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Kalmikia, el budismo escondido en Europa

Monjes budistas, una flor de loto en la bandera, un pueblo mongol y banderas de plegaria en cada esquina. La rusa Kalmikia es un pedazo de Asia en Europa y la única región mayoritariamente budista del continente.
 

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Por Axel Bustos
Para EfeTur

Es la república rusa de Kalmikia. La única región con mayoría budista del continente y cuyo “exotismo” se aprecia nada más llegar a su capital, Elistá, donde una pagoda en el tejado del aeropuerto avisa al recién llegado de que esto no es Moscú o San Petersburgo, las principales ciudades de la parte europea de Rusia.
El pueblo calmuco, hospitalario y curioso con sus invitados, llegó a caballo a las estepas bañadas por el mar Caspio procedente del noroeste de China hace tres siglos. Los jinetes nómadas mongoles encontraron en Kalmikia unas amplias llanuras en las que sentirse como en casa.
Actualmente Elistá, la pequeña capital de 100.000 habitantes, tiene un ritmo de vida pausado, que transmite paz. Como si no hubiera pasado el tiempo. Sólo seis vuelos diarios conectan la ciudad con Moscú, San Petersburgo y la península de Crimea.

La presencia de Buda
El templo dorado de Elistá, el más grande de Europa, se encuentra en el corazón de la ciudad. Un enorme Buda de nueve metros atrae a turistas y creyentes a la sala de las plegarias, donde el tibetano es la lengua franca.
Numerosas imágenes en los pasillos superiores recuerdan la visita del Dalai Lama en 2004, cuando se inauguró el templo.
La mayor parte de los habitantes de la república son budistas y se pueden encontrar numerosas pagodas y centenares de monjes con sus atuendos tradicionales en las calles de Elistá, así como ruedas de plegaria en parques y paseos.
Caminando por las calles de la ciudad uno puede toparse con un caballo en cualquier lugar, ya que más allá de ser un medio de transporte, es el símbolo de Kalmikia y está presente en tejidos, mosaicos, estatuas o pinturas, así como en numerosos platos típicos tradicionales, como en los embutidos típicos de la región.
En el ajedrez el caballo es también una pieza clave. Los calmucos son muy aficionados a este juego y lo practican en las calles, en los que se puede jugar con piezas de medio metro de altura en algunas plazas.  Numerosos torneos internacionales de esta disciplina se celebraron en Elistá, conocida como “la capital del ajedrez ruso”, en la que incluso existe un distrito llamado “Chess City”.
Esta república es una de las menos favorecidas de Rusia, solo superada por unas pocas como Tuvá, Ingusetia y Chechenia.
Victoria, una profesora de Elistá que trabaja en Moscú, cuenta que “mucha gente trabaja lejos de Kalmikia (sobre todo en Moscú), ya que no hay oportunidades (en Kalmikia)”. “Pero la gente regresa a casa durante las vacaciones para ver a la familia”, como ella, que vuelve a casa en cuanto encuentra ocasión.
Calmucho
El calmuco, lengua que pertenece a la rama mongólica, tiene unos 80.000 hablantes en la región y algunos más en el noroeste de China y Mongolia.  En 1942, durante la breve ocupación alemana de la región, algunos ciudadanos calmucos colaboraron con el ejército nazi. Esta traición de algunos fue utilizada por Stalin para justificar deportaciones y ejecuciones una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial, además de poner la etiqueta de traidores a todos los calmucos.
Un monumento en las afueras de la ciudad, con la insondable estepa en el horizonte, recuerda a los deportados a Siberia y al Lejano Oriente ruso, ya que entre 1944 y 1952 murieron cerca de 30.000 calmucos durante el arduo viaje hasta sus lugares de destino.  Una ristra de lápidas por cada año de deportaciones masivas homenajea a los que no pudieron sobrevivir al viaje, encabezada por un vagón de tren como los que se llevaron a los calmucos lejos de su hogar.
La mala imagen tras la guerra, el miedo a las deportaciones y la llegada de rusos étnicos condujeron a una drástica reducción del número de usuarios de la lengua calmuca, tendencia que no se revierte hasta la caída de la Urss.  A pesar de la mejora del estado del calmuco, la lengua que más se oye y se lee en las calles de Elistá es el ruso, que se impone gradualmente al idioma local.

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FIT 2019

La Feria Internacional de Turismo (FIT) 2019 culminó en la Ciudad de Buenos Aires, con crecimiento interanual en todos sus aspectos, como el número de visitantes, la superficie para expositores, citas de negocios, ventas, charlas y público en general, según el balance dado a conocer por los organizadores. Durante las jornadas de la FIT participaron 52 países, se recibieron más de 103.000 visitantes, lo que significó un aumento interanual del 8% y hubo 32.000 profesionales del turismo. De los 34.625 metros cuadrados que ocupó en el predio de La Rural, 15.988 fueron la superficie destinada a expositores, que fue un 2,5% mayor a la de 2018.

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Kalmikia, el budismo escondido en Europa

Monjes budistas, una flor de loto en la bandera, un pueblo mongol y banderas de plegaria en cada esquina. La rusa Kalmikia es un pedazo de Asia en Europa y la única región mayoritariamente budista del continente.
 

Por Axel Bustos
Para EfeTur

Es la república rusa de Kalmikia. La única región con mayoría budista del continente y cuyo “exotismo” se aprecia nada más llegar a su capital, Elistá, donde una pagoda en el tejado del aeropuerto avisa al recién llegado de que esto no es Moscú o San Petersburgo, las principales ciudades de la parte europea de Rusia.
El pueblo calmuco, hospitalario y curioso con sus invitados, llegó a caballo a las estepas bañadas por el mar Caspio procedente del noroeste de China hace tres siglos. Los jinetes nómadas mongoles encontraron en Kalmikia unas amplias llanuras en las que sentirse como en casa.
Actualmente Elistá, la pequeña capital de 100.000 habitantes, tiene un ritmo de vida pausado, que transmite paz. Como si no hubiera pasado el tiempo. Sólo seis vuelos diarios conectan la ciudad con Moscú, San Petersburgo y la península de Crimea.

La presencia de Buda
El templo dorado de Elistá, el más grande de Europa, se encuentra en el corazón de la ciudad. Un enorme Buda de nueve metros atrae a turistas y creyentes a la sala de las plegarias, donde el tibetano es la lengua franca.
Numerosas imágenes en los pasillos superiores recuerdan la visita del Dalai Lama en 2004, cuando se inauguró el templo.
La mayor parte de los habitantes de la república son budistas y se pueden encontrar numerosas pagodas y centenares de monjes con sus atuendos tradicionales en las calles de Elistá, así como ruedas de plegaria en parques y paseos.
Caminando por las calles de la ciudad uno puede toparse con un caballo en cualquier lugar, ya que más allá de ser un medio de transporte, es el símbolo de Kalmikia y está presente en tejidos, mosaicos, estatuas o pinturas, así como en numerosos platos típicos tradicionales, como en los embutidos típicos de la región.
En el ajedrez el caballo es también una pieza clave. Los calmucos son muy aficionados a este juego y lo practican en las calles, en los que se puede jugar con piezas de medio metro de altura en algunas plazas.  Numerosos torneos internacionales de esta disciplina se celebraron en Elistá, conocida como “la capital del ajedrez ruso”, en la que incluso existe un distrito llamado “Chess City”.
Esta república es una de las menos favorecidas de Rusia, solo superada por unas pocas como Tuvá, Ingusetia y Chechenia.
Victoria, una profesora de Elistá que trabaja en Moscú, cuenta que “mucha gente trabaja lejos de Kalmikia (sobre todo en Moscú), ya que no hay oportunidades (en Kalmikia)”. “Pero la gente regresa a casa durante las vacaciones para ver a la familia”, como ella, que vuelve a casa en cuanto encuentra ocasión.
Calmucho
El calmuco, lengua que pertenece a la rama mongólica, tiene unos 80.000 hablantes en la región y algunos más en el noroeste de China y Mongolia.  En 1942, durante la breve ocupación alemana de la región, algunos ciudadanos calmucos colaboraron con el ejército nazi. Esta traición de algunos fue utilizada por Stalin para justificar deportaciones y ejecuciones una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial, además de poner la etiqueta de traidores a todos los calmucos.
Un monumento en las afueras de la ciudad, con la insondable estepa en el horizonte, recuerda a los deportados a Siberia y al Lejano Oriente ruso, ya que entre 1944 y 1952 murieron cerca de 30.000 calmucos durante el arduo viaje hasta sus lugares de destino.  Una ristra de lápidas por cada año de deportaciones masivas homenajea a los que no pudieron sobrevivir al viaje, encabezada por un vagón de tren como los que se llevaron a los calmucos lejos de su hogar.
La mala imagen tras la guerra, el miedo a las deportaciones y la llegada de rusos étnicos condujeron a una drástica reducción del número de usuarios de la lengua calmuca, tendencia que no se revierte hasta la caída de la Urss.  A pesar de la mejora del estado del calmuco, la lengua que más se oye y se lee en las calles de Elistá es el ruso, que se impone gradualmente al idioma local.