El Año Nuevo llegó distinto a San Luis del Palmar. No hubo brindis multitudinarios ni mesas largas en muchos hogares. La medianoche encontró a decenas de familias lejos de sus casas, con el agua todavía marcando el ritmo de los días, aunque con una noticia que trajo algo de alivio ya que el nivel del Riachuelo comenzó a bajar.
Un pueblo bajo agua
Según el pluviómetro ubicado sobre la ruta 5, la altura se ubicó en 4,48 metros y en descenso. Sin embargo, la cantidad de evacuados se mantiene sin cambios son 450 sanluiseños en 13 centros y son muchos los vecinos que, sin pasar por los centros oficiales, se autoevacuaron en casas de familiares o amigos, buscando resguardo mientras esperan poder volver.
En ese contexto, la noche del 31 fue atravesada por una solidaridad que no descansó. Desde temprano y durante toda la jornada, camionetas de grupos de amigos, asociaciones y organizaciones sociales ingresaron a los barrios afectados cargadas de ropa, alimentos no perecederos, colchones y donaciones de todo tipo. Algunos llegaban por primera vez; otros repetían el recorrido, ya conocidos por los vecinos.
Al mediodía, el gremio de Camioneros preparó y sirvió el almuerzo para todos los evacuados. No hubo preguntas ni listas estrictas, también comieron quienes se habían autoevacuado y se acercaban hasta el lugar donde humeaban las ollas. La escena se repitió una y otra vez, platos servidos, agradecimientos en voz baja y chicos corriendo entre mesas improvisadas.
El Merendero La Luna sostuvo el servicio de desayuno y merienda, mientras que el Municipio continuó con la entrega de bolsas de mercaderías. Personal municipal no solo asistía a los evacuados formales, sino que también tomaba nota de los autoevacuados que reclamaban atención, para poder incluirlos en la ayuda.
La salud pública también estuvo presente. Profesionales atendieron a personas afectadas por la emergencia y, en paralelo, un equipo de veterinarios se ocupó de las mascotas. A la par, grupos de rescatistas ingresaron a zonas aún inundadas para asistir y rescatar animales que habían quedado aislados por el agua.
Cuando el sol empezó a caer y la cuenta regresiva para el Año Nuevo se acercaba, un grupo de amigos salió en camioneta a recorrer los barrios más golpeados. En la olla llevaban arroz con pollo, preparado para compartir en la previa de la medianoche. Repartieron porciones, saludos y el deseo de que el agua siga bajando y que el año nuevo sea más leve.
En ese mismo recorