Por José Luis Zampa
Entre la liturgia del pasado y el hambre del futuro, Franco Colapinto firmó en Shanghai una actuación que no solo rompió una sequía de puntos para su historial, sino que devolvió a los argentinos esa vieja costumbre de madrugar para ver a un heredero de Reutemann peleando con los consagrados.
El mundo habló de dos pibes que sobresalieron en el Gran Premio de China. Uno italiano, Kimi Antonelli, el ganador más joven de la Fórmula 1. Y el otro argentino, Franco Colapinto, cuyo desempeño fue brillante a lo largo del fin de semana a pesar de distintos infortunios que el oriundo de Pilar superó con talento y perseverancia.
El décimo lugar obtenido en Shanghai no es la mejor ubicación de Franco en la F1 (fue octavo con Williams en Bakú 2024), pero significó el fin de una sequía de puntos que se extendió por 511 días para el segundo piloto de Alpine, consecuencia de un 2025 signado por el bajo rendimiento del modelo que el equipo de Enstone utilizó el año pasado.
El punto logrado por el argentino representó el preludio de un futuro promisorio que entrelaza el buen rendimiento del A526 con los atributos ya conocidos de Colapinto, un gran largador capaz de encontrar espacios imposibles en los primeros metros de carrera y un guerrero con el temple requerido para acelerar al máximo, adelantar limpiamente y defender con eficacia. Todo eso a pesar de contingencias como la que enfrentó en la vuelta 33 del GP chino, al ser embestido desde atrás por el francés Esteban Ocón (Haas).
La experiencia de ver a un piloto argentino en zona de puntos no solamente fue una motivación extra para los aficionados a la Fórmula 1, sino que significó un reverdecer de la pasión para los hinchas que esperaron más de 40 años hasta ver a un connacional en el nivel que ostentó Carlos Reutemann, el último gentleman driver en hacer ondear la bandera albiceleste en los circuitos más difíciles del planeta.
Los que tenemos más de 50 años repetimos el domingo una ceremonia que era parte de la liturgia de los fanáticos del Lole en los años 70 y 80: despertarse de madrugada, mientras el resto de la familia dormía, para hacer fuerza por la Ferrari, el Lotus o el Williams guiado por el santafesino que cerró su trayectoria con un subcampeonato y 12 victorias, entre decenas de podios y poles.
Colapinto aun no llega a las marcas de Reutemann, pero todo indica que avanzará hasta acercarse a los logros de los argentinos que brillaron en la categoría reina, desde Fangio a Froilán. De hecho, en la carrera de Shanghai, Franco se convirtió en el primer piloto nacido en estas pampas en completar un giro en la segunda posición, detrás del ganador Antonelli desde que Reutemann, en 1982, lo hizo por última vez.
El segundo lugar del Alpine guiado por el muchacho de Pilar fue efímero y producto de un safety car enviado por la FIA ante el despiste del Lance Stroll (Aston Martin), lo que obligó a la escudería dirigida por Flavio Briatore a modificar la estrategia sobre la marcha.
El primer auto de Alpine, conducido por Pierre Gasly, había largado desde el sexto cajón de la grilla con neumáticos medios, mientras que Colapinto lo hizo con duros con el objetivo de resistir más tiempo en pista y así adelantar a los pilotos de punta (que habían elegido compuesto intermedio) a medida que fueran ingresando a boxes con intervalos de tiempo que permitieran al segundo Alpine escalar posiciones escalonadamente, en distintos momentos de la competencia.
Pero ante la temprana presencia del auto de seguridad todo se precipitó. La enorme mayoría de pilotos con cubiertas semiblandas buscó los talleres para colocar cauchos duros, mientras que el argentino no tuvo más remedio que quedarse donde estaba, detrás de Antonelli, con las mismas ruedas del comienzo y la esperanza de mantener el ritmo ante el ataque de rivales con mejor grip en cada curva.
Así, cuando la carrera volvió a la velocidad lanzada, Franco entró en su primera refriega con Ocón y logró contenerlo a costa de una degradación pronunciada en su eje delantero. Tapó todas las vías de adelantamiento hasta alterar los ánimos del hombre de Haas, pero no pudo aguantar el embate de los autos más veloces como la Ferrari de Hamilton y el Mercedes de Russell.
Con los dos Mercedes y los dos Ferrari por delante, el Alpine 43 enfrentó una nueva odisea que exhibió la maestría de su conductor cuando, ante una nueva carga de Ocón, aguantó la posición para permitir que Gasly, su coequiper, se posicionara en la sexta colocación fruto de un trabajo en equipo que el francés agradeció luego de la bandera a cuadros.
¿Qué hubiera pasado si Stroll no dejaba su Aston Martin tirado en la vuelta 9? Es muy probable que el argentino hubiera podido mantener el sexto puesto en el que giraba cuando el canadiense se detuvo en pleno circuito, por detrás de Gasly, porque su largada había sido fenomenal no solamente gracias a la ausencia de los dos McLaren, sino porque el segundo Alpine se metió por el medio con una convicción a prueba de balas, para ganar nada menos que seis posiciones en la primera vuelta y escapar del trompo que en medio del pelotón protagonizó el Red Bull de Hadjar.
En la vuelta 33 Colapinto fue llamado a boxes cuando iba en el puesto 11. La parada fue perfecta y marcó sólo 2.4 segundos, pero se complicó cuando, al salir por delante de Ocón, el francés metió la trompa donde no debía y embistió al argentino, quien salió del trance con el talento de los grandes, al acelerar en medio de la trayectoria obligada por un golpe a su rueda trasera derecha, con los consiguientes daños al piso del auto.
Lo demás fue una carrera de resistencia y determinación en busca de la zona de puntos. Lo consiguió cuando faltaban pocas vueltas al posicionarse décimo, por detrás de Carlos Sainz. “Estuve a punto de hacer una locura tirándome por cualquier lado para pasarlo, pero por suerte me contuve”, confesó un Franco molesto por los contratiempos, disconforme con el punto cosechado, sin evaluar que el mundo lo aplaudía, que cada día se acerca más a la cima y que, como dijo Martin Brundle, la Fórmula 1 de hoy ya no puede prescindir del “Nene”.