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Vocación y comunidad

Por José Ceschi

¡Buen día! El llamado de Dios para la vida religiosa o sacerdotal está en función de la comunidad cristiana. Esta verdad ha sido subrayada por Juan Pablo II en su Mensaje para la Jornada Mundial de Oración por las vocaciones, del 7.5.95: “En la adolescencia se manifiesta una natural predisposición al descubrimiento de lo nuevo, de lo verdadero, de lo bello y de lo bueno. 
Es en esta edad cuando se tienen las primeras experiencias que marcarán las etapas sucesivas hacia la interiorización de la fe. La comunidad cristiana tiene mucho que decir y que dar a los muchachos que viven esta novedad, porque precisamente el evangelio de la vocación puede dar una respuesta a los interrogantes, a las expectativas, a las inquietudes de los adolescentes y de los jóvenes. 
La comunidad cristiana es guardiana y mensajera de esta respuesta, porque ha sido enviada por el Señor a desvelar al adolescentes y al joven el sentido último de la existencia, orientándolo así hacia el descubrimiento de su propia vocación en al vida cotidiana. Toda vida, en efecto, se manifiesta como vocación que se ha de conocer y seguir, porque una existencia sin vocación jamás podrá ser auténtica. La comunidad cristiana está llamada a hacer posible el encuentro del joven con Jesús, convirtiéndose en mediadora de la llamada y educadora de la respuesta que él espera. Tiene la misión de hacer descubrir a los jóvenes su llamada personal a ser Iglesia y a hacer Iglesia. 
La comunidad cristiana se presenta, por tanto, como el contexto natural en el que los jóvenes pueden completar su itinerario educativo, descubriendo la gran riqueza de su maravillosa edad y correspondiendo a la vocación que el Dios de la vida ha previsto para cada uno desde la creación del mundo...”. Queda claro, pues, que la vocación no es un asunto exclusivo entre la persona y Dios. Quien es llamado a cumplir un rol especial en la Iglesia necesita el apoyo concreto de la comunidad cristiana, la que debe sentirse responsable de brindarle todo lo que necesita -en lo espiritual y en lo material- para que pueda responder con generosidad al generoso llamado de Dios.

¡Hasta mañana!

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Vocación y comunidad

Por José Ceschi

¡Buen día! El llamado de Dios para la vida religiosa o sacerdotal está en función de la comunidad cristiana. Esta verdad ha sido subrayada por Juan Pablo II en su Mensaje para la Jornada Mundial de Oración por las vocaciones, del 7.5.95: “En la adolescencia se manifiesta una natural predisposición al descubrimiento de lo nuevo, de lo verdadero, de lo bello y de lo bueno. 
Es en esta edad cuando se tienen las primeras experiencias que marcarán las etapas sucesivas hacia la interiorización de la fe. La comunidad cristiana tiene mucho que decir y que dar a los muchachos que viven esta novedad, porque precisamente el evangelio de la vocación puede dar una respuesta a los interrogantes, a las expectativas, a las inquietudes de los adolescentes y de los jóvenes. 
La comunidad cristiana es guardiana y mensajera de esta respuesta, porque ha sido enviada por el Señor a desvelar al adolescentes y al joven el sentido último de la existencia, orientándolo así hacia el descubrimiento de su propia vocación en al vida cotidiana. Toda vida, en efecto, se manifiesta como vocación que se ha de conocer y seguir, porque una existencia sin vocación jamás podrá ser auténtica. La comunidad cristiana está llamada a hacer posible el encuentro del joven con Jesús, convirtiéndose en mediadora de la llamada y educadora de la respuesta que él espera. Tiene la misión de hacer descubrir a los jóvenes su llamada personal a ser Iglesia y a hacer Iglesia. 
La comunidad cristiana se presenta, por tanto, como el contexto natural en el que los jóvenes pueden completar su itinerario educativo, descubriendo la gran riqueza de su maravillosa edad y correspondiendo a la vocación que el Dios de la vida ha previsto para cada uno desde la creación del mundo...”. Queda claro, pues, que la vocación no es un asunto exclusivo entre la persona y Dios. Quien es llamado a cumplir un rol especial en la Iglesia necesita el apoyo concreto de la comunidad cristiana, la que debe sentirse responsable de brindarle todo lo que necesita -en lo espiritual y en lo material- para que pueda responder con generosidad al generoso llamado de Dios.

¡Hasta mañana!