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/Ellitoral.com.ar/ Opinión

¡Es la política, no la economía, estúpido!

“Efecto Roldana: la misma velocidad que tiene la bolsa cuando cae, hace que el balde suba. Macri y Milei son producto de una bolsa muy pesada en caída, que se llamó Cristina Kirchner.”

Santiago Cúneo, en GPS

                   Los analistas se devanan los sesos tratando de explicar la extraña formula que en la Argentina produce resultados desconcertantes: crisis con esperanza es igual a imagen positiva de Milei.

                   Es la lucha en la mente ciudadana, del crudo presente contra un pasado desastroso, que germina en una semillita de esperanza para el futuro.

                   Y, ya no es luna de miel con la nueva gestión, ya pasaron cinco meses. Parece ser un proceso todavía instalado en la mayoría, aunque no definitivo lógicamente. Aun cuando se observe caída de la inflación, luego de fuertes golpes en alza como los de diciembre y enero pasados, paralelamente se mensura una baja del consumo importante, como también una caída significativa de la actividad económica, que en otros términos significa recesión.

                   Con la acumulación de reservas del Banco Central, ya ralentizada, el único indicador en alza es el rubro de venta de automóviles, una inflación en baja que se duda responda a datos objetivos de la macro, antes bien una caída del poder de compra de los argentinos, un superávit financiero con dibujos del Excel y postergación del cumplimiento de obligaciones estatales, no llegan a constituir parámetros válidos para esperanzarse en el sólido inicio de la recuperación económica del país.

                   El torpe intento de presentar un superávit trimestral dibujado, puso de manifiesto la necesidad del gobierno de mostrar algún éxito en su política económica. Pero el remedio fue peor que la enfermedad, porque queddó en evidencia lo poco que se ha avanzado en reducir de manera permanente los gastos del estado.

                   Según un informe de la consultora Ecolatina, y el análisis del sitio Chequeado.com, el superávit anunciado está integrado por “motosierra” (verdadero ahorro) en un 28,3% (suspensión de la obra pública, despido de empleados públicos, eliminación de transferencias a las Provincias como el Fondo de Incentivo Docente, etc.); “licuadora” (pérdida del valor por ajuste por debajo de la inflación, que no es un verdadero ahorro) en un 59,8% (de los cuales el 38% corresponde a jubilaciones) y la postergación de pago a las energéticas un 11,9%.

                   Con un Banco Central todavía vivito y coleando a pesar de los anuncios electorales de Milei, la suba de impuestos (especialmente el impuesto País), la vuelta de la cuarta categoría de Ganancias otro tanto, y unas cuántas medidas más que refuerzan la presencia del estado en la economía, podría decirse que se está haciendo exactamente lo contrario a la teoría libertaria.

                   Es cierto, las mismas se presentan en público como integrantes de una primera etapa de sacrificio, en la que se hace exactamente lo contrario a lo que predica la doctrina de gobierno. Habrá que creerles y esperar.

                   Menos impuestos por más impuestos, menos estado por más estado, y cuando me refiero a estado no lo hago en función del número de oficinas o empleados, sino en la evidente y casi hegemónica incidencia en la vida de la población de la institución presidencial.

                   Poco antes de las elecciones de 1992, Bush padre era considerado imbatible por sus éxitos en la Guerra Fría y en la Guerra del Golfo Pérsico. Sin embargo, su rival Bill Clinton apuntó a una estrategia de campaña dirigida a los ciudadanos y sus necesidades más inmediatas. De ahí, la frase de su estratega, James Carville, “es la economía, estúpido”, que se hizo popular y Clinton ganó la elección.

                   Lo cierto y concreto es que en la Argentina del año 2024, la política antes que la economía, está teniendo particular incidencia en el imaginario ciudadano. No se apoya al presidente por sus resultados económicos, se lo hace porque se tiene confianza en que todo mejorará de la mano de las políticas de Milei.

                    “Es la economía, estúpido”, se cambia por “es la política, estúpido”, dónde en la expresión no sólo caben las promesas y los diagnósticos libertarios, sino también esa pesada bolsa de la herencia política de Cristina Kirchner, que en la roldana, al decir de Cúneo, hace subir el balde libertario a alturas no previstas.

                   Si en el contrapeso de la bolsa de Cúneo, en lugar de la herencia kirchnerista pusiéramos los logros económicos mileístas, seguramente el balde caería al piso.

                   Inés Capdevila, en la Nación, pone de manifiesto la situación inversa que se da en otros países. En el Brasil de Lula, en los EEUU de Biden, la economía va en alza, se percibe en la escala doméstica, y sin embargo no pueden traducir en mejora de sus respectivas imágenes o intención de voto.

                   Pero como en la política tanto como en la economía, el carácter de ciencias sociales les confiere un carácter cambiante, no resulta raro que Milei en breve pueda reunirse con la suerte de Lula y Biden, a poco que no se vean resultados que alienten a los “tifosi”.

                   Si hay un país dónde le cabe como anillo al dedo la frase de Clinton, ése es el nuestro, aunque paradójicamente, no son los resultados económicos los que mantienen alta la imagen de Milei, antes bien es su promesa de cambio de la vieja “casta” política.

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