos hombres más poderosos de la cuadra más poderosa de la provincia escapan a los efectos del desquicio inflacionario. En eso es democrática la economía.

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