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/Ellitoral.com.ar/ Especiales

Carrera histórica: presencia correntina en la Vuelta del Chaco

Varias tripulaciones de Corrientes largaron el sábado 20 de mayo en la décima edición de la Vuelta del Chaco, una prueba que recrea los grandes premios de Turismo Carretera de hace 70 años. Vehículos de más de medio siglo, que podrían estar en un museo, aceleraron y llegaron a destino. Toda una proeza.

Los autos antiguos pueden disfrutarse en los museos, pero desde una perspectiva unilateral, en la que necesariamente el observador debe agudizar la imaginación para sacar sus propias conclusiones sobre cómo se desempeñaba el vehículo en sus años jóvenes. Pero hay otra forma de apreciar a las máquinas de antaño y es utilizándolas en distintas condiciones, especialmente viajes largos por carreteras como la reciente prueba histórica denominada Vuelta del Chaco. 

Hasta esa competencia simbólica, que rinde tributo a los hidalgos pilotos que a mediados del siglo pasado cruzaban el país 260 kilómetros por hora en los grandes premios de TC, concurrió este enviado del diario El Litoral con una misión: revivir las aventuras que en sus tiempos de gloria protagonizaran los Gálvez, los Emiliozzi, el propio Fangio y un grande de la región litoral como es el caso del querido Lolo Carauni.

La Vuelta del Chaco recrea los derroteros pero no constituye una carrera típica. Es un paseo al que pueden sumarse autos de más de 30 años de antigüedad o modelos especiales de edición limitada, convocados por la agrupación Amigos de los Clásicos (ACA), entidad que llevó a cabo el pasado 20 de mayo la décima prueba histórica por ruta y caminos de la provincia vecina.

En la largada hubo varias tripulaciones correntinas como por ejemplo Xosé Formoso y Juani Verdura, ambos representantes de la marca Torino (miembros de un grupo de amigos llamado “Corrientes Toro Club”). También fue de la partida Aymará Sucharkiewicz con un Mustang GT de generación actual, mientras que este diario tuvo como representante a este columnista con un Volkswagen Kafer (escarabajo alemán) de 1960.

El trayecto de casi 1.000 kilómetros (hasta Charata y General Pinedo) se cumplió bajo una constante lluvia que no implicó mayores inconvenientes técnicos para las máquinas más entradas en años. De hecho, hubo una delegación de 11 Mini Cooper venidos de Paraguay que se desplazaron por la autovía 16 como si no les hubieran pasado los más de 30 años que pesan sobre sus carrocerías.

El sentido de esta demostración dinámica de las virtudes que caracterizan a vehículos despojados de toda electrónica, la mayoría de ellos todavía equipados con sus carburadores originales y encendidos a platino, consiste en que la carrera se disputa contra uno mismo. Para que se entienda: el piloto que se pone a los mandos de un antediluviano Peugeot 404 de los años 60 (había uno en perfecto estado) sabe que aunque haya revisado todos los aspectos funcionales de su corcel mecánico, siempre algo puede fallar.

Como dicen los participantes de estas maratones de clásicos, “el triunfo es llegar a la meta y regresar sanos y salvos”, objetivo que concretaron las más de 50 tripulaciones convocadas por los organizadores Edgardo Picchio, Marcelo Bognano, Daniel Callonego, Pocho Roganovich y Pablo Ayala, quienes también viajaron a los comandos de sendos clásicos aunque en un caso (el de Bognano) un conductor se preservó para conducir la van de apoyo que, por cierto, hubo de entrar en acción cuando estalló el radiador de una preciosa Estanciera de 1960.

El hecho de que automóviles de más de medio siglo surquen distintos caminos en condiciones meteorológicas de lo más adversas (algo que le agregó un entretenido condimento a la faena rutera), arriben a destino y regresen a sus respectivos garajes por sus propios medios es de por sí una proeza.

Queda demostrado con estas carreras históricas que los autos ancianos muchas veces pueden continuar prestando servicios a pesar del paso del tiempo, en plena revolución de la tecnología digital y frente al intento global de imponer sus defunciones por decreto, ante la irrupción de los eléctricos.

Los pilotos y copilotos de la Vuelta del Chaco demuestran que no es tiempo para jubilar a los autos de combustión interna. En especial si son clásicos que se utilizan esporádicamente, lo que reduce su índice de emisiones a niveles que están muy por debajo de –por ejemplo- los colectivos urbanos, que son todos diésel.

Los defensores de las motorizaciones térmicas se frotan las manos frente al impulso de los vehículos ecofriendly, porque también los Torino, Falcon, Mustang y Peugeot 504 podrán convertirse en vehículos de emisiones neutras en poco tiempo. Y si no lo creen, pregunten por la nafta sintética que se fabrica en el sur de Chile.

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