Los explosivos y la dictadura castrista
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Los explosivos y la dictadura castrista

Presos vivían y dormían sobre miles de libra de explosivos, razón por la cual muchos presos enfermaron de los nervios y contrajeron severos trastornos psicológicos.

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Por Pedro Corzo
Nota publicada en infobae.com

Comentaba el colega Pablo Alfonzo que entre los muchos crímenes cometidos por la dictadura de los Castro se hace poca referencia a los explosivos de 1962, que el Gobierno colocó en los edificios circulares de la prisión de Isla de Pinos, obviando la angustia y el pesar, la tortura mental, que sufrieron miles de hombres que durmieron por 22 meses sobre colchones de TNT, como los calificó Abel Nieves. Vivían y dormían sobre miles de libra de explosivos, razón por la cual muchos presos enfermaron de los nervios y contrajeron severos trastornos psicológicos.
Dinamitar las circulares fue un crimen tan alevoso como cobarde, según Raúl Martínez, conocido como “El Hierro” por su entereza y su coraje. Desde su celda en la circular 2 vio los numerosos camiones que se acercaban a las circulares transportando cajas grandes y pesadas que eran depositadas en los sótanos de cada circular. Recuerda que durante varios días los presos sufrieron el ruido ensordecedor de los taladros que perforaban el concreto en los sótanos para poner miles de libra de explosivos listos para ser detonados en caso de una eventual invasión estadounidense o por decisión del máximo caudillo.
Con base en un cálculo hecho por José Lee, un preso de origen chino experto en explosivos, la cantidad rondaba las 28 mil libras, que, en caso de explotar, era suficiente para destruir por completo el reclusorio y afectar seriamente la capital, Nueva Gerona.
Abel Nieves comenta que los carceleros abrieron huecos de 10 pulgadas de profundidad y 3 de diámetro, donde colocaban paquetes en forma de tubo de 10 pulgadas de longitud y 3 pulgadas de diámetro, con una etiqueta que decía “Made in Canadá”.
Afirma Martínez que el terror no paralizó a los reclusos, que un grupo de ingenieros elaboró un plan para tratar de neutralizar los explosivos. El plan consistió en cavar un foso desde dentro de la circular que llegara a los sótanos donde estaba la mortal carga, tarea para la que se seleccionaron varios presos que iniciaron el trabajo; él fue uno de los designados.
Debajo de una escalera de la planta baja comenzó la excavación del piso de concreto. La hicieron con barretas improvisadas con tubos de las camas plegables de las celdas, que a partir de esos días empezaron a llamarse irónicamente “aviones”, porque el destino de todos, si explotaba el TNT, sería volar como aviones en aquellas lonas encajadas en tubos.
Escribe “el Hierro” en un libro de Ramiro Gómez: “Se trabajaba por turnos todo el día. Cada recluso tenía una tarea de vigilancia, recolección de tierra o excavación. El ruido de la excavación era superado por la bulla estridente de los prisioneros. Los escombros eran sacados en baldes que los presos subían con sogas y poleas rudimentarias por entre los ductos amplios que pasaban por las celdas desde el primero hasta el quinto piso. Por el interior de los ductos de unos dos pies por dos pies, visibles en casi todas las celdas, pasaban las tuberías de agua. Estos ductos eran conocidos como ‘chavos’ entre los presos”.
Abierto un hueco en la placa de cemento de la planta baja encontraron unos de los pilares del edificio, por lo que tuvieron que cavar hacia un costado de la capa de tierra que separaba la primera planta del sótano. Sacaban la tierra con las manos y herramientas improvisadas en un estrecho túnel en el que sólo cabía una persona bien delgada. Los que realizaban ese agotador y arriesgado trabajo eran llamados “topos”.
En ocasiones los topos se quedaban sin aire y sentían asfixiarse, la solución la encontraron estableciendo equipos de fuelleros que operaban un fuelle hecho con pantalones que hacía llegar el aire hasta los excavadores. Cuenta “el Hierro” que finalmente pudieron llegar a los explosivos y los expertos desactivaron los detonadores.
Abel Nieves dice que la guarnición siempre estaba vigilada, que cuando descubrían un túnel se iniciaba la construcción de otro y que el último que se construyó fue en la celda del líder estudiantil muerto en huelga de hambre, Pedro Luis Boitel.

