Con el fallecimiento de Margarita Leconte Mantilla de Luque, ocurrido este domingo, desaparece una gran dama de la sociedad correntina que se caracterizó por sus dotes naturales y su fina elegancia en ser un referente natural de su familia y de muchas generaciones de correntinos que gozaron de su afecto y comprensión.
Había nacido en esta ciudad el 24 de junio de 1934, hija del escribano Pedro J. Leconte Reyna y de Sara Mantilla, en el seno de un hogar patricio, cuyas raíces se enraizaban en los orígenes mismos de la Corrientes fundacional y entre cuyos antepasados se encontraban, entre otros, el gobernador Pedro Ferré.
Se dedicó a la docencia y a las obras pías, siendo la fundadora, en 1971, de la escuela católica de artes y oficios “María de Nazareth”, que lleva más de 50 años de existencia y por la cual fuera galardonada con el premio Divino Maestro, en 2017, instituido por el Consejo Superior de Educación Católica (Consudec). Asimismo, en 1979, recibió el premio Santa Clara de Asís. También actuó en la Liga de Madres de Familia del Arzobispado y fue benefactora de la iglesia Jesús Nazareno, en otras instituciones. También fue activa en los Cursillos de Cristiandad, de la cual fue rectora y referente durante muchos años. En su casa estuvo Eduardo Bonnin, el fundador que, al igual que muchas otras figuras de la cultura, estuvo alojado en su propiedad.
Amiga de sus amigas, Maguita disfrutó largas tardes en el Corrientes Tennis Club, de su juventud, o en cuanta gala social hubiera. De carácter jovial, cantaba, bailaba y reía con naturalidad, contagiando su alegría a los demás.
Integrante del Partido Liberal, sin buscar cargos, ayudó desinteresadamente al devenir político de la provincia y se desempeñó ad honorem como secretaria personal de su hermano Ricardo cuando ejerciera la primera magistratura entre 1987 y 1991. Recordaremos muchas de sus iniciativas y, en especial, el empeño que puso para colaborar en los actos por los 400 años de la fundación de Corrientes.
Estuvo casada con Ernesto Luque Díaz, con quien tuvo tres hijos –Ernesto “Puncho”, quien partió temprano, Margarita y Virginia- que colmaron de dicha a su hogar, hoy extendido a nietos y bisnietos, quienes fueron su refugio natural, ante las muchas adversidades que le tocó transitar en este mundo, pero con una fe inquebrantable que la llevó a aceptar los designios del Señor.
También fue activa participante del emprendimiento familiar Quo Vadis, una agencia de turismo que fue pionera, en el nordeste, en su actividad.
Su natural bonhomía, su don de gente y su afabilidad natural la convirtieron en una referente de amplios sectores, muchos de los cuales la consideraron como una consejera, y hasta como una segunda madre. Y, en cierta forma lo fue, brindando amor a los desamparados, con esa ternura y humildad que caracteriza solo a los elegidos.
El profundo pesar por su desaparición, cercana a cumplir 90 años, se puso de manifiesto en amplios sectores de nuestra comunidad. Sus restos fueron inhumados en el cementerio Parque del Recuerdo, siendo despedida, con emotivas palabras, por su exsocia y familiar María Luisa Cavalieri de Leconte.
por Guillermo MacLoughlin Bréard