La muerte de decenas de personas y la internación de otras tantas por el consumo de droga mezclada con veneno resultó el catalizador de un debate que atraviesa a la Argentina.
Como disparador de una discusión abierta al público en general, el tema despertó críticas y opiniones que no conducen a nada, pero también propuestas de las más variadas.
En esa vía se manifestó con una lúcida reflexión aparecida ayer en Infobae Luis Jorge Cevasco, fiscal general adjunto del Ministerio Público Fiscal de la Ciudad de Buenos Aires.
Vale la pena repasar sus conceptos.
Asegura que el actual problema del narcotráfico debe tomarse en un contexto de los tabúes.
“Hoy el concepto de lo ‘políticamente correcto’ es el mismo con el que no mucho tiempo atrás hacíamos referencia al tabú, como aquello que no podía ser transgredido sin consecuencias”, empieza diciendo.
Y explica: “Los organizadores del negocio narco ocupan el lugar del Estado en los barrios periféricos y generan una estructura de organización social basada en distintos criterios culturales. Esas estructuras que ocupan el lugar del Estado se convierten en ámbitos de protección social otorgando préstamos, ayuda para tratamientos médicos, protección individual y expectativas de crecimiento económico, a cambio de pertenecer a ellas, desde la infancia. El primer escalón lo constituyen los ‘soldaditos de la droga’”.
“La ausencia del Estado en esos ámbitos es aún más grave que la simple connivencia, o que un criterio de consentir ideológicamente el consumo social de drogas. Es el abandono de la soberanía en toda su dimensión, porque implica la entrega de la gente que vive allí a estructuras mafiosas transnacionales que se rigen por sus propias reglas y establecen nuevas formas de convivencia y pertenencia”.
“Al mismo tiempo, se genera de ese modo un foco de corrupción enorme, porque se trata de organizaciones que mueven siderales sumas de dinero negro y se usa para ‘proteger’ su funcionamiento pagando por ello a la policía y financiando la política”.
“Hoy se ha generado un tabú al respecto, considerando que la drogadependencia es un problema de salud pública y que la persecución del narcomenudeo es anacrónica”.
“Es su consecuencia rechazar como ‘profana’ la persecución penal de la circulación de estupefacientes y descalificar a quienes la promueven como seres que no comprenden la vida social moderna, ignorando que no se trata de censurar la libertad individual sino de combatir una mafia específica, que excede el concepto de salud pública”.
“Ese tabú, instalado en el sistema judicial y en la política en general, permitió naturalizar el narcotráfico y la instalación prácticamente libre de sus proveedores, con las consecuencias antes mencionadas”.
“Los tabúes son creencias y por ello no se puede negociar su validez y vigencia. Entonces, es preciso plantear sistemáticamente en la prédica política en sentido amplio la necesidad de terminar con los tabúes del atraso para volver a la senda del crecimiento y la inclusión social, aunque nos traten de herejes, porque de lo contrario seguiremos en el camino actual que nos lleva al pobrismo, el enquistamiento de las estructuras mafiosas del narcotráfico como única senda de crecimiento y, finalmente, la pérdida de la libertad y la disolución de la estructura social”.
“Es el momento de atreverse a repensar tales tabúes y deconstruirlos, a partir de otros criterios no negociables como corrupción cero, rechazo al enquistamiento político en el poder, defensa de la división de poderes, recuperación del valor del mérito, confianza en el ahorro, privilegio al trabajo productivo y crecimiento a partir de la defensa de los emprendimientos que generan progreso”.
“De no adoptar ese camino, de voltear los tabúes causantes del atraso, serán derrumbados los límites de la convivencia y la cultura de la sociedad republicana y democrática, porque de todas maneras la gente buscará emerger y subsistir por otras vías, como está ocurriendo en varios ámbitos de marginalidad económico social, con el enquistamiento del narcotráfico con su cuota de dolor y violencia, según pasa en Rosario y en grandes sectores del conurbano bonaerense”.