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La representación de la sociedad

Por El Litoral

Jueves, 04 de abril de 2024 a las 17:59

El historiador y miembro del Club Político Argentino y Profesores Republicanos Jorge Ossona, definió a la realidad social en la Argentina dle 2024 como una crisis de representación, en la que los movimientos en las profundidades de la sociedad desdibujan las identidades, divisiones y preferencias políticas vigente hasta ayer.
Se trata de una lectura obligatoria para entender qué ocurre en la autopercepción de la gente en su sociedad real mientras los debates de la coyuntura transcurren por otro lado.
 Hace un año empezaba a extenderse la percepción de que lo que hasta hacia bien poco parecía obvio –el recambio del cuarto kirchnerismo por una nueva versión de JxC- se había tornado dudoso; y que el resultado de los comicios era, por lo tanto, impredecible.
Por aquel tiempo, las acciones del outsider anarco libertario Javier Milei lucían devaluadas. De modo que tampoco se esperaba una fuga de votantes de las dos grandes coaliciones formada tras el tsunami del 2001 por ese lado.
Otra duda circulaba en el aire: ¿Se llegaría a las elecciones o todo saltaría antes por los aires? El resultado inflacionario de abril, que duplicaba la promesa del Ministro de Economía-Presidente, la ameritaba.
Pero otro sentimiento se fue extendiendo a la par: el desinterés plasmado en la promesa de muchos de no ir a votar o a hacerlo en blanco pues “todos eran lo mismo”. El desánimo se acentuó tanto en los votantes de un oficialismo aun sin candidato como en el frente opositor sumido en una interna feroz. (...)
La Argentina lucia como una sociedad despolitizada en la que sus dirigentes profesionales vivían en una dimensión absolutamente lejana a los problemas de la ciudadanía.
Nada era fortuito. Luego de doce años de estancamiento y de sucesivos fracasos políticos iba de suyo que en las profundidades de la sociedad estaban transcurriendo cambios difíciles de dilucidar. De hecho, el retorno del kirchnerismo de 2019 resultó menos de una ilusión como la de 2011 (...)
Así y todo, el sistema parecía consolidarse: luego de la colosal paliza de la PASO, la “remontada” del presidente Macri en las elecciones generales orillaron arrancarle a Alberto Fernández un balotaje. Los tantos parecían consolidados en los guarismos finales: 48 y 41. Si Fernández fracasaba, el dispositivo de recambio estaba ahí. Pero más allá de los estragos de la pandemia, la gestión albertista superó a los peores escenarios imaginables.
La pobreza, que abarcaba en 2019 al 35% de la población, ascendió al 42%; y al 56% de nuestra infancia. El peronismo kirchnerista, que había prometido erradicarla y retornar a la sociedad salarial, solo la administró mediante fórmulas paliativas plagadas de peculados. (...)
Sutilmente, se adivinaba una claudicación procedente de la conciencia de sus límites ideológicos: era irreductible; y había que aprender a convivir con ella idealizando a la potente cultura marginal y sindicalizando a los pobres en grandes organizaciones de dirigentes elegidos por el poder como interlocutores.
Se transitó, así, de la esperanza del retorno al trabajo a la ética del simulado por las contraprestaciones indignas del subsidio crónico. (...) El empobrecimiento asedió a trabajadores informales, formales y a segmentos crecientes de la clase media. (...)
El pronunciamiento de esta saga soterrada irrumpió en las elecciones. (...)
La Argentina expresó así un inmenso revulsivo sociocultural tangible en el estupor del resultado electoral y los rasgos de un liderazgo político de naturaleza aun inasible. Pero todavía blindado por una mayoría esperanzada que intuye que una eventual solución de la actual encrucijada transitará por andariveles diferentes a los hasta ahora conocidos y responsables de nuestra decadencia.

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