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“Antes teníamos que defender la vida, pero ahora te la arrebatan con el hambre”

Durante su visita a Resistencia, el premio Nobel de la Paz habló con El Litoral sobre la protección de los derechos humanos en tiempos de crisis económica. Advirtió sobre un “sistema de dominación” en la región que apunta a una “recolonización” del país y destacó el rol de la mujer.
 

“Amarrados”. Para Pérez Esquivel, el acuerdo con el FMI significa “la dominación total” y “es una película nefasta que ya la vimos”.
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Gerardo Morales Cuyé
@CoachGMCuye

Ni un retraso en el vuelo  que lo dejó en Resistencia, ni el calor del mediodía que agobia en esta parte del país, lograron quitar el semblante amigable y positivo que emana del rostro de Adolfo Pérez Esquivel, el incansable defensor de los derechos humanos, quien ya con 86 años ostenta haber sido premiado  con el Nobel de la Paz, allá por 1980. El activista latinoamericano tenía que dar una conferencia en la Facultad de Humanidades de la Unne, y accedió a una entrevista con El Litoral en el hotel donde se hospedaba, horas antes de su disertación.
Tras el saludo, contó que estaba algo molesto. En ese momento cualquiera hubiese pensado que era por la temperatura o por la falta de descanso, pero en realidad se estaba refiriendo a la situación del ex presidente de Brasil, Lula da Silva. “Hablé con él hace unos días, está con bronca e indignado, dice que no ha cometido ningún delito y que es un golpe político que tiene que ver con la destitución a Dilma”, señala, dejando en claro que respira política, y dando así pie para que la entrevista inicie.

—¿Cómo se explica este avance de gobiernos de derecha en la región?
—No se explica, es la suspensión de conciencia, y en vez de derecha yo hablo de un sistema de dominación, que se ve en todo el continente. Los golpes de Estado en Honduras contra Manuel Zelaya, en Paraguay contra Fernando Lugo y en Brasil contra Dilma no fueron casuales. Antes necesitaron de los militares, hoy no, necesitan de un poder judicial y de los medios de comunicación, que condenan y desprestigian antes de ser juzgados. Nadie es culpable hasta que la Justicia demuestre lo contrario, pero se muestra a Cristina como una corrupta, se condena a Lula por corrupto; los medios de comunicación hacen un trabajo de inducción de todo eso negativo, y convencen de que el otro les asegura el orden y la tranquilidad a través de la represión. Esto lo lleva a la nueva democracia que están trabajando las fuerzas armadas, ellos te aseguran tu tranquilidad si sos obediente, se pierden los derechos sociales, los derechos democráticos, los derechos políticos y ellos son tus únicos garantes.
Hay que repensar los medios de comunicación, la forma en que han manipulado todo. Bolsonaro no tiene una estructura partidaria, tiene a las iglesias evangélicas y a las fuerzas armadas. Pasé todo un día en una favela, la gente es maravillosa, pero el tipo los insultó, los trató de delincuentes... y ganó.
—En ese contexto, ¿qué pasa con el país y la influencia del FMI?
—Estamos en tiempos de pérdida de valores, con gobiernos como el actual que son “entreguistas”, es una recolonización del país. Los gobiernos pasan pero los pueblos quedan y nosotros quedamos amarrados al FMI, a las grandes empresas trasnacionales, a la falta de recursos. El acuerdo con el FMI significa la dominación total, es una película que ya la vimos antes y es nefasta porque este Gobierno se va a ir y nos va a dejar la dominación y mayor pobreza.
No somos un país pobre, somos un país rico, empobrecido por esta política que entrega todos los bienes y recursos a las grandes corporaciones. Eduardo Galeano decía, que más que democracia, son “democraduras”.
—¿Se podría decir que la lucha por los derechos humanos pasa ahora por la alimentación?
—Los derechos humanos siempre fueron integrales, lo que pasa es que en un momento teníamos que defender la vida, pero hoy te la arrebatan de muchas maneras. Hay gente que hoy está pasando hambre y esto es gravísimo, en este país nadie tendría que pasar hambre. Si tenemos los recursos, ¿por qué se quiere aprobar una Ley de Semillas? Los campesinos tienen la capacidad de producir sus semillas orgánicas sin contaminación, y ninguna empresa trasnacional va a ser la garante de la soberanía alimentaria; sólo lo es la agricultura familiar o el mediano o pequeño productor. La única forma de tener una seguridad alimentaria es con la soberanía alimentaria.
Son pocas las voces en los medios de comunicación que explican esto a la población, no puede ser la misma alimentación aquí que en la India o en Europa o Japón, porque la alimentación es cultural. Pero vienen Monsanto y las grandes corporaciones, y a todos les dan la misma alimentación, que los revienta, ahí viene la obesidad, la malnutrición, enfermedades como el cáncer, la diabetes.
—¿Cómo afrontan este escenario las organizaciones sociales?
—Hay que cambiar la historia, cambiar eso de que te pegan un palo en la cabeza y ahí reaccionás. No podés pensar bien con un palo en la cabeza, hay que tener estrategias. Sin embargo, la ciencia y la técnica han acelerado los tiempos. El tiempo de ahora no es el de hace 20 años atrás, hoy todos corren hacía ningún lado. No estamos en el mejor momento, pero sí estamos en un momento del pensamiento crítico, de los valores, de quiénes somos. Un antiguo proverbio dice: si no sabés a dónde vas, regresa para saber de dónde vienes.

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Adolfo Pérez Esquivel

Nacimiento
26 de noviembre de 1931 (86 años), 
Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Educación
Universidad Nacional de La Plata.

