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/Ellitoral.com.ar/ Opinión

La suerte y la emisión descontrolada

La popular premisa de que “nuestra plata no vale nada” adquirió una brutal carnadura con los precios que suben por el ascensor y los salarios por la escalera, pero la explicación está más allá y comprende la decisión política de componer la economía de políticas para expandir el consumo. ¿Cómo? Solventando la ampliación del mercado con una emisión descontrolada.

Con una síntesis que oficia de crudo diagnóstico, el especialista Juan Luis Bour —director de la fundación Fiel— publicó en las últimas horas en Infobae una columna titulada “¿Buena política económica o buena suerte?”.

Asunción de Sergio Massa mediante, “de la expansión del gasto público descontrolado financiado con emisión, el giro que anunció el Gobierno lo lleva a la propuesta de austeridad y astringencia monetaria”, reflexiona en su publicación Bour y vale la pena releerlo.

“Tras el fracaso de la política económica, la Administración de Alberto Fernández y la coalición del Frente de Todos han ido modificando su diagnóstico de los primeros dos años y medio de gestión que establecía como pauta de política macroeconómica la expansión sin freno de la demanda de consumo y el gasto público sin importar la forma de financiación del gasto estatal.  Luego de agotar todos los recursos, todos (o casi todos) en la coalición parecen coincidir en que la estrategia también se agotó y que algo anduvo mal. Aunque probablemente el diagnóstico está errado y todavía se la quiere mantener viva”.

“¿Cómo se lograría la supervivencia? Dado que la escasez de dólares se imputa a las compras de energía durante el invierno, bastaría con llegar a la primavera y luego esperar los dólares de las nuevas cosechas. Como el problema para los políticos es la falta circunstancial de divisas se trataría de desacelerar por un tiempo el crecimiento del gasto público concentrando el ajuste en reducir los subsidios al sector privado, sosteniendo por otro lado la porción del gasto que políticamente importa tras resignar subsidios. Es decir, se trataría de sostener el gasto social y algo de obra pública que los gobernadores reclaman del gobierno federal, financiándolo en el mercado local de pesos”.

“Esta solución de ‘cambios menores’ suena bien a los oídos de la política, excepto que como no se atacan los problemas que hacen que la demanda de pesos siga cayendo, la brecha cambiaria se mantenga elevada y creciente, se pierdan los últimos restos de reservas y se sigan alentando las expectativas de devaluación, el Banco Central seguirá emitiendo para financiar al Tesoro y comprando bonos del Tesoro en el mercado secundario. El exceso de pesos terminaría en este caso aumentando la brecha cambiaria”.

“Además, la inyección de pesos terminaría por exacerbar la demanda de bienes de todo tipo —particularmente importados—, aceleraría la inflación y contraería la oferta de bienes —no hay dólares para todos—, desatando una recesión”.

Y profundiza luego: “Si se ensayara una devaluación al estilo K-F (Kicillof-Fábregas) con ajuste fiscal incompleto enfrentaría a su vez nuevos problemas: por un lado agravaría desequilibrios en el mercado energético y aumentaría el gasto en subsidios; por otro lado, partir de un nivel de inflación que casi triplica el nivel inicial en la experiencia del 2014, compraría un nuevo salto inflacionario”.

“Todo indica que esta vez no será diferente, y que como siempre -a menos que haya mucha suerte (plata dulce)- los parches desordenados no sustituyen la buena política económica. La solución de ‘espera’ del Banco Central que supone recomponer sus reservas cuando en septiembre termine la temporada ‘alta’ de importaciones de energía, es una apuesta sin fichas. La solución de Economía de recortar solo subsidios mientras se mantiene el festival de gasto público financiado con deuda doméstica y emisión plantea un escenario más volátil que el que hoy se enfrenta. Nada mal para empezar el 2023”.

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