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/Ellitoral.com.ar/ Cultura

Melodías de golondrina ceja blanca

Esta ave llega al norte de Argentina a pasar el verano. Trae consigo el acento en sus colores, blanco y azul, “este azul que les quiero contar cómo fue. Por momentos se queda en mi piel ilustrándome el paisaje aquel. Ay, este azul. Golondrina que vuelve otra vez”, escribió alguna vez Pancho Cabral. Hoy hablamos de chamamé a través de una canción escrita y musicalizada por Verónica Noguera. 

Por Paulo Ferreyra

Colaboración: Abel Fleita

Especial para El Litoral

Treinta y cinco, treinta y seis, treinta y ¡zas! Se diseminaron, estallaron alegres, según la mirada poética que el autor pretende darle al vuelo grupal de al menos ochenta golondrinas en las afueras de la comunidad. Algunas, solitarias, no pierden las esperanzas de que el barrio vuele como ellas y por eso sobrevuelan sobre techos y patios, libres, seguras. 

Días atrás, muchas de las aves observadas sobre el cable de electricidad fueron golondrinas tijerita. Sin embargo, llegamos hasta allí en búsqueda de unas golondrinas ceja blanca que hace poco tiempo se posaron sobre un poste ahuecado. Es primavera y están urgando el lugar seguro para anidar. 

Aquella tarde de intenso sol, las aves permanecieron largo rato sobre la lomada de verde y marrón vegetal. El año pasado, las mismas características cejas de color blanco, muy discretas, las vimos a orillas del camino, junto al juncal. 

Por momentos, imaginamos que las golondrinas aguardan las escenas necesitadas. Creemos que se posan o vuelan para el agrado del observador. Aunque es más posible que estén capturando sus alimentos en el aire, como verdaderos acróbatas. 

Las imágenes que hoy nos acompañan fueron tomadas entre los meses de septiembre y noviembre, cuando las golondrinas ceja blanca llegan al norte de Argentina a pasar el verano. Son varias las especies de golondrina que sobrevuelan el litoral, por lo que es un desafío poder identificarlas. Junto al puente de madera, desde donde se viven atardeceres inolvidables estas aves utilizan unas invisibles ramas de sostén. Un poco por ser livianas, pero más porque es en el aire donde se encuentra la esencia azul y blanca de su vida. 

Amor libre 

“Lo mío es la cadencia, la dulzura, el tono justo en un repertorio cuidado”, así explicó en una oportunidad Verónica Noguera. Para muchos solo es una intérprete cuando en realidad también es una compositora que pone letra y música a sus pulsiones. Nació en Las Palmas, Chaco, tiene sangre paraguaya y desde su más tierna edad ya vino a vivir a Corrientes. Ha representado a la provincia vecina en más de una oportunidad, en Cosquín y otros festivales importantes de la región. A los 18 años viajó a Japón junto con Los Laikas. La música del litoral corre por sus venas, su piel trasluce la cadencia del decir cotidiano, el ritmo, el gesto tierno de vida. 

Verónica camina hacia su primer paso discográfico como solista. Tiene dos hijos, uno adolescente y una pequeña que juega a ser cantante. “Cuando era chica me paraba sobre una silla y cantaba. La veo a hoy a Victoria y me veo así, jugando a ser cantante”, cuenta mientras abre las puertas de su casa. En sus comienzos, su estilo estuvo preñado de gestos venidos de la cantante misionera María Helena. Hoy va encontrando un sello personal, con un repertorio cuidado donde la raíz y nuestra tierra siempre revolotean en el aire. El amor es cosa muy seria. 

En una nueva página de aves y chamamé hoy nos volamos de la canción “Tu bella melodía”, letra y música de Verónica. Hace poco tiempo hizo una nueva versión del tema con arreglos del acordeonista Oscar Playuk. 

“Ya sea hombre o mujer, mujer con mujer, hombre con hombre o entre todos juntos”, desliza y suelta una sonrisa amplia. “Encontrarnos con el otro es uno de los motivos que merece una melodía. Si bien cuesta dejar el pasado pues somos lo que hemos vivido. Lo que hemos sufrido es lo que nos fortalece y nos ayuda a cambiar. Para ese cambio el amor es fundamental. Creo que el artista está en constante búsqueda, vuela y el encuentro es lo más sublime. Ese momento se asemeja cuando la golondrina llega a la costa. Es el fin de un recorrido, pero al mismo tiempo es el inicio de una nueva etapa. Ese cuadro se festeja de alguna manera y así se plasma en una expresión como puede ser una canción”, describe Verónica Noguera. “No hay que arrepentirse de ningún amor. Hay que vivirlo dure lo que dure”, agrega. 

Ave migratoria 

La golondrina ceja blanca (Tachycineta leucorrhoa) es migratoria, llega en invierno y permanece hasta comienzos del otoño, luego migra hacia el norte. Su hábitat es muy variado: áreas rurales, pastizales, montes y también zonas urbanas. Se alimenta de insectos mientras vuela: hormigas voladoras, moscas, mosquitos y chinches. También puede beber volando rasante sobre cauces de agua.  

Anida en huecos en los árboles o en recovecos de los techos de las casas, caños, parantes de puentes, en cajas nido, en nidos abandonados de otras aves, principalmente de hornero (Furnarius rufus) o de Carpinteros (Colaptes melanochloros y Colaptes campestris). Por lo general son nidos ocultos, elaborados, forra la cámara con pastos y plumas. Las medidas pueden variar según la ubicación. 

El nombre de esta especie se debe a las rayitas blancas, “cejas”, que parten desde el pico hacia atrás por encima de los ojos. Es una golondrina mediana o pequeña, unos 13 centímetros y, por ende, al observarla volando las cejas no son muy notorias. Otras características ayudan a identificarla: su lomo azul oscuro con leves brillos verdosos, las tapadas (ala interna), vientre y subcaudal blancos como también la rabadilla (zona entre el lomo y la cola). La cola es poco furcada, explica el blog Naturaleza y Cultura. 

Esta especie se reproduce desde Bolivia y Brasil (Mato Grosso, Goiás y Espírito Santo) hasta Paraguay, Uruguay y el centro y norte de la Argentina. La mayor parte de su población austral migra al norte al aproximarse el invierno, llegando hasta el sudeste del Perú, el norte de Bolivia y norte de Brasil. Se suele congregar en enormes bandadas de hasta miles de individuos al atardecer. 

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Tu bella melodía

Buscamos encontrarnos 
cual costa y golondrina 
por el camino largo 
de amores y desdichas. 

Y al pasado aferrarnos 
sin poder olvidarnos, 
el tiempo que en la arena 
dibuja al ser amado. 

Amaneciendo en mi portal 
te esperaría 
aunque tu paso sea fugaz 
yo elegiría
dejarte todo mi querer 
como aquel día y 
ser tu inspiración, tu bella melodía.