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El bicho

Del libro “Aparecidos, tesoros y leyendas”, Moglia Ediciones.

En tierras del Ingenio Primer Correntino, de Santa Ana Corrientes, en otros tiempos se cultivaba la caña de azúcar, gracias a ella la zona era productora de aguardientes, miel de caña y azúcar, entre otros productos. 

Para el tiempo de la cosecha, los dueños del establecimiento industrial que contaba con instalaciones adecuadas para la producción conseguían mano de obra del Chaco, entonces Territorio Nacional, arreados como ganado aparecían tobas, matacos, vilelas, guaycurúes entre otros, todos pobres y menesterosos. Se los alojaba en ranchos de barro con techos de paja, durante la faena. 

Venían con ellos sus creencias y costumbres ancestrales, en su abandono e ignorancia, consumidos por el hambre hasta habían perdido la fuerza para reclamar un pedazo más de pan. Su pensamiento religioso estaba dominado por los antiguos dioses de la naturaleza, entre ellos aparecía un “gualicho”-diablo- al que llamaban “familiar”, que en el pensamiento mágico lo visualizan como un “bicho” que se transforma en persona. Este familiar se alimenta de seres humanos. 

Decían los indios que trabajaban en el ingenio, que su guarida era en el antiguo túnel que une la chimenea con la fábrica propiamente dicha, afirmaban que el ingeniero a cargo de la explotación había hecho un pacto con el diablo, “el bicho” o “familiar” cuidaba sus sembrados y a cambio recibía por cosecha la vida de un explotado, generalmente uno sin familia para evitar reclamos o búsquedas de parientes o amigos. 

Daba la casualidad que los elegidos para ir al túnel, presuntamente a limpiar nunca volvían a la superficie, desaparecían como por arte de magia, la elección de la 

presa u ofrenda recaía casi siempre en el que pretendía mejor salario o alimentos más abundantes. Dio la casualidad que una de esas selecciones, recayó sobre un indio fuerte, protestón, que llevaba siempre colgado del cuello una cruz de plata y nunca se desprendía del machete su herramienta de trabajo. Cuando el ingeniero le ordenó que bajara al túnel a limpiar, el indio esbozó una sonrisa tenebrosa y amenazante, como si conociera algún secreto del lugar, por cierto que algo había, puesto que había trabajado en otras temporadas en la zona. 

Sin amedrentarse ante la vista de todos los demás explotados, lentamente se dirigió al lugar con sigilo, ingresó a la boca del túnel. Pasaron lentamente los minutos, horas quizás, cuando del acceso del subterráneo emergió el indio, con algunas heridas en brazos y piernas, la cara exhibía un corte en la frente de donde emanaba la sangre que le cubría el rostro, en una mano traía el machete ensangrentado, en la otra la cabeza de un ser humano deforme, dientes saltones y filosos, en verdad un monstruo. 

Con pasos lentos se dirigió al ingeniero que tenía la cara blanca como la cal, le ofreció la cabeza del “familiar” diciéndole: -acá tienes tu bicho come gente, los perros que le acompañaban, toditos ejecutados, sus cabezas las puse en línea para que las veas. El ingeniero perdió la compostura, el terror lo paralizaba, perdió el control de sus esfínteres, las heces y la orina cubrían sus pantalones claros. Lentamente el indio se sentó, tomó la piedra con la que afilaba el machete y comenzó la faena, la luz mortecina de la tarde resaltaba las chispas de la afilada. Como si su voz viniera de otro mundo, tranquilamente le ordenó al hombre paralizado -andá para la oficina traé los jornales como te reclamé a la mañana, colocá las bolsas de galletas, yerba y tabaco a disposición de la gente, que esta noche se van para el Chaco en los dos camiones, y rápido, eh.

Los dos guardias con carabinas del ingenio como producto del hechizo del indio, no movían un dedo, obedecían sin chistar. 

Realizados los pagos y entregadas las bolsas, las mujeres del establecimiento temblaban en sus casas, rezaban a voz en cuello, pero no hubo abusos de ningún tipo, los camiones conducidos por los choferes del ingenio, bajo los efectos del sortilegio obedecían mansamente la voz del chamán, partieron hacia su tierra dejando la zafra a medias. 

Durante la noche las mujeres del ingenio no salieron para nada. Al día siguiente poco a poco se fueron abriendo las puertas, con horror observaron la cabeza del bicho del túnel clavada en un palo, cerca de allí de una rama del árbol pendía el cuerpo del ingeniero, que según dicen los que observaron por las rendijas, como dominado por un ser extraño colocó una silla, pasó la piola sobre un brazo de un árbol y con toda tranquilidad se ahorcó. 

La policía llegó casi al mediodía, escuchaban los gritos desgarradores de las mujeres, la escena era aterradora y lúgubre. El ahorcado y la cabeza sin cuerpo no eran buen augurio. 

Al ingresar al túnel comprobaron que había en él, dos cadáveres decapitados de los guardianes, tres perros feroces muertos sin cabeza desparramados en un escenario grotesco. 

Para sorpresa de todos hallaron, que se encontraba en un costado del túnel abierta una antigua puerta de hierro que llevaba a una habitación soterrada, en ella se acumulaban esqueletos de viejos tiempos, los desaparecidos de esta historia. 

Los lugareños del hoy inhóspito ingenio, escuchan en las noches gemidos y gritos atroces, el gualicho dejado por el cacique quedó instalado en el lugar, por eso la gente dice que allí habita el diablo o el maligno y quien osa desafiarlo recibirá su castigo. No hubo misas ni exorcismos que surtieran efecto. 

 

 

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