Ovnis durante la guerra de Malvinas
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Ovnis durante la guerra de Malvinas

En la mayoría de los conflictos bélicos mundiales, han sido vistos extraños objetos luminosos no identificados, en los cielos de los lugares de batalla. Así ocurrió en la Segunda Guerra Mundial, en Irak, en Vietnam, la guerra del Golfo y también durante la guerra de Malvinas. Muy cerca de allí, Río Gallegos fue escenario de extraños sucesos muy poco conocidos, pero que ocurrieron realmente.

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Por Francisco Villagrán
Especial para El Litoral

Durante la Segunda Guerra Mundial, fueron observados extraños objetos luminosos siguiendo a los aviones en combate, especialmente en la batalla de Inglaterra, acercándose por momentos, como queriendo ver de cerca lo que ocurría, eran unas esferas no muy grandes que, en ocasiones, atravesaban las carlingas de los aviones. Los denominaron foo-fighters (combatientes fantasmas) y los aliados pensaban que eran armas secretas de los alemanes, y estos a su vez, creían lo mismo, que eran del enemigo. Pero no eran de ningún bando, esto se comprobó cuando finalizó la contienda y todo quedó allí. Pasó lo mismo en otras guerras a nivel mundial, ellos estaban presentes, observando de lejos lo que sucedía.
No fueron la excepción las Islas Malvinas, durante el conflicto bélico con los ingleses en 1982, en los primeros días de combates, fueron vistos extraños objetos volantes, que se desplazaban lentamente, volando no muy alto, frente a las islas, sobre el mar. Esta noticia fue publicada por el diario Crónica en un recuadro de algunas líneas, sin darle mucha trascendencia.
Pero lo más impactante fue el testimonio de un soldado, logrado por la investigadora entrerriana Silvia Pérez Simondini en exclusiva, allá por marzo del 2006, ocultando el verdadero nombre del soldado, por razones de seguridad. Se lo llamó simplemente “Román” y estar frente a él, su emoción auténtica al recordar los sucesos, no dejó lugar a duda de la verdad de su impactante relato. “Entre el 4 y 10 de abril de 1982 –relata el soldado– estábamos haciendo un relevamiento y la seguridad de la estancia El Cóndor, en Río Gallegos, cuyo propietario es Benetton, de la famosa marca de pulóveres, sobre la ruta 3 y de unas cuatro hectáreas más o menos, y estábamos en alerta por el conflicto de Malvinas.
A eso de las 3 de la mañana, estábamos durmiendo en la guardia, cuando sentimos unos fuertes golpes en la puerta, del soldado que estaba afuera haciendo custodia, golpeaba con desesperación, como si hubiese visto un monstruo o algo así. Cuando abrimos la puerta, una luz muy fuerte prácticamente nos cegó, era como la iluminación de una cancha, muy potente y blanca. Había mucho viento y estaba nevando, pero en el círculo donde estaba esa luz, no nevaba y el clima era aparentemente templado, todo en silencio.
Los otros dos soldados, que estaban afuera, quedaron absortos mirando hacia el cielo, donde había una nave gigantesca, con luces, era ovalada y las luces venían de los laterales. Los que estaban adentro salieron corriendo y nos quedamos todos mirándola por unos 15 minutos. No nos dio temor, sino una especie de tranquilidad y calma. En un momento dado, hizo un movimiento muy suave y desapareció entre los cerros a gran velocidad y en apenas segundos, volvió el viento y la nieve. Eso fue asombroso para nosotros. Nos quedamos mirándonos todos, como asustados pero, de lo que habíamos vivido, nos callamos”.

