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Qué pasa con el hidrógeno verde

En oportunidad de su viaje a Glasgow para participar en la reunión de la COP26, el presidente anunció, junto con representantes de la empresa australiana Fortescue Future Industries (FFI), el desarrollo de un proyecto de producción de hidrógeno verde en Río Negro. Esta empresa es subsidiaria de Fortescue Metals Group, el cuarto productor de hierro del mundo, y fue creada para incursionar en actividades de futuro respetuosas del ambiente, entre ellas, la producción de energías limpias. El objeto final es la producción mediante electrólisis del agua, de hidrógeno, un combustible no contaminante. Se trata de una tecnología libre de emisiones de CO2 y totalmente compatible con los condicionamientos acordados sobre calentamiento global. FFI ha iniciado trabajos de prospección en Río Negro con el propósito de avanzar en el estudio, el que comprendería, además de la planta, tres parques eólicos con una potencia total de 2000 MW. La inversión podría alcanzar 8400 millones de dólares. Debemos decir que FFI todavía no ha concretado la construcción de ningún proyecto de los que tiene en análisis. Y la realidad es que aquello que se presentó al Gobierno es un plan en estado embrionario. Sin embargo, Fernández lo expuso como una oferta concreta de inversión.

La producción de hidrógeno se realiza hoy principalmente por la vía química, a partir de hidrocarburos. Al producto obtenido del carbón o del petróleo se lo refiere como “hidrógeno negro”. Al que se obtiene del gas natural, “hidrógeno gris”. Solo un 5 % se logra por electrólisis del agua, separando el oxígeno y el hidrógeno y, por no contaminar, se lo denomina “hidrógeno verde”, que nada tiene que ver con su color real. El hidrógeno no es hoy usado como combustible, sino en la industria química, que es la que puede soportar costos y precios más elevados de ese insumo. Su empleo como combustible tendría enormes ventajas ecológicas. Su combustión deja como residuo solo vapor de agua, mientras que la de los fósiles libera carbono con efecto invernadero. Pero el hidrógeno verde aún no puede producirse a un costo competitivo frente al uso del gas natural.

El plazo en que el hidrógeno sustituya otros combustibles estará determinado por la evolución de la reducción de los costos de obtenerlo por electrólisis del agua, usando energía eléctrica limpia, no contaminante. Hoy esos costos son todavía muy elevados y demandan inversiones millonarias en dólares.

No cabe duda de que el hidrógeno sustituirá combustibles de origen fósil. La Argentina dispone de amplias posibilidades de generar electricidad limpia de origen eólico, solar o hidráulico. El agua es abundante, computando también la del mar. El avance de la tecnología deberá hacer el resto para que sea económicamente factible producirlo y usarlo. La prudencia en el anuncio de inversiones debe sobreponerse a la necesidad presidencial de mostrar un hecho como de inmediata concreción sin aclarar que aún falta. Este proyecto, como muchos otros, necesita de tiempo para lograr ser tecnológicamente competitivo. Además, requiere un marco de condiciones económicas e institucionales que no inhiban las inversiones. ¿Qué atractivo puede tener una inversión en energía si gran parte de los precios del sector están congelados y los productores dependen de los subsidios de un gobierno quebrado? ¿Quién financiará inversiones en un país gobernado por quienes consideran justo y patriótico no pagar las deudas? Para promover y favorecer anuncios de potenciales inversiones, nuestro presidente debería trabajar seriamente para crear las condiciones que ellas demandan.

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