Ya se sabe que el porvenir es intrínsecamente impredecible y eso claramente no mutará. Un pequeño cambio en un rincón del universo puede desencadenar un efecto dominó y arrasar con todo lo conocido en cuestión de horas o a lo sumo de un puñado de días.
No menos cierto es que la evidencia empírica demuestra de una forma irrefutable que aquí estarán vigentes nuevas reglas de juego que ya rigen en otros territorios que están transitando esquemas precoces que aún no han tomado fuerza en estas naciones.
Lo absolutamente interesante es que en el pasado ese devenir era extremadamente lento. En economías avanzadas emergía una novedad y tardaba décadas en rebotar en el resto del planeta. Eso ahora es completamente veloz, tan repentino que en pocos meses puede impactar sin que la mayoría haya registrado el incidente.
En ese entonces era casi inviable conocer ese recorrido de vanguardia ya que los trechos eran gigantescos, ya no por los kilómetros que había de por medio sino por la complejidad de trasladarse para acceder a la modernidad. Eso ahora es demasiado sencillo.
"La conclusión es demoledora. El futuro está pasando, pero no al mismo tiempo para todos. Hay que abrir los ojos para identificar esas realidades adelantadas y plantearse cómo serán en sólo tres años. Es dejar de reaccionar y comenzar a diseñar. Las organizaciones que ponen foco en este talento, no como ejercicio teórico sino como praxis ejecutiva, toman determinaciones con otra perspectiva. No se trata de averiguar cómo llegar al año que viene sino a los siguientes que parecen lejanos, pero están a la vuelta de la esquina."
Esto tiene una importancia superlativa especialmente en el ámbito de los negocios ya que privarse de esta herramienta es prescindir de una habilidad estratégica en tiempos de cambio vertiginoso. No estar al tanto puede llegar a ser letal para una empresa.
En la ciencia ficción, viajar al futuro requería de una máquina exótica. En el presente, ese artefacto es mucho más accesible y su nombre es capacidad de anticipación. Hoy, son muchos los que ya concretaron ese sueño admirando lo que está ocurriendo en esos paraísos terrenales en los que las transformaciones que por aquí recién empiezan ya están desplegadas. En este mundillo empresarial, mirar hacia adelante no es mera curiosidad: es sinónimo de supervivencia.
La economía global se mueve en frecuencias distintas. Mientras en algunos sitios los “jugadores del sistema” operan con inteligencia artificial generativa integrada a los procesos, automatización acelerada, modelos basados en datos y culturas organizacionales adaptativas, en otras regiones esos mismos avances aún se perciben como tendencias emergentes. Esa brecha eventual es, paradójicamente, una oportunidad y permite palpar el futuro en vivo, sin necesidad de imaginarlo.
"Este enfoque requiere humildad intelectual. Dejar de insistir en que el contexto local es “único” y animarse a comprender que muchas de las respuestas que se buscan ya se están plasmadas de sobra. Requiere también de vocación por el aprendizaje: mirar casos, estudiar lo que hacen las compañías que lideran la transformación digital y conversar con quienes ya atravesaron esas etapas."
Eso ya existe, sólo que está distribuido de manera heterogénea dependiendo del rubro de actividad. Lo que para algunos países es una rutina estratégica, para otros todavía es una discusión inicial. Los líderes astutos deberían observar, viajar, literal o mentalmente, a esos escenarios prósperos para regresar con ideas concretas, preguntas disruptivas y decisiones audaces. Es muy trascendente comprender que la distancia no es geográfica, sino temporal: lo que allí ya sucedió, aquí sucederá, y quien se prepare profesionalmente antes estará listo para ganar.
Ejemplos sobran. Algunas empresas asiáticas y europeas están adoptando modelos de producción flexible, cadena de valor digitalizada y gestión basada en datos que permiten tomar decisiones en tiempo real. Silicon Valley discute cómo liderar con algoritmos y capital humano ampliado por IA, mientras buena parte de Latinoamérica todavía debate si la inteligencia artificial reemplazará o no empleos. En Japón, la cultura de la mejora continua lleva décadas instalada mientras aquí aún se lucha por incorporar prácticas básicas de eficiencia. En las sociedades más evolucionadas las empresas se adaptan a políticas estrictas de sustentabilidad ambiental como parte de su estrategia central. En nuestra región, el tema recién empieza a escalar en la agenda corporativa.
"El liderazgo del futuro no es el que interpreta bien el presente, sino el que toma decisiones como si ya estuviera viviendo lo que viene. El desafío es anticiparse cumpliendo las reglas del presente, pero pensando con la lógica de lo que se asoma. En un mundo donde la disrupción es constante, la ventaja no está en ser el más fuerte, sino el más preparado para lo desconocido."
La conclusión es demoledora. El futuro está pasando, pero no al mismo tiempo para todos. Hay que abrir los ojos para identificar esas realidades adelantadas y plantearse cómo serán en sólo tres años. Es dejar de reaccionar y comenzar a diseñar. Las organizaciones que ponen foco en este talento, no como ejercicio teórico sino como praxis ejecutiva, toman determinaciones con otra perspectiva. No se trata de averiguar cómo llegar al año que viene sino a los siguientes que parecen lejanos, pero están a la vuelta de la esquina.
Este enfoque requiere humildad intelectual. Dejar de insistir en que el contexto local es “único” y animarse a comprender que muchas de las respuestas que se buscan ya se están plasmadas de sobra. Requiere también de vocación por el aprendizaje: mirar casos, estudiar lo que hacen las compañías que lideran la transformación digital y conversar con quienes ya atravesaron esas etapas.
"Viajar al futuro no necesita pasaporte, sólo una mentalidad estratégica capaz de leer lo que está ocurriendo allí donde operan con un lustro de margen de maniobra. Detectar patrones, entender hacia dónde van los mercados globales, adoptar hoy dinámicas que otros implementarán mañana, allí radica el verdadero poder competitivo. El que hoy logra comprenderlo y actuar antes que los demás, será quien finalmente triunfe, o al menos sobreviva."
El liderazgo del futuro no es el que interpreta bien el presente, sino el que toma decisiones como si ya estuviera viviendo lo que viene. El desafío es anticiparse cumpliendo las reglas del presente, pero pensando con la lógica de lo que se asoma. En un mundo donde la disrupción es constante, la ventaja no está en ser el más fuerte, sino el más preparado para lo desconocido.
Viajar al futuro no necesita pasaporte, sólo una mentalidad estratégica capaz de leer lo que está ocurriendo allí donde operan con un lustro de margen de maniobra. Detectar patrones, entender hacia dónde van los mercados globales, adoptar hoy dinámicas que otros implementarán mañana, allí radica el verdadero poder competitivo. El que hoy logra comprenderlo y actuar antes que los demás, será quien finalmente triunfe, o al menos sobreviva.