Es común escuchar entre algunos comentaristas políticos afines al gobierno e incluso entre quienes se califican a sí mismos como detractores, que no existe la oposición política y por tanto Milei avanza desmedidamente. Permítaseme disentir con el concepto de inexistencia opositora, incluso creo puedo identificar claramente la oposición y sus principales referentes.
Lo que caracteriza al sistema democrático, del que presume occidente desde la Ilustración hasta nuestros días, es la posibilidad de configurar un sistema político que dé reconocimiento a la oposición política como productora del disenso y el desacuerdo, a la vez, al menos en teoría, que permitan ejercer control, crítica y propuestas alternativas de gobierno.
Los mentores del Mileismo, tratan de construir un poder monopólico y hasta tiránico dentro de las instituciones de la república, nada que ver con el liberalismo que propugnan, compran voluntades, presionan, extorsionan, niegan cualquier espacio de participación. Para ese poder real, que siempre estuvo con mayor o menor influencia, Milei está puesto para representarlos, y es un instrumento desechable o intercambiable.
Ese Poder que representa el actual gobierno tiene, aunque lo nieguen, oposición política en general y también de grupos políticos en particular, es decir de partidos políticos hasta movimientos sectoriales (jubilados, trabajadores, estudiantes etc.) y no es solo de formas es fundamentalmente de fondo, podríamos decirlo vulgarmente es poder contra poder. Al poder opositor tal vez más heterogéneo le falta organización y método, pero ya se va a ir acomodando.
Esa organización es un tópico fundamental para pensar la política de una manera diferente y las posibilidades de configuración de una mecánica de participación duradera en el tiempo. La oposición entendida en estos términos, es una faceta importante de la nación, que debe adecuar su accionar al funcionamiento del régimen político/democrático que las normas imponen.
Quienes desconocen la existencia de una oposición, dispersan la misma o tal vez más precisamente la presencia de cualquiera que se plante como referente opositor, juegan directa o indirectamente para el poder oficial, haciendo posible la monopolización y la decadencia institucional propiciada desde el gobierno.
El reconocimiento social de un polo opositor, puede que dependa de la institucionalidad, pues el gobierno en el ejercicio de la política que el poder real le impone, puede reconocer una oposición que no es tal, la acepta y hasta la presenta como legítima, le garantiza espacios de visibilización y hasta le reconoce el ejercicio y disputa por el poder, es la oposición que le conviene. “Al elegir al oponente, se aseguran de enfrentar a alguien cuyas vulnerabilidades ya conocen”, si juegan en su tablero ya tienen la victoria asegurada. Para los opositores es fundamental impedir que el enemigo le cargue las armas.
Pero el hecho es que hay oposición real, con ambición de Poder, esa es la que el gobierno quiere desconocer rechazar, ningunear, presentar como ilegítima, perseguir por todos los medios buscando anularla. Mirando un poco el panorama nacional ya reconocemos claramente a quiénes no le dan los fondos que le deben, ningún ATN, ni adelanto de fondos, a quiénes no socorren ni siquiera ante los desastres de la naturaleza. También en el espacio opositor puede aparecer lo que ahora llaman outsider, alguien que en apariencia esta fuera de la política.
Quizá hay alguno que puede mostrarse con mayor fuerza que otros por sus posiciones políticas. Por ejemplo, es la primera vez en ésta etapa democrática que un Gobernador de la Provincia de Buenos Aires está tan enfrentado al Gobierno central, que no se calla nada, que ofrece alternativa de poder y que tiene la vara política y moral más alta que el común de los políticos y ahí incluimos a todos los partidos.
Seguro no es el único, el Movimiento Nacional está cargado de cuadros políticos, con conocimientos y ejercicio funcional, quizá no tan conocidos pero que pueden instalarse en la opinión pública y ofrecer sus proyectos. Para ello hacen falta mecanismos no solo de promoción sino también de definición de las candidaturas posibles. Eliminar las PASO es una definición aún no cumplida y ante la posibilidad de que no se realicen, el campo popular debe garantizar una selección transparente de quien ejerza la representación. Siempre existe la posibilidad que el consenso determine un candidato único. Lo que no hay es posibilidad de imposición, las experiencias anteriores no fueron buenas.
Ahora ya no depende solamente de quienes muestran la voluntad, nos concierne a todos los que queremos algo diferente para la Argentina, es tiempo de asumir responsabilidades, construir poder desde la oposición pensando en la toma del poder.
El dialogo, la discusión, la negociación, la tramitación de los disensos darán un crecimiento que pondrá a esa oposición en posibilidades de dar la batalla. Esto es Unidad con Proyecto.
Nada será fácil, el gobierno atacará sin piedad y con violencia, infiltrará, corromperá, manipulará decisiones bajo la premisa de que las disputas intestinas debilitan el ideal colectivo, de ahí la necesaria unidad del campo popular, para repeler esa arremetida. De cualquier manera, el gobierno no la tendrá fácil, el deterioro social por su política económica, discriminatoria y corrupta las está haciendo mella. Mirar para atrás o culpar periodistas ya no da resultado.
La interna o el internismo es inevitable y por otra parte no es malo siempre que se unifique el mensaje producto de un proyecto común. La clave es utilizar un lenguaje directo y comprensible para todos, evitando tecnicismos, y centrarse en ideas clave que generen confianza y credibilidad. Además, el mensaje debe ser empático, emocional y positivo, conectando con las necesidades reales de la gente.
Recordemos para no cometer los mismos errores de situaciones anteriores, que, cuando nos ganan, no se puede culpar al ganador por ello, está para eso, lo que hay que hacer es revisar por qué perdimos nosotros.