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Maca peruana vs maca negra: diferencias culturales y de uso histórico

Por El Litoral

Lunes, 01 de diciembre de 2025 a las 06:00

La maca es uno de esos alimentos que lograron trascender su origen andino para convertirse en un símbolo internacional de vitalidad, energía y tradición. Aunque hoy aparezca en cápsulas, polvos y suplementos vendidos en todo el mundo, su historia es profundamente local, vinculada al clima extremo de los Andes y a los pueblos que aprendieron a cultivarla y a usarla mucho antes de que existiera la nutrición moderna. Dentro de ese universo, las distintas variedades de maca —y en particular la diferencia entre la clásica maca peruana y la maca de tonos más oscuros— despertaron un interés creciente. En un contexto donde se mezcla ciencia, tradición, ritualidad y comercio, entender estas diferencias desde una mirada cultural e histórica permite ver un panorama mucho más complejo que el simple debate nutricional.

Orígenes y significados de cada variedad

Cuando se habla de la raíz andina, enseguida aparece la distinción entre los tipos cultivados. En los relatos campesinos, las diferencias entre ellas no se describen solo en términos de color o sabor, sino también como parte de una cosmovisión que asocia cada variedad con energías específicas, usos rituales y propiedades transmitidas de generación en generación. Estos significados no surgieron para adaptarse al mercado moderno, sino como una manera de interpretar los ciclos naturales y las respuestas del propio cuerpo frente a los alimentos disponibles en zonas de alta montaña.

La región donde nació la tradición del cultivo de maca se caracteriza por temperaturas muy bajas, suelos duros y una altitud que condiciona todo, desde la respiración hasta la forma de organizar la vida diaria. En ese entorno, la maca no era solo un alimento: era una herramienta cultural. Formaba parte de la dieta, sí, pero también de ceremonias de pago a la tierra, de rituales de agradecimiento, de celebraciones comunitarias y de prácticas curativas que combinaban hierbas, oración y conocimiento ancestral.
La maca negra, que en los relatos más antiguos se obtenía con mayor cuidado y en menor cantidad, era valorada por motivos que iban más allá del sabor o del contenido nutricional. Mientras que la variedad amarilla —la más difundida y la que después se internacionalizó como “maca peruana”— tenía un rol cotidiano y transversal, la variedad negra solía reservarse para ocasiones o necesidades particulares. Con el tiempo, esta diferenciación simbólica se mezcló con los usos medicinales que las comunidades fueron transmitiendo oralmente.

La maca en la vida cotidiana de los pueblos andinos

Mucho antes de que se hablara de suplementos o compuestos bioactivos, la maca era parte de la base alimentaria de las poblaciones andinas. Su cultivo estaba profundamente ligado a los ritmos de la naturaleza, a las lluvias, a la fase de la luna y a rituales comunitarios que buscaban asegurar una cosecha sana. En varios pueblos se creía que la tierra “regalaba” la maca como una raíz de fortaleza, capaz de sostener el cuerpo en condiciones extremas. Por eso aparecía en preparaciones diarias como sopas, harinas, panes y bebidas fermentadas.

La variedad más clara se consumía de manera habitual porque era la más accesible y abundante. Su sabor más suave permitía integrarla en preparaciones familiares y su almacenamiento prolongado la convertía en un seguro alimentario para épocas en las que la cosecha era baja. La maca oscura, en cambio, solía reservarse para momentos de mayor exigencia física o emocional. En algunos relatos recogidos por antropólogos, se menciona que se ofrecía a quienes volvían de jornadas extenuantes en altura o a personas que atravesaban momentos de enfermedad o debilidad.

La maca también cumplía un rol en la transmisión cultural. Las abuelas enseñaban a las generaciones más jóvenes a elegir, secar y moler las raíces. Esa tarea no era solo técnica: formaba parte del aprendizaje identitario. La raíz andina era, y sigue siendo, un símbolo de continuidad, un puente entre lo ancestral y lo cotidiano, un recordatorio de que la vida en la montaña requiere resistencia, pero también respeto por los ciclos de la tierra.

Diferencias en la ritualidad y en el simbolismo histórico

Aunque hoy se hable de la maca principalmente desde su perfil nutricional, en las comunidades originarias ambos tipos tenían lecturas simbólicas distintas. La raíz más clara se asociaba a la vida doméstica, a lo comunitario, a la energía que sostiene el día a día. Se la entregaba a las familias jóvenes y a quienes necesitaban alimentarse para el trabajo agrícola. En cambio, la raíz oscura tenía un carácter más introspectivo, ligado a la resistencia y la introspección. No era raro que se ofreciera en rituales específicos, especialmente en aquellos en los que se pedía fortaleza para atravesar tiempos difíciles o para acompañar etapas de transición en la vida.

En algunas comunidades, el color más oscuro se interpretaba como una metáfora de la profundidad de la tierra. En otras, como un símbolo de un tipo de energía más concentrada. Es importante aclarar que estas interpretaciones no eran homogéneas: cada pueblo daba sus propios sentidos dependiendo de sus mitos, su historia y su organización comunitaria. Los antropólogos que estudiaron la zona en el siglo XX destacaron que la maca, independientemente de su color, era una raíz asociada a la reciprocidad: uno toma de la tierra, pero también le ofrece algo a cambio, ya sea en forma de rituales, de cuidado agrícola o de prácticas simbólicas que refuerzan la relación con el territorio.

De la tradición local al fenómeno global

El salto de la maca al mercado internacional transformó por completo su presencia cultural. Lo que durante siglos fue un alimento doméstico y ritual pasó a convertirse en un producto exportado, empaquetado y comercializado bajo discursos que mezclan ciencia, marketing y medicina alternativa. La maca peruana, en sentido comercial, no es una variedad específica sino un nombre paraguas que engloba a toda la producción nacional. Esa simplificación favoreció el comercio, pero al mismo tiempo diluyó muchos de los matices culturales que distinguían a las variedades.

La maca negra, por su parte, fue presentada en el mercado global como una versión “especial” con beneficios más intensos. Esa narración se alimentó tanto de estudios preliminares como de reinterpretaciones modernas de los relatos tradicionales. El problema es que, al adaptarse al consumo internacional, muchas veces se pierden las lecturas culturales más profundas. Lo que para las comunidades andinas era símbolo de resistencia, para las marcas se convirtió en una estrategia de diferenciación comercial.

Aun así, la creciente difusión global también generó un interés renovado por su origen. Varios productores locales comenzaron a enfatizar prácticas agrícolas tradicionales, cosechas en altura y formas de secado al sol como una manera de recuperar el vínculo entre el producto y su territorio.

Lo importante es analizarlo desde la mirada de los pueblos

La diferencia entre la maca peruana y la maca negra no se entiende del todo si solo se observan sus colores o los análisis de laboratorio. Para las comunidades que la cultivaron durante siglos, cada variedad tenía una historia propia, un rol definido y un significado que iba mucho más allá del aporte nutricional. La raíz formaba parte de la identidad de los pueblos de altura, de sus rituales, de sus relatos familiares y de sus modos de entender la vida en un ambiente desafiante.
Hoy, en un mundo donde estos productos circulan como suplementos, recuperar esa mirada histórica permite darle un contexto más profundo al debate actual.

 

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