VERÓNICA ECHEZARRAGA
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Además de música y baile, el chamamé es cultura y es ritual, un ritual que invoca a las energías más elevadas. El chamamé invoca a la virgen, al amor y a los santos que le dan identidad. El Carnaval jujeño también es cultura, es identidad y, según lo vivido el jueves en el Cocomarola, también es ritual, pero un ritual que llama a energías distintas a las que está acostumbrado el chamamecero.
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Así las cosas, se podría decir que lo que sucedió en la séptima luna de la Fiesta Nacional del Chamamé fue un choque de rituales. Frente a la imagen de la Virgen de Itatí desfilaron personajes con máscaras demoníacas y hasta se hizo una invocación colectiva disfrazada de show: “En carnaval desenterramos al diablito del carnaval, al diablo bueno, al diablo de la picardía. Entonces pido ayuda porque ese diablito tiene que tener ganas de salir de su mojón y dice así: ¡¡¡Soltame!!!”, grito que fue repetido tres veces cada vez con más potencia.
En otro orden de cosas, hay que decir que mientras dentro del predio la gente estaba amuchada, afuera había una fiesta aparte, una gratuita, una donde las personas estaban cómodas con silletas y conservadoras o sentadas en improvisados barcitos instalados en la calle. En el lugar el sonido no era bueno, pero había baños químicos y el espectáculo se podía apreciar bien en las pantallas gigantes.
“Mírenlo, no importa el nombre, pudo ser Joaquín, Ernesto, Transito, Isaco, cualquiera de nuestros chamameceros, y es el dueño de la fiesta, su callado bastonero, sin querer, todos, le entregamos las riendas del sentimiento, por eso la concurrencia, siente cosquillas adentro, y le retoza el alma, ni bien abre el instrumento. Parece un rito sagrado, se inclina el chamamecero, cierra los ojos y elige un chamame bien de adentro, que es una víbora hermosa, que parece estar en celo, porque se enreda y se enreda hasta clavar su veneno, en los tobillos del damo. Y ya desde ese momento, el correntino va herido, no baila, reza, sus gestos hablan por él. Mientras tanto, mientras se va retorciendo se desangra por la cancha, la herida de su silencio. Lleva arrastrando los pies, en sinuoso viboreo, amaga, gira, se hamaca, se planta en el zapateo” (fragmento de Chamamecero).
Chamamecero es quizás el recitado más poderoso del chamamé y, si lo reza Julio Cáceres, resulta estremecedor hasta el llanto. El inicio del show de Los de Imaguaré fue magistral. Julio abrió su noche con este recitado y sin querer hizo una invocación necesaria, invocó al espíritu del chamamé y marcó la cancha para lo que vendría más tarde con Los Tekis.
Chamamecero fue escrito por el pai Julián Zini y describe de manera inigualable a quienes sienten a este género correr por sus venas.
Más tarde, cuando el reloj marcaba aproximadamente la 1 de la madrugada, Los Tekis subieron al escenario y también iniciaron el show con una invocación. “He despertado, que tiemble la tierra que se asuste la vergüenza y que los cuerpos se enciendan. Mírenme bien, no ignoren mi llamado. Cuando aparezco no hay pena que aguante ni tristeza que resista. Despierten, yo decreto, ya no se duerme, solo se baila y se disfruta, porque ha llegado mi tiempo, el tiempo del carnaval”. Este decreto fue lanzado desde la pantalla gigante con la imagen de un bufón o diablo del carnaval diseñada con inteligencia artificial.
El choque de identidades se dio y fue claro. Además de las invocaciones antes dichas, la imagen de la Virgen de Itatí entronizada hace una semana durante un ritual que incluyó canto, danza y hasta la bendición de un cura, compartió escena con diablos de muchos colores que parecían haber cobrado vida en la figura de los cantantes y músicos jujeños disfrazados con llamativas máscaras.
A mitad del show, otro decreto llegó desde las pantallas gigantes: “Qué rápido pasa el tiempo, el tiempo del carnaval, que la pasión domine sus días porque este tiempo todo lo transforma, la realidad se vuelve ilusión y no se iguala, sean libres”, llamando así al descontrol que pregona la fiesta jujeña.
Si bien el título de la nota habla de un choque de rituales, también se podría decir que el jueves: “dos identidades opuestas convivieron en el escenario Osvaldo Sosa Cordero”. Esta periodista eligió hablar de choque, pero la interpretación queda a criterio del lector.
Lo obvio no se debate
¿La gente disfrutó del show jujeño? Sí, disfrutó y mucho. ¿Los artistas cumplieron con la consigna de tocar solo chamamé? No cumplieron, solamente interpretaron (de manera brillante) un par de temas con el viceintendente de la capital correntina y voz de Los Alonsitos Ariel Baez. Pero a esta altura de la fiesta eso pasa a ser anecdótico, no vale ni el debate.
El chamamé necesita proteger su identidad, y si los funcionarios que momentáneamente tienen la tarea de cuidarlo, invitan y festejan a quienes no lo hacen, poco más se puede decir. Solo resta recordar que la Unesco tiene la potestad de quitar el título de Patrimonio Cultural e Inmaterial de la Humanidad al Chamamé si este pierde la identidad que lo hizo digno de esa condecoración. Cada uno sabrá cómo quiere pasar a la historia, si del lado de los que consiguieron el título, o del lado de los que lo perdieron.
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La grilla
Es importante remarcar que, además de lo planteado párrafos atrás, la noche del jueves en el Anfiteatro fue impecable. Una vez más, Los de Imaguaré ofrecieron un show de excelencia y lo hicieron con Jorge Rojas, un artista que supo estar a la altura de este histórico conjunto.
Otro de los grandes fue Amandayé, un grupo que, además de hacer buena música, vive el ser chamamecero.
Más temprano, el dúo Delvalle Fernández defendió con palabra y acción al chamamé de calidad, ese que privilegia los sonidos cuidados y refinados y las letras que exponen la identidad.
Entre las mujeres, Luli Fernández sorprendió con un espectáculo impecable de principio a fin y se convirtió en otra de las artistas jóvenes con mucha proyección. Las Guaina Porá se presentaron después de Los Tekis devolviendo al Cocomarola lo mejor del chamamé.
La grilla del jueves fue extensa y digna de ser revivida a través del YouTube de la 35.ª Fiesta Nacional del Chamamé.
La crítica debe sumar
Las críticas deben ser constructivas o no ser. Decir, “esto no es correcto” o “esto es feo, o está mal”, no suma cuando la intención es aportar y por eso resulta fundamental buscar alternativas. En ese marco vale recordar que la nota de la sexta luna chamamecera hizo foco en el hacinamiento que se sufre en el Cocomarola desde el lunes pasado.
Si bien para este año ya están vendidas las entradas y poco es lo que se puede hacer al respecto, sí es posible ofrecer una alternativa a los que aman el chamamé pero no quieren pasarla mal entre la muchedumbre. Para ellos una buena posibilidad es ir al Cocomarola con silletas y conservadoras, pero no entrar. Esta opción es válida porque las calles que circundan el predio están preparadas para recibir al público. En el lugar hay pantallas gigantes, baños químicos y hasta un sector de bares con una amplia oferta gastronómica. El sonido no es bueno, pero todo lo demás sí.