Un espectacular hecho
“A la mañana siguiente –prosigue su relato– apareció un helicóptero del Ejército con personal militar y no parecían argentinos, pensé que eran americanos, nos juntaron a todos en un lugar y luego nos llevaron a una habitación del Regimiento de Infantería Mecanizado 24, donde nos sacaron todo el armamento y elementos que teníamos, dejándonos sólo las remeras, las bombachas de fajina y los borceguíes sin cordón. Al cabo de una hora y media nos llevaron a otra habitación, al lado, un poco más grande y nos comenzaron a hablar de que lo que habíamos visto podría ser una especie de armamento nuevo de los ingleses o algo por el estilo. Esto no coincidía con lo que nosotros pensábamos, creíamos que era algo no natural, que no era de la Tierra, pero nos prohibieron hablar del tema. Después nos trasladaron a un lugar más grande, tipo galpón, donde encontramos a un grupo más grande de suboficiales y soldados.
Entre ellos había un sargento que yo conocía de ocasiones anteriores, lo tenía de vista y por unas cortas conversaciones. Era un hombre muy enérgico y muy duro, maduro en sus decisiones. Cuando lo vi, estaba totalmente quebrado, como perdido, me acerqué y le pregunté qué les había pasado a ellos. Resulta que cuando nosotros vimos a esta nave volando sobre los cerros, tomó el camino de la Ruta 3, ellos vieron la luz que se les vino encima y los encegueció, en un segundo cerraron los ojos y cuando los abrieron estaban a 3 kilómetros de distancia, desparramados todos los soldados por el suelo, como si alguien los hubiera sacudido violentamente. Imagínense, en un camión del Ejército, sentados todos atrás y aparecer de golpe, después de ver la luz, tirados en medio del campo. Los soldados se desvanecieron por algunos segundos.
Eran dos camiones y uno de YPF, que apareció también a 3 kilómetros de distancia, con su chofer en estado de shock. Ellos habían vivido una experiencia distinta a la nuestra, mucho más impactante. A ellos también les dijeron que no hablaran ni dijeran nada. Después de eso, el Comando de Ejército nos dividió en lugares distintos en el conflicto de Malvinas. Los que fuimos testigos de esta increíble experiencia nunca más volvimos a vernos. No sabemos quién sobrevivió y quién murió. Esto lo estoy contando el 14 de enero del 2006, porque me animé a hablarlo con investigadores, gente que está en el tema y me va a ayudar a difundir esto, que fue un hecho real. Hay cosas que pasan en este mundo y se ocultan, por temor o ignorancia. Es hora de contarlas, no seguir escondiéndolas por quién sabe qué oscuros intereses. Muchas gracias”.
Este es el tremendo testimonio de un soldado de Malvinas, que no sólo debió vivir el flagelo de la guerra, sino también el hecho de que ni siquiera pudieron comentar la increíble experiencia que les tocó vivir a estos soldados argentinos y debieron soportar no hablar, pero que hoy, gracias a la valentía de este ex combatiente, podemos compartir, según fue su deseo.

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Ovnis durante la guerra de Malvinas

En la mayoría de los conflictos bélicos mundiales, han sido vistos extraños objetos luminosos no identificados, en los cielos de los lugares de batalla. Así ocurrió en la Segunda Guerra Mundial, en Irak, en Vietnam, la guerra del Golfo y también durante la guerra de Malvinas. Muy cerca de allí, Río Gallegos fue escenario de extraños sucesos muy poco conocidos, pero que ocurrieron realmente.

Por Francisco Villagrán
Especial para El Litoral

Durante la Segunda Guerra Mundial, fueron observados extraños objetos luminosos siguiendo a los aviones en combate, especialmente en la batalla de Inglaterra, acercándose por momentos, como queriendo ver de cerca lo que ocurría, eran unas esferas no muy grandes que, en ocasiones, atravesaban las carlingas de los aviones. Los denominaron foo-fighters (combatientes fantasmas) y los aliados pensaban que eran armas secretas de los alemanes, y estos a su vez, creían lo mismo, que eran del enemigo. Pero no eran de ningún bando, esto se comprobó cuando finalizó la contienda y todo quedó allí. Pasó lo mismo en otras guerras a nivel mundial, ellos estaban presentes, observando de lejos lo que sucedía.
No fueron la excepción las Islas Malvinas, durante el conflicto bélico con los ingleses en 1982, en los primeros días de combates, fueron vistos extraños objetos volantes, que se desplazaban lentamente, volando no muy alto, frente a las islas, sobre el mar. Esta noticia fue publicada por el diario Crónica en un recuadro de algunas líneas, sin darle mucha trascendencia.
Pero lo más impactante fue el testimonio de un soldado, logrado por la investigadora entrerriana Silvia Pérez Simondini en exclusiva, allá por marzo del 2006, ocultando el verdadero nombre del soldado, por razones de seguridad. Se lo llamó simplemente “Román” y estar frente a él, su emoción auténtica al recordar los sucesos, no dejó lugar a duda de la verdad de su impactante relato. “Entre el 4 y 10 de abril de 1982 –relata el soldado– estábamos haciendo un relevamiento y la seguridad de la estancia El Cóndor, en Río Gallegos, cuyo propietario es Benetton, de la famosa marca de pulóveres, sobre la ruta 3 y de unas cuatro hectáreas más o menos, y estábamos en alerta por el conflicto de Malvinas.
A eso de las 3 de la mañana, estábamos durmiendo en la guardia, cuando sentimos unos fuertes golpes en la puerta, del soldado que estaba afuera haciendo custodia, golpeaba con desesperación, como si hubiese visto un monstruo o algo así. Cuando abrimos la puerta, una luz muy fuerte prácticamente nos cegó, era como la iluminación de una cancha, muy potente y blanca. Había mucho viento y estaba nevando, pero en el círculo donde estaba esa luz, no nevaba y el clima era aparentemente templado, todo en silencio.
Los otros dos soldados, que estaban afuera, quedaron absortos mirando hacia el cielo, donde había una nave gigantesca, con luces, era ovalada y las luces venían de los laterales. Los que estaban adentro salieron corriendo y nos quedamos todos mirándola por unos 15 minutos. No nos dio temor, sino una especie de tranquilidad y calma. En un momento dado, hizo un movimiento muy suave y desapareció entre los cerros a gran velocidad y en apenas segundos, volvió el viento y la nieve. Eso fue asombroso para nosotros. Nos quedamos mirándonos todos, como asustados pero, de lo que habíamos vivido, nos callamos”.

Un espectacular hecho
“A la mañana siguiente –prosigue su relato– apareció un helicóptero del Ejército con personal militar y no parecían argentinos, pensé que eran americanos, nos juntaron a todos en un lugar y luego nos llevaron a una habitación del Regimiento de Infantería Mecanizado 24, donde nos sacaron todo el armamento y elementos que teníamos, dejándonos sólo las remeras, las bombachas de fajina y los borceguíes sin cordón. Al cabo de una hora y media nos llevaron a otra habitación, al lado, un poco más grande y nos comenzaron a hablar de que lo que habíamos visto podría ser una especie de armamento nuevo de los ingleses o algo por el estilo. Esto no coincidía con lo que nosotros pensábamos, creíamos que era algo no natural, que no era de la Tierra, pero nos prohibieron hablar del tema. Después nos trasladaron a un lugar más grande, tipo galpón, donde encontramos a un grupo más grande de suboficiales y soldados.
Entre ellos había un sargento que yo conocía de ocasiones anteriores, lo tenía de vista y por unas cortas conversaciones. Era un hombre muy enérgico y muy duro, maduro en sus decisiones. Cuando lo vi, estaba totalmente quebrado, como perdido, me acerqué y le pregunté qué les había pasado a ellos. Resulta que cuando nosotros vimos a esta nave volando sobre los cerros, tomó el camino de la Ruta 3, ellos vieron la luz que se les vino encima y los encegueció, en un segundo cerraron los ojos y cuando los abrieron estaban a 3 kilómetros de distancia, desparramados todos los soldados por el suelo, como si alguien los hubiera sacudido violentamente. Imagínense, en un camión del Ejército, sentados todos atrás y aparecer de golpe, después de ver la luz, tirados en medio del campo. Los soldados se desvanecieron por algunos segundos.
Eran dos camiones y uno de YPF, que apareció también a 3 kilómetros de distancia, con su chofer en estado de shock. Ellos habían vivido una experiencia distinta a la nuestra, mucho más impactante. A ellos también les dijeron que no hablaran ni dijeran nada. Después de eso, el Comando de Ejército nos dividió en lugares distintos en el conflicto de Malvinas. Los que fuimos testigos de esta increíble experiencia nunca más volvimos a vernos. No sabemos quién sobrevivió y quién murió. Esto lo estoy contando el 14 de enero del 2006, porque me animé a hablarlo con investigadores, gente que está en el tema y me va a ayudar a difundir esto, que fue un hecho real. Hay cosas que pasan en este mundo y se ocultan, por temor o ignorancia. Es hora de contarlas, no seguir escondiéndolas por quién sabe qué oscuros intereses. Muchas gracias”.
Este es el tremendo testimonio de un soldado de Malvinas, que no sólo debió vivir el flagelo de la guerra, sino también el hecho de que ni siquiera pudieron comentar la increíble experiencia que les tocó vivir a estos soldados argentinos y debieron soportar no hablar, pero que hoy, gracias a la valentía de este ex combatiente, podemos compartir, según fue su deseo.