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Los explosivos y la dictadura castrista

Presos vivían y dormían sobre miles de libra de explosivos, razón por la cual muchos presos enfermaron de los nervios y contrajeron severos trastornos psicológicos.

Por Pedro Corzo
Nota publicada en infobae.com

Comentaba el colega Pablo Alfonzo que entre los muchos crímenes cometidos por la dictadura de los Castro se hace poca referencia a los explosivos de 1962, que el Gobierno colocó en los edificios circulares de la prisión de Isla de Pinos, obviando la angustia y el pesar, la tortura mental, que sufrieron miles de hombres que durmieron por 22 meses sobre colchones de TNT, como los calificó Abel Nieves. Vivían y dormían sobre miles de libra de explosivos, razón por la cual muchos presos enfermaron de los nervios y contrajeron severos trastornos psicológicos.
Dinamitar las circulares fue un crimen tan alevoso como cobarde, según Raúl Martínez, conocido como “El Hierro” por su entereza y su coraje. Desde su celda en la circular 2 vio los numerosos camiones que se acercaban a las circulares transportando cajas grandes y pesadas que eran depositadas en los sótanos de cada circular. Recuerda que durante varios días los presos sufrieron el ruido ensordecedor de los taladros que perforaban el concreto en los sótanos para poner miles de libra de explosivos listos para ser detonados en caso de una eventual invasión estadounidense o por decisión del máximo caudillo.
Con base en un cálculo hecho por José Lee, un preso de origen chino experto en explosivos, la cantidad rondaba las 28 mil libras, que, en caso de explotar, era suficiente para destruir por completo el reclusorio y afectar seriamente la capital, Nueva Gerona.
Abel Nieves comenta que los carceleros abrieron huecos de 10 pulgadas de profundidad y 3 de diámetro, donde colocaban paquetes en forma de tubo de 10 pulgadas de longitud y 3 pulgadas de diámetro, con una etiqueta que decía “Made in Canadá”.
Afirma Martínez que el terror no paralizó a los reclusos, que un grupo de ingenieros elaboró un plan para tratar de neutralizar los explosivos. El plan consistió en cavar un foso desde dentro de la circular que llegara a los sótanos donde estaba la mortal carga, tarea para la que se seleccionaron varios presos que iniciaron el trabajo; él fue uno de los designados.
Debajo de una escalera de la planta baja comenzó la excavación del piso de concreto. La hicieron con barretas improvisadas con tubos de las camas plegables de las celdas, que a partir de esos días empezaron a llamarse irónicamente “aviones”, porque el destino de todos, si explotaba el TNT, sería volar como aviones en aquellas lonas encajadas en tubos.
Escribe “el Hierro” en un libro de Ramiro Gómez: “Se trabajaba por turnos todo el día. Cada recluso tenía una tarea de vigilancia, recolección de tierra o excavación. El ruido de la excavación era superado por la bulla estridente de los prisioneros. Los escombros eran sacados en baldes que los presos subían con sogas y poleas rudimentarias por entre los ductos amplios que pasaban por las celdas desde el primero hasta el quinto piso. Por el interior de los ductos de unos dos pies por dos pies, visibles en casi todas las celdas, pasaban las tuberías de agua. Estos ductos eran conocidos como ‘chavos’ entre los presos”.
Abierto un hueco en la placa de cemento de la planta baja encontraron unos de los pilares del edificio, por lo que tuvieron que cavar hacia un costado de la capa de tierra que separaba la primera planta del sótano. Sacaban la tierra con las manos y herramientas improvisadas en un estrecho túnel en el que sólo cabía una persona bien delgada. Los que realizaban ese agotador y arriesgado trabajo eran llamados “topos”.
En ocasiones los topos se quedaban sin aire y sentían asfixiarse, la solución la encontraron estableciendo equipos de fuelleros que operaban un fuelle hecho con pantalones que hacía llegar el aire hasta los excavadores. Cuenta “el Hierro” que finalmente pudieron llegar a los explosivos y los expertos desactivaron los detonadores.
Abel Nieves dice que la guarnición siempre estaba vigilada, que cuando descubrían un túnel se iniciaba la construcción de otro y que el último que se construyó fue en la celda del líder estudiantil muerto en huelga de hambre, Pedro Luis Boitel.