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“La visibilidad es una trampa. El poder disciplinario se ejerce haciéndose invisible, mientras somete a quienes vigila a una visibilidad forzada”
Michael Foucault, “Vigilar y Castigar”
Palantir es una empresa tecnológica estadounidense fundada en 2003 por Peter Thiel, Alex Karp y otros, con financiamiento inicial de la CIA, que se especializa en la recolección, cruce y análisis masivo de datos mediante inteligencia artificial.
Trabaja principalmente con gobiernos, agencias de inteligencia y fuerzas militares -entre ellos el Ejército de Estados Unidos, el ICE y los servicios de seguridad de Israel y Reino Unido-y su modelo de negocios consiste, en esencia, en venderle al Estado la capacidad de saberlo todo sobre sus ciudadanos.
Peter Thiel llegó a Buenos Aires con familia, valijas y algo más: el peso específico de quien no viene de turismo.
El dueño de PayPal y cofundador de Palantir se instaló en Barrio Parque, compró una mansión valuada en doce millones de dólares, almorzó con Santiago Caputo, y luego fue recibido en la Casa Rosada por el presidente Milei junto al canciller Quirno.
La reunión fue declarada confidencial. Los periodistas acreditados, ese día, no pudieron entrar a Balcarce 50. Pocas veces la metáfora fue tan literal: donde llega Palantir, la transparencia se va.
“Palantir es seguridad interior, control social, objetivos militares. La gigantesca empresa trabaja con los gobiernos de EEUU, Israel y Gran Bretaña, entre otros. ¿Para qué vendrá a la Argentina?”
Conviene saber de qué se habla cuando se habla de Palantir. Sus herramientas permiten cruzar datos de diversas fuentes -cámaras, redes sociales, registros financieros, GPS- para perfilar individuos, lo que despierta serias preocupaciones sobre la privacidad y un Estado vigilante. No es ciencia ficción ni distopía literaria. Es el presente de quienes ya firmaron contratos con esta empresa.
Estados Unidos utiliza el software de Palantir para cuestiones de seguridad interna y objetivos militares, por ejemplo le ha servido para realizar los operativos de identificación y “caza” de inmigrantes a través de la policía especializada ICE.
La pregunta que los argentinos deberíamos hacernos es para qué la querría este gobierno a una empresa como Palantir. Y aquí la respuesta asusta, porque el terreno ya está preparado.
El DNU 941/2025, promulgado por Milei en enero de este año, no es una reforma técnica de la normativa de inteligencia: es la arquitectura jurídica de un Estado que quiere verlo todo.
El decreto establece el secreto absoluto al clasificar todas las operaciones de inteligencia como "encubiertas". Los agentes pueden detener personas sin orden judicial. El llamado "señor Cinco" —el jefe de la agencia— tiene la facultad de convocar a las Fuerzas Armadas para tareas internas.
Y la definición de "inteligencia" es tan deliberadamente ambigua que habilita la persecución de ciudadanos y periodistas por motivos políticos, o simplemente por divulgar información que el poder preferiría silenciar.
Casualmente, muchas de las cosas que ese decreto establece son servicios que da Palantir. La casualidad, en política, es un lujo que los ciudadanos no pueden permitirse.
“Si a la presencia de Palantir, le sumamos la paranoia del gobierno mileísta, tenemos un combo cuyo resultado no es difícil predecir”
El temperamento del presidente agrega una variable que no es menor. Milei ha demostrado una y otra vez que concibe a sus críticos como enemigos, a la oposición como traición, y al Estado como una herramienta de sus convicciones antes que como una institución al servicio de todos.
Es más, su paranoia ha ido en aumento. La descabellada medida de cerrar la sala de periodistas de la Casa Rosada por un programa de TN, es un claro ejemplo.
En ese contexto, dotar al gobierno de una plataforma de vigilancia masiva, con capacidad de cruzar datos biométricos, financieros y de redes sociales en tiempo real, no es una mejora tecnológica: es la construcción de un panóptico.
Tampoco es un dato menor la ideología de Thiel y, especialmente de su socio en Palantir, Alex Carp, que abogan por la aplicación del “hardpower” (poder duro) a la política, y descreen que la libertad económica sea compatible con la democracia.
El manifiesto de veintidós puntos publicado por Palantir en abril sostiene que el poder duro de este siglo se basará en el software. En prueba de sintonía ideológica fue reposteado entusiastamente por Santiago Caputo desde su cuenta personal.
“Coincidencias ideológicas entre Thiel y Milei no es un buen dato para entrever las razones de la presencia de Palantir en la Argentina”
Versiones periodísticas sostienen que Thiel ya se reunió con autoridades de la SIDE durante su visita a Buenos Aires. Si eso es cierto, el cuadro se completa con una coherencia que alarma: modificación por decreto de la ley de inteligencia, reunión secreta en Casa Rosada, contacto con el servicio de espionaje, y un empresario que compra casa en el país como quien se instala para quedarse. No hay que ser conspiracionista para ver el patrón. Hay que ser, apenas, ciudadano atento.
La libertad que Milei pregona en sus discursos y en sus libros de cabecera tiene un límite preciso: el momento en que el Estado sabe todo de todos, puede detener a cualquiera sin un juez que lo autorice, y puede llamar al Ejército para vigilar las calles.
Ese es el límite en que la libertad deja de ser un principio y se convierte en una palabra. Tocqueville lo advirtió hace casi dos siglos. El DNU 941/2025 lo convirtió en decreto. Y Palantir está lista para convertirlo en software.