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Recuerdos del futuro

Siempre en primera persona, no con dualidad por comodidad, haciéndonos la película de un pasado puesto como futuro.

Sabado, 07 de enero de 2023 a las 01:00

Por Adalberto Balduino
Especial para El Litoral

Igual que una película de ciencia ficción, o un poema de Ray Bradbury, el tiempo para los argentinos siempre es el imaginado. Porque la realidad es dura por mostrarnos tal como somos, a cara lavada, sin fueros que nos hagan inocentes, con sueños mal gastados.
Pero el argentino siempre se renueva, se aggiorna, porque la historia no siempre ha sido agraciada con nosotros, por ser como somos. En principio, poco fiables, porque nuestra palabra generalmente no tiene crédito.
Sin embargo, ha encontrado el talismán que le permite sumar las ventajas de ayer, sin el agobio de una inflación implacable; que es adoptar una doble vida el de la apariencia, que le posibilita al ego no resentirse.
Entonces, con toda la ficción de su parte, trata por vivir como antes sin privarse de nada aunque no tenga con qué. Mientras la realidad que es cruel por verdadera, es la vía de escape para putear mil pálidas.
Un país verdaderamente en crisis, realidad en la que estamos insertos, no se muestra tan dadivoso, salvo representar haciendo lo que hacíamos en el pasado, gastar a troche y moche. Un periodista europeo, decía que resulta muy difícil calificar la auténtica realidad Argentina; por un lado alegría desbordante, compras a granel. Más aún, de otra manera no se justifica un país en crisis cómo esta semana, cuando pasaron 14.000 turistas por día con rumbo al Brasil. Y, por otro la queja por los pesos que faltan y su esfumada validez.
Los países que protagonizaron la Segunda Guerra Mundial, llevaron varios años en recomponerse. Sólo el trabajo denodado y nada más que el trabajo logro el milagro.
Sin embargo, aquí donde la economía protagoniza una guerra en que la inflación hace estragos, vivimos adoptando la dualidad de la hipocresía. Por un lado, el llanto. Por el otro, el desboque del divertimento de la Fiesta Inolvidable.
No defiendo los yerros de este Gobierno, pero el pueblo, el ciudadano, actúa como lo hacen sus representantes: a mal tiempo buena cara. No escuchando lo que reclama el ciudadano común, y diciendo lo que nos gusta escuchar: la economía está remontando. Esto me hace acordar, cuando Menem dijo para semblantear la situación: “Estamos mal, pero vamos bien”.
Es decir, “socios” en la mentira como relato único. Lo que nos pasa son como “las joyas de la abuela”, tratamos de revalidar en el desconsuelo el valor perdido, y en nuestra ignorancia hacer lo opuesto a la precariedad. Gastar y no demostrar “bajoneo”, aunque de regreso lloremos, pero tenemos todo un año para inundar de lágrimas.
No estoy en contra del ocio, ni de la satisfacción de gozarlo, ya que cada cual es el artífice de su propio destino, pero entonces no utilicemos dos discursos diametralmente opuestos. Es añorar pasado que alguna vez vivimos felices y hoy lo traemos al presente como recuerdos de un futuro, al cual deseamos volver, pero que no se da.
Para graficar tamaña hipocresía, las dos caras que siempre hacemos gala, es igual a las actitudes no reveladas por el comportamiento y las buenas costumbres, que hacían gala el dibujo concebido por el autor Guillermo Divito para la tira: “El otro yo del Dr. Merengue”. Un personaje popular que nos representa fielmente como somos; decimos una cosa y hacemos otra.
En la jerga popular se lo pinta como “fayuto”, “careta” o “dos caras”, por representar eso y mucho más. Dos procederes en desencuentro permanente por mantener las formas, ser felices como fuere, cuando en realidad es la ética lo que importa. Una sola palabra.

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