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El emotivo mensaje de despedida y la foto entrañable de un amigo junto a Julián Zini

Un mensaje grabado en homenaje al cura chamamecero mostró la amistad con el cura Víctor Arroyo, con quien compartió desde el seminario hasta misiones pastorales en Corrientes.

Víctor "Coqui" Arroyo, sacerdote diocesano que compartió largos años de amistad con el pai Julián Zini desde su formación católica, grabó un emotivo mensaje de despedida, luego de que el domingo último se produjera la muerte del cura chamamecero a la edad de 80 años.

Arroyo, goyano de nacimiento, con trayectoria en Curuzú Cuatiá, Mercedes, Perugorría y Goya, también ejerció su ministerio en la diócesis de San Juan Bautista de Paraguay. Fue ordenado por monseñor Alberto Devoto, perteneció al movimiento de Curas del Tercer Mundo y orientado por el obispo, fue sacerdote obrero: era mecánico y plomero.

Durante la dictadura militar fue detenido en forma clandestina en el Campo Hípico de Goya y luego pasó una temporada de estudios en Bruselas, Bélgica. Actualmente asiste a las comunidades rurales del departamento de Goya.

A continuación el mensaje dedicado a Zini:

Estimado Julián, me cuesta demasiado hablar en este momento, entrar en la narrativa de todos tus méritos, tu arte, tus dones y capacidades.

Quiero mejor agradecer a Dios lo que fue tu existencia entre nosotros. Hemos compartido 16 años juntos, cuando niños entramos al Seminario de Corrientes. Luego, esos largos años y áridos años en La Plata y unos pocos años de pastoral en Curuzú Cuatiá, nos hemos conocido, querido y respetado tanto, que en estos últimos tiempos cualquier encuentro fugaz nos bastaba para ponernos al día en comunes experiencias y desafíos de este mundo actual.

Quiero nuevamente agradecer a Dios los dones que te caracterizaron y que regalaste a tu iglesia diocesana. Ese inmenso caudal de cantos que, fieles a la liturgia del concilio y a la cultura popular, alababa y bendecía este Dios, ñanderú.

Tu mirada poética, tantas situaciones y personas de nuestro pueblo, ese canto que en tu corazón sensible ponía ritmo y alegría a tu vida. Y hablando de alegrías, que bueno eras  cuando el ambiente necesitaba de tu humor y alguna ironía para seguir adelante.

Es cierto: ese Jesús hermano y señor, ese hombre para los demás, iluminaba tu existencia y te inspiraba ese cariño inmenso por tu pueblo.

Julián, como te extrañaremos en estos tiempos de tantas oscuridades y pesares. Compañero del alma, que en este fogón en el que en mi imaginario te ubica con Devoto, con Angelelli y tantos curas amigos que se jugaron por el pueblo y con tanta gente musiquera que compartías tu tiempo y tus festivales, goces de la plenitud que soñó tu corazón inquieto, soñador y solidario.

Gracias Julián. Y que desde esa nueva luz en la que habitas, esperamos nos ayudes.

"Aún no éramos curas...fue en Curuzú Cuatiá, reunión del presbiterio, el cura de blanco, Daniel Spilere, a su izquierda, Julián", dice Arroyo, que en la gráfica se ubica a la derecha del hombre de blanco. Imagen tomada en el primer trimestre de 1963.

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