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/Ellitoral.com.ar/ Opinión

5 de agosto

Por Juan Carlos Raffo

Corría el año 1935... y el teniente coronel José de la Cruz Masdeu llegaba a Curuzú Cuatiá al frente de soldados del Segundo Escuadrón de Granaderos. 

Este cuerpo militar correntino estaba bajo el mando del teniente coronel Berón de Astrada, quien, asistido por el sargento López Chico, había permanecido en Tranquera de Loreto y la antigua Candelaria por lapso de un año, hasta que pasó a instalarse en Santa María en octubre de 1832 y más tarde en Arerunguá. 

Estos movimientos se efectuaban en defensa del nordeste de la provincia, que por entonces sufría constantes incursiones de los paraguayos. 

Pero al enterarse el gobernador Rafael Atienza de los movimientos políticos que sucedían en el Uruguay, protagonizados por los generales orientales Lavallejas, Manuel Oribe y Fructuoso Rivera, consideró oportuno enviar al teniente coronel Masdeu con soldados al sur de la provincia.

 Al llegar a Curuzú Cuatiá se puso inmediatamente a las órdenes del teniente coronel Berón de Astrada, quien era el jefe superior de las fuerzas destacadas del sur y la costa del Uruguay. 

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