¿Quieres recibir notificaciones de alertas?

PUBLICIDAD

La mujer en el tango

Por El Litoral

Viernes, 15 de septiembre de 2017 a las 01:00

Por Adalberto Balduino
Especial para El Litoral

De un tiempo a esta parte el mundo es dirimido por la mujer que ocupa eficientemente altos cargos de estado. Importantes personalidades femeninas a cargo de grandes responsabilidades, como la primera ministra británica, Teresa May. La canciller federal de Alemania, Angela Merkel. La fiscal general de Venezuela, Luisa Ortega, hoy enfrentada con Maduro y expulsada por este. Verónica Michelle Bachelet, presidente de la República de Chile, etc.
Entonces, no existen dudas del papel que la mujer ha tenido en todos los ámbitos de un país, como en su momento lo fueron las mujeres en el tango. Convengamos que el tango por su nacimiento prostibulario, era vedado para la mujer perteneciente a esa sociedad ajena de la marginalidad. Las mujeres en el tango alucinaron, sorprendieron y costó mucho tiempo reivindicarlas de la mirada discriminatoria del hombre. Vale tener en cuenta un memorioso recuerdo que las rescatan a partir de 1862; algunas registradas por el idioma burdo de la jerga popular cuyos orígenes prohibidos las bautizó con seudónimos y diminutivos del bajo mundo. Se puede citar a Paulina “la bella”, “, o La Parda “refucilo”, pioneras de un sinfín de mujeres que se plegaron al canto, frecuentando un circuito de vida liviana no tan santa y con mucha noche, instantes en que el tango comenzaba a pleno su brega.
En el 1900 se originaron las primeras compositoras que se le animaron a esta música que habitaba conventillos: Juana Giroud. Más tarde, Rosita Melo autora del vals “Desde el alma”, Paquita Bernardo, la primera mujer que se aventuró a tocar el bandoneón, cuyas actuaciones al frente de su propia orquesta atestaba de gente el mítico Café Domínguez de la calle Corrientes, que Julián Centeya, poeta y periodista, se encargó de perpetuarlo en unas glosas que enriquecen al tango, acompañado por la orquesta de Angel D’Agostino.
Algunas letristas también fueron atraídas por el tango: Luisa Carnelli que portaba seudónimos más bien masculinos, como Luis Mario y Mario Castro, autora de “Cuando llora la milonga”. Las primeras cancionistas en serio han sido, Lola Candales, Dorita Miramar, Flora Hortensia Rodríguez de Gobbi, madre del gran violinista Alfredo Gobbi, el “violín de oro del tango”. Mucho más acá, comienzan los grandes nombres que difundieron el tango cantado, Azucena Maizani “La ñata gaucha”, Rosita Quiroga, siguiendo el estilo impuesto por Carlos Gardel donde la voz gravita por sobre los instrumentos asumiendo todo el rol protagónico de conducir la melodía y la responsabilidad de interpretar la poesía. A partir de allí, surgen estrellas rutilantes que engalanaron la música de Buenos Aires, poseedoras de luz propia: Libertad Lamarque, Mercedes Simone, Tania, Sofía Bozán, Tita Merello, Ada Falcón, Nelly Omar, Anita Palmero, Herminia Velich, Maruja Pacheco Huergo, Dorita Davis, Chola Luna, Amanda Ledesma, Sabina Olmos, Jovita Luna, Herminia y Eva Franco, Iris Marga; estas últimas también excelentes actrices de radio, teatro y cine. En la década del 40 al 50, asoma la expresividad personal con un estilo muy fuerte: Aída Luz, Elsa Rivas, Virginia Luque, Carmen Duval, Blanca Mooney, Ruth Durante, María de la Fuente, Alba Solís, las hermanas Berón, Beba Bidart, Gloria Díaz, Aída Denis, Nelly Vázquez, etc.
Y en los 60-70, nombres de peso acrecientan el repertorio con personalidad definida: María Cristina Laurenz, Paula Galés, Eladia Blázquez cantante y compositora, Susana Rinaldi,  Rossana Falasca, Susy Leiva, Amelita Baltar, María Graña, María Garay, Graciela Susana, Galleta Miguenz, Viviana Vigil, Adriana Varela, entre tantas excelentes cultoras del tango. Mucho más modernas y jóvenes, Elena Roger, Patricia Sosa, la dúctil Julia Zenko, Lidia Borda, Malena Muyala, María Volonté, y hasta Mercedes Sosa que incursionó exponiendo su calidad excepcional, y muchísimas más que con talento han acrecentado la presencia femenina en el tango.
Es cierto, al tango femenino le costó remontar; en principio, por asunto de género, luego por su origen social, y por supuesto descreer de que su mérito sería capaz de lograr lo que los hombres habían hecho.
Fue un despropósito, casi un reto porque el tango empezó y siguió con el hombre marcando distancia hasta en su propia evolución. Pero una vez más las mujeres salieron con la suya, demostrando garras, gran sensibilidad, revirtiendo un repertorio nacido con rudeza y sumisión del sexo “débil”. La mujer ha impreso al tango fuerza apasionada con rigor melódico, cantando en carne propia su poesía.

Últimas noticias

PUBLICIDAD