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“Ni con el pétalo de una flor”

¡Mujeres! la mejor manera de cuidarnos y preservar nuestra seguridad está en nosotras mismas, porque la educación prevaleciente que debemos transmitir a nuestros hijos y alumnos es el respeto por los demás. 

Por Leticia Oraisón de Turpín

Orientadora Familiar

leticiaoraison@hotmail.com 

A las mujeres no se les pega ni con el pétalo de una flor”. Viejo, sabio y educativo refrán que se repetía con insistencia en todos los ámbitos, cuando yo era niña.

Así nos educaban, repitiéndonos refranes, con contenidos de respeto y consideración, que daban para reflexionar largamente.

Lamentablemente, en la realidad de todos los días, antes y ahora, nos encontramos con personas (a veces, buenas personas) que no saben controlar su carácter, sus frustraciones o sus fracasos y con ira in-contenida descargan sus enojos e impotencias en las mujeres que aman. 

Extraño y dañino modo de amar, que, en lugar de edificar y sostener, destruye y lastima.

Estas tristes y decadentes reacciones son fruto de la inmadurez emocional, por no haber sido contempladas en su primera educación por parte de los padres.

Desde niños hay que acostumbrarlos a no dirimir sus desencuentros con violencia y menos, mucho menos, cuando esta se dirige al más débil. Debe grabarse a fuego en los niños y jóvenes, que la brusquedad y el golpe no resuelven ningún problema, ya que solo lo que se consigue con acuerdos, empleando la inteligencia y el ingenio, es solución duradera.

No me cansaré de repetir (como mis mayores) a hijos y alumnos este bello refrán, siempre como advertencia de males mayores, “¡ni con el pétalo de una flor!”, como una bella contención de los malos y perniciosos impulsos.

Cuesta tan poco saber querer, con grandeza, con donación, o sea con entrega personal, y reditúa siempre abundantemente en beneficio personal de quien así actúa.

Por eso, queridos papás y educadores, no dejemos pasar el exabrupto, corrijamos a tiempo y sepamos poner el límite que se necesita en el lugar y tiempo adecuado. Enseñemos control de carácter, para que este pueda ir madurando paulatinamente y no quede estancado en los primeros años sin acompañar el crecimiento cronológico. No es bueno tener adultos con reacciones y berrinches de niños. Ayudemos a crecer armoniosamente, sabiendo contener y limitar toda exageración o capricho.

Cuántos dramas familiares podrían evitarse grabando a fuego en los niños y jóvenes este delicado y fino refrán, “a las mujeres no se les pega ni con el pétalo de una flor”.

Esto que parece tan ingenuo, les aseguro que es efectivo, contra todo escepticismo.

En este tiempo, en que tantos movimientos y organizaciones están abocados a la defensa de la mujer, extrañamente cada día hay más atropellos y falta de respeto a su condición femenina. 

Vemos con dolor cómo aumentan los femicidios, no ya sólo el maltrato, sino también el crimen muchas veces despiadado y excesivamente cruel.

Da para meditar, ¿por qué tanto ensañamiento y perversidad? Algo está fallando. ¿No será que la educación de la primera infancia, se da con más descuido o displicencia? ¿Dónde está la respuesta? Muy difícil de encontrar, pero puede persuadirnos de poner más atención e insistir en la educación de la prudencia y el respeto a los demás.

Hay mucha rebeldía dando vueltas en la sociedad, y esa misma actitud que es contagiosa se retransmite alterando la paciencia y la bondad, que debieran prevalecer en el trato personal y social. Hablar en estos términos parece de Perogrullo, pero se hace verdad a cada momento.

¡Mujeres! la mejor manera de cuidarnos y preservar nuestra seguridad está en nosotras mismas, porque la educación prevaleciente que debemos transmitir a nuestros hijos y alumnos es el respeto por los demás y especialmente insistir en la consideración especial por los más débiles y por supuesto inculcar asombro y admiración por las mujeres y por su tarea en la familia y en la sociedad, como restauradoras de los sentimientos más bellos y tiernos.

Repitámosle siempre: “A las mujeres no se les pega ni con el pétalo de una flor”. 

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