Ocupación
Arquitecto, Pintor, Escultor, Activista, 
Docente.

Distinciones
Premio Nobel de la Paz (1980)
Doctorado Honoris Causa en universidades argentinas e internacionales.

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“Antes teníamos que defender la vida, pero ahora te la arrebatan con el hambre”

Durante su visita a Resistencia, el premio Nobel de la Paz habló con El Litoral sobre la protección de los derechos humanos en tiempos de crisis económica. Advirtió sobre un “sistema de dominación” en la región que apunta a una “recolonización” del país y destacó el rol de la mujer.
 

Gerardo Morales Cuyé
@CoachGMCuye

Ni un retraso en el vuelo  que lo dejó en Resistencia, ni el calor del mediodía que agobia en esta parte del país, lograron quitar el semblante amigable y positivo que emana del rostro de Adolfo Pérez Esquivel, el incansable defensor de los derechos humanos, quien ya con 86 años ostenta haber sido premiado  con el Nobel de la Paz, allá por 1980. El activista latinoamericano tenía que dar una conferencia en la Facultad de Humanidades de la Unne, y accedió a una entrevista con El Litoral en el hotel donde se hospedaba, horas antes de su disertación.
Tras el saludo, contó que estaba algo molesto. En ese momento cualquiera hubiese pensado que era por la temperatura o por la falta de descanso, pero en realidad se estaba refiriendo a la situación del ex presidente de Brasil, Lula da Silva. “Hablé con él hace unos días, está con bronca e indignado, dice que no ha cometido ningún delito y que es un golpe político que tiene que ver con la destitución a Dilma”, señala, dejando en claro que respira política, y dando así pie para que la entrevista inicie.

—¿Cómo se explica este avance de gobiernos de derecha en la región?
—No se explica, es la suspensión de conciencia, y en vez de derecha yo hablo de un sistema de dominación, que se ve en todo el continente. Los golpes de Estado en Honduras contra Manuel Zelaya, en Paraguay contra Fernando Lugo y en Brasil contra Dilma no fueron casuales. Antes necesitaron de los militares, hoy no, necesitan de un poder judicial y de los medios de comunicación, que condenan y desprestigian antes de ser juzgados. Nadie es culpable hasta que la Justicia demuestre lo contrario, pero se muestra a Cristina como una corrupta, se condena a Lula por corrupto; los medios de comunicación hacen un trabajo de inducción de todo eso negativo, y convencen de que el otro les asegura el orden y la tranquilidad a través de la represión. Esto lo lleva a la nueva democracia que están trabajando las fuerzas armadas, ellos te aseguran tu tranquilidad si sos obediente, se pierden los derechos sociales, los derechos democráticos, los derechos políticos y ellos son tus únicos garantes.
Hay que repensar los medios de comunicación, la forma en que han manipulado todo. Bolsonaro no tiene una estructura partidaria, tiene a las iglesias evangélicas y a las fuerzas armadas. Pasé todo un día en una favela, la gente es maravillosa, pero el tipo los insultó, los trató de delincuentes... y ganó.
—En ese contexto, ¿qué pasa con el país y la influencia del FMI?
—Estamos en tiempos de pérdida de valores, con gobiernos como el actual que son “entreguistas”, es una recolonización del país. Los gobiernos pasan pero los pueblos quedan y nosotros quedamos amarrados al FMI, a las grandes empresas trasnacionales, a la falta de recursos. El acuerdo con el FMI significa la dominación total, es una película que ya la vimos antes y es nefasta porque este Gobierno se va a ir y nos va a dejar la dominación y mayor pobreza.
No somos un país pobre, somos un país rico, empobrecido por esta política que entrega todos los bienes y recursos a las grandes corporaciones. Eduardo Galeano decía, que más que democracia, son “democraduras”.
—¿Se podría decir que la lucha por los derechos humanos pasa ahora por la alimentación?
—Los derechos humanos siempre fueron integrales, lo que pasa es que en un momento teníamos que defender la vida, pero hoy te la arrebatan de muchas maneras. Hay gente que hoy está pasando hambre y esto es gravísimo, en este país nadie tendría que pasar hambre. Si tenemos los recursos, ¿por qué se quiere aprobar una Ley de Semillas? Los campesinos tienen la capacidad de producir sus semillas orgánicas sin contaminación, y ninguna empresa trasnacional va a ser la garante de la soberanía alimentaria; sólo lo es la agricultura familiar o el mediano o pequeño productor. La única forma de tener una seguridad alimentaria es con la soberanía alimentaria.
Son pocas las voces en los medios de comunicación que explican esto a la población, no puede ser la misma alimentación aquí que en la India o en Europa o Japón, porque la alimentación es cultural. Pero vienen Monsanto y las grandes corporaciones, y a todos les dan la misma alimentación, que los revienta, ahí viene la obesidad, la malnutrición, enfermedades como el cáncer, la diabetes.
—¿Cómo afrontan este escenario las organizaciones sociales?
—Hay que cambiar la historia, cambiar eso de que te pegan un palo en la cabeza y ahí reaccionás. No podés pensar bien con un palo en la cabeza, hay que tener estrategias. Sin embargo, la ciencia y la técnica han acelerado los tiempos. El tiempo de ahora no es el de hace 20 años atrás, hoy todos corren hacía ningún lado. No estamos en el mejor momento, pero sí estamos en un momento del pensamiento crítico, de los valores, de quiénes somos. Un antiguo proverbio dice: si no sabés a dónde vas, regresa para saber de dónde vienes.