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Estamos cambiando o son alucinaciones

Tantos desengaños. Tanto masticar bronca. Por fin la justicia asoma con certezas. Volver a creer que las cosas tienen límites.

Domingo, 12 de febrero de 2023 a las 01:00

Los grandes golpes, las desilusiones, los topetazos diarios, las realidades que emergen como barreras de contención y llamadas de atención, nos revelan que algo está cambiando. 
En el criterio de la gente, en poder calificar lo bueno de lo malo. En añorar, no sin razón, una Argentina mucho más posible cuando la clase media se engrosaba por estudio y trabajo.
Recordamos con gran nostalgia la abundante publicidad sobre cómo amueblar el bienestar logrado con sacrificios, pero logrado al fin.
Una Argentina menos tensa, cuando la corrupción no era por lo menos públicamente, la madre de todas las cosas como objetivo de superación. Cuando aún, no existían programas como “Gran Hermano” destinados a nada, sino ciclos pensados que acompañaban los hogares, por lo menos, con mucha más ética y principios.
Lo que hacía suponer que Argentina no convenía con el facilismo aún, sino que creía profundamente en las instituciones porque algo de moral aún quedaba para proporcionar otra mirada.
El populismo con sus exageraciones y promesas rimbombantes hizo derrapar lo que aún quedaba de principios, se impuso la política como única vía posible de todos los entuertos. Y así no solo hemos sido perjudicados, sino que de tanto machacar creímos lo increíble, convenciéndonos de lo que hasta ayer combatíamos.
Los chantas cubrieron el panorama, los planes, tal vez, en hechos, sin importar de si sí es sí, el asunto radica en prometer por lo tanto: poco y nada, interesa en si el sí es sí o es no.
Pero algo está cambiando, en las actitudes, en el rechazo, en las expediciones de la justicia imponiendo sentencias. En que todo ha dejado de ser sobreseído tan fácilmente.
No obstante el Gobierno Nacional, en su lucha por creerse ellos mismos, entre dientes pronuncia su desagrado por tan hostil respuesta con frases que desvalorizan las instituciones: “(...) exceso de independencia de la Corte”.
Hace poco, el organismo Human Rights Watch, correspondiente a Derechos Humanos, fundado en el año 1978, hizo un elocuente llamado: “Argentina socaba el Estado de Derecho”.
“Se ha socavado de forma progresiva el Estado de Derecho”. Amplió: “(...) la retórica hostil que emplean contra el Poder Judicial y la prensa independiente”. “En Argentina, existen problemas de Derechos Humanos”. Por supuesto, en carrera opuesta, el Gobierno calificó de “inconsistente y parcial”.
Existen principios destinados a encarrilar, poniendo en movimiento el uso de la razón con consabidas definiciones que son la base de lo que de alguna forma es el periodismo, hoy discutido y puesto en duda ante tanto embate, pero que sitúan y marcan claramente la cancha.
Por ejemplo, la fundación Nieman dependiente de la Universidad de Harvard, pregona: “Periodismo es lo que alguien quiere que no se publique. Todo lo demás, son relaciones públicas”.
El periodista Juan Antonio Giner, del Diario La Vanguardia de España, recuerda: “Un periodista es un contador de historias que inquietan, emocionan y hacen pensar”.
Porque en pensar está la cosa, poner en movimiento ese aparato de gran sensibilidad, que se da por persuadido elaborando un criterio. Que en definitiva es una toma de conciencia ante tanta barbarie de tal mediocridad, que distorsiona, confunde y elude de no convenirle.  
Porque al fanatismo no hay con qué darle, cuando lo político se convierte en “religión”, es pregonar en el desierto porque la sinrazón que la obsecuencia ha construido es imbatible. 
Pero las sentencias comienzan acumular razones para celebrar un postergado cambio, donde la primera reacción es el sentido común de las cosas. Lo que uno lamenta es tanto tiempo perdido, utilizado únicamente por la politiquería de baja estofa discutiendo únicamente internas.
Pareciera ser como en las pesadillas, que cuando creemos haber alcanzado ese país que siempre soñamos, algo sucede que nos impide poder hacerlo realidad. 
Y no son los otros, somos nosotros mismos con la facilidad para el aplauso, el abrazo y el beso, para cuanto adalid de prometedores candidatos surjan.
Nos entregamos vilmente por características y circunstancias que nada tienen que ver con honestidad, planes de trabajos, proyectos serios que califican una Plataforma de Gobierno. Sino por el aspecto, como si eso fuera lo único importante.
Pecamos una y otra vez, nadie evalúa su comportamiento de idoneidad y demostración de capacidad, llevado a cabo en los últimos años, como muestra de reaseguro para otorgarle con toda confianza “las llaves del departamento”.
Si bien ya nada nos asusta por más crueles que fueren, hay una conciencia que ha ido creciendo, de pronto las “coronitas” que siempre se llevan lo mejor dejan de tener rigor porque la justicia tímidamente asume su papel.
Esperemos que el logro no se desgaste, sino que crezca cada día más, anteponiendo límites justos que convierta en creíbles sus acciones. Volver al orden es la meta. Volver a creer. Tener cabalidad y certeza. Entidad.

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