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Un camino alternativo a la dolarización

Por El Litoral

Domingo, 10 de abril de 2022 a las 00:59


Antonio Aracre*
Publicado en Ámbito


En las últimas semanas hemos escuchado diversas voces provenientes de sectores políticos más vinculados al liberalismo sobre las bondades de la dolarización para frenar nuestro proceso inflacionario. Resumidamente, ponderan las ventajas del cerrojo monetario que evitaría el flujo del exceso de dinero sobre los precios, pero no se detienen demasiado en describir las dificultades y los riesgos que traería para sostener crecimiento y reducir el costo del endeudamiento.
La Argentina tiene hace décadas un fenómeno inflacionario persistente que se retroalimenta con mecanismos indexatorios que por un lado le han permitido a la comunidad funcionar y sobrevivir a tamaña complejidad, pero por el otro la dejan encerrada en una inercia alcista muy difícil de escapar.
Si bien la inflación es un problema grave que atraviesa transversalmente a toda la sociedad, el verdadero enemigo menos visible lo constituye la desigual puja distributiva latente en los comentados procesos indexatorios que por lo general terminan en una notable distorsión de los precios más importantes de la economía.
Veamos cuáles son esos precios fundamentales en puja permanente durante un espiral inflacionario. En un país con una matriz productiva muy dependiente de las importaciones, el dólar; las tarifas públicas (públicas más por el tipo de servicio que prestan que por la naturaleza del capital de las empresas); los bienes y servicios que se comercializan en el mercado interno y por último, el eslabón más débil, los salarios y los ingresos de los trabajadores registrados e informales.
Ninguno de estos cuatro precios fundamentales de la economía tienen hoy un ancla predeterminada. Hay sin embargo un sendero de ordenamiento macroeconómico que deja el acuerdo con el FMI que tendrá a mediano plazo un efecto virtuoso en la reducción de expectativas inflacionarias vinculado a la significativamente menor emisión monetaria, la reducción del déficit fiscal y el sostenimiento de tasas reales positivas para contener la presión sobre los dólares financieros.
Si queremos lograr de manera más contundente y acelerada una reducción de la inercia inflacionaria sobre los cuatro precios fundamentales mencionados en el párrafo anterior, debemos plantearnos un plan de estabilización que sintetice básicamente los siguientes puntos y los ejecute antes que termine el primer semestre del año:
 Acelerar la recuperación del tipo de cambio oficial para recuperar el atraso que se mantuvo durante el año 2021.
Aplicar la segmentación de las tarifas públicas que acelere la reducción de los subsidios implícitos en dicha materia sobre las cuentas fiscales.
Recuperar el poder adquisitivo de los salarios deteriorado durante los primeros meses del año en función a la velocidad que tomó la dinámica de los precios de los bienes y servicios, en parte vinculados con el conflicto en Europa. Especial énfasis debería hacerse sobre los salarios más bajos apuntando a una suma fija (¿12.000 pesos?) incorporada a los salarios que represente una recuperación del poder adquisitivo importante para las franjas sociales con ingresos entre 40.000 y 60.000 pesos mensuales.
Asegurar el mayor alineamiento posible con los compromisos fiscales y monetarios previstos en el acuerdo con el FMI.
Atender (y entender) si la dinámica de los precios cuidados requieren algún tipo de revisión y actualización a la fecha.
Cumplidos estos pasos, los argentinos deberíamos proponernos lo que un torniquete hace con una hemorragia. 
Frenar todos los procesos indexatorios de forma mandatoria por seis meses. Romper la inercia devastadora que se nos impone. Y finalmente al cabo de seis meses revisar los precios relativos y corregir quirúrgicamente aquello que haya quedado más distorsionado para iniciar gradualmente el regreso a la normalidad, tal como se reducen los corticoides lentamente en un paciente que sufre una inflamación severa.
La pregunta final que se impone es cuál es el plafón político que existe en la sociedad argentina actual para una concertación de esta magnitud. ¿Elegiremos sentarnos a conversar como nos propuso el presidente Alberto Fernández en el CCK la semana pasada para acordar una salida conjunta de este flagelo? ¿O los argentinos de verdad seremos tan individualistas como para seguir sosteniendo un mecanismo perverso que nos hace mal a todos?

* CEO de Syngenta.

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