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Confianza perdida

Por María Raquel Bonifacio(*)

Publicado en Perfil

Estamos en el proceso de cambio mundial más grande de nuestra historia. Estos procesos provocan la debilidad de las seguridades básicas necesarias de vida social. Argentina es el ejemplo más claro de estas extenuaciones que implican el desplome  de los razonamientos habituales. Este desequilibrio comienza desde la cúspide de nuestra pirámide institucional y va erosionando todas las capas sociales.  Por supuesto, ante un desplome social e institucional vamos a encontrar muchísimas víctimas que se suman a las del covid, que es el gran protagonista verdugo y ejecutor de los nuevos engranajes del cambio. Por lo astuto y cambiante que es,  parece superar y entorpecer las inteligencias humanas.

Encontramos irracionalidades y discursos incoherentes en todas las escalas sociales. Recordemos que cuando un volcán entra en erupción la gente corre pero, muchos lo hacen tarde. La prevención es el arma más importante que se debe tener ante catástrofes. Y esta que vivimos no nos da espacio a respirar, literalmente. ¿Qué se debe hacer en un momento de cambio tan agresivo como este? Lo primero es reaccionar rápidamente evitando todas las posibilidades de daños económicos, morales, mentales, tanto los colaterales como los secundarios. Pero son los líderes quienes tienen la capacidad  ejecutiva y la posibilidad económica de evitar estos daños. Como dice un refrán: “a río revuelto, ganancia de pescadores”, por eso encontramos especuladores siguiendo ese camino, atropellando a todos aquellos que se encuentran a su paso. Por ejemplo: universidades que cobran por programas de educación virtual, luego no entregan materiales y lo que prometieron no se cumple jamás. Mercados virtuales de entrega de productos a domicilio que dicen hacerse responsables pero en realidad no lo son y todos evitan devolverte el dinero que invertiste. Vacunas que llegan tarde o que no llegan, insumos que no se compran, personal idóneo de la salud que no se contrata. Taxis sin protección de mamparas.  Desabastecimiento alimenticio en algunos mercados. ¿Alguno de Uds. ha pasado por el barrio de Once? Calles que atraviesan la avenida Pueyrredón como Sarmiento y Perón, están superabarrotadas de manteros sin barbijos, que no solo contaminan sino que evitan que los comercios trabajen, obstaculizando el ingreso de los consumidores. A todo esto, agreguemos que suben las tarifas de los bancos, consorcios en crisis, comercios y fábricas cerradas. Viajeros inconscientes. Y podríamos seguir sumando más pérdidas y deterioros. ¿Qué soluciones se deberían de pensar en este gran caos que nos genera una falta de confianza total? La confianza no se regala, se tiene que ganar con la acción nuestra. Antes que nada las vacunas deberían de alcanzar rápidamente a toda la población. El personal de salud debería ser cubierto en todas sus necesidades y la contratación de más personal es urgente. Un contralor más excesivo y minucioso de la defensa de los consumidores. Brindar soluciones habitacionales para los sintecho. Control más efectivo ante la inseguridad. Prestar más atención real a las violencias domésticas. Aumento de la frecuencia de colectivos y trenes para evitar que estén desbordados de pasajeros. Contralor de lo que los centros educativos venden y lo que realmente ofrecen. No hay protección en ningún rubro. Brindar internet en todas la ciudades y hogares. Hoy internet es tan necesario como la luz, sobre todo para aprender y sostener los aislamientos. Pensemos, la cultura puede cambiar, los medios de expresión también, los hábitos se modifican con el tiempo, cenar antes de las horas usuales o aprender virtualmente son solamente costumbres. Especies que no se adaptan a los cambios están destinadas a desaparecer. Los líderes deben aprender a no criticar a los que no piensan como uno, sino a demostrarles que  tienen razón con las actitudes que tomen y generar confianza.

(*) Escritora uruguaya, residente en Argentina. Autora de “Amantes seriales” y “Mukul, más allá del secreto”, entre otros.

 

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