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Dólar, FMI y narcotraficantes

Por El Litoral

Sabado, 12 de febrero de 2022 a las 01:00

Desde que anunció el principio de entendimiento con el FMI, el ministro de Economía, Martín Guzmán, asegura que acordó con el staff del organismo que no habrá “salto cambiario” del dólar oficial. 
Las fuentes consultadas en Washington coinciden en que “el único pedido es que la política cambiaria vaya de la mano de la inflación”, es decir, que no use más el tipo de cambio oficial como ancla de los precios. De concretarse este sendero gradualista para el dólar sería toda una novedad para las experiencias de acuerdos firmados con el FMI en los últimos años por países con controles de capitales y brecha cambiaria elevada.
El caso reciente de Angola es emblemático. Durante 2016/2017 usó el dólar como ancla nominal, con alto déficit fiscal, emisión, caída de reservas, cepo y brecha cambiaria a fines de 2017 del 150 %. Pero en 2018 empezó a devaluar fuerte preparando el terreno de la negociación con el FMI, que se inició en agosto de ese año y se cerró tres meses después. 
En los 8 meses previos, el dólar subió 60 % y en los 3 meses de negociación otro 15 %, lo cual permitió achicar la brecha al 40 %.
En ese país africano la inflación de 2017 era de 23,7 % y, devaluación mediante, escaló al 38 % (en 2021 fue 21,9 %). Argentina no es Angola, por ahora. 
Acá, desde abril pasado, el Gobierno pisó el dólar oficial (subió sólo 23 % en el año electoral) para tratar de contener la disparada de precios y aún así la inflación llegó al 50,9 %. Fue la segunda mayor apreciación cambiaria en un año (detrás de 2008) desde la crisis de 2001.
El FMI exige corregir la “distorsión de precios relativos”, levantando las dos anclas (dólar oficial y tarifas públicas), como condición necesaria para reducir la brecha cambiaria, acumular reservas y achicar el déficit fiscal.
Es lógico que Guzmán haya reclamado a los técnicos del Fondo salirse del libreto. Un ajuste cambiario de arranque con un piso inflacionario del 50 %, la mega emisión de diciembre, mecanismos de indexación aceitados y cero confianza, sería un salto a lo desconocido (o al inolvidable final de los 80) en materia inflacionaria.
Pero la meta de acumulación de reservas (USD 5.000 millones anuales) y el compromiso de disminuir la brecha cambiaria sugieren que el Banco Central no podrá vender dólares como lo hizo hasta ahora.
De ahí el reclamo de otros deberes: tasa real positiva, descongelamiento de tarifas y cepo a la emisión para asistir al Tesoro (1 % en 2022 y 0,6 % en 2023).
¿Qué margen de maniobra existe para este “gradualismo cambiario”?
Una forma de medir la magnitud del atraso cambiario, si el dólar está “caro o barato”, es utilizando el llamado “dólar real”. Tomamos la cotización del dólar en distintos puntos del pasado y lo traemos al presente adicionándole la inflación en Argentina y ajustándolo con los precios (tipo de cambio e inflación) durante el período de los principales “socios comerciales” (Estados Unidos, Europa, Brasil y China). Lo que en la jerga se conoce como el “tipo de cambio real multilateral”.
Comparemos en perspectiva histórica el dólar oficial mayorista de hoy en $105, el que controla el Bcra, según los cálculos elaborados por el economista Amílcar Collante:
El dólar de pico de crisis de junio de 2002, tras el estallido de la convertibilidad, cuando el dólar alcanzó un máximo de $4, equivaldría a unos $203 a valor actual.
El dólar “recontra alto” de la gestión de Néstor Kirchner, entre 2003 y 2007, equivale en la actualidad a un dólar de $164.
En diciembre 2007, al inicio del primer mandato de Cristina Fernández de Kirchner, el dólar cotizaba a $163 actuales, un tipo de cambio muy competitivo. Pero en diciembre de 2011, tras ganar su reelección, el dólar —inflación mediante— se había atrasado fuerte: a valores de hoy cotizaba a $113, similar al oficial actual. Contaba con USD 30.000 millones en el Bcra y puso el cepo.
En diciembre de 2015, cuando Cristina dejó el poder el dólar oficial había quedado “súper atrasado”: aquellos $9,80 equivalen hoy a un dólar de $77.
Para evitar un ajuste inflacionario mayor es necesario que el presidente (¿los gobernadores, una parte mayoritaria del Frente de Todos, otro ministro de Economía?) se haga cargo de la gestión política del programa económico que viene y disipe las expectativas de que en este Gobierno todo puede suceder, mientras manotean la lancha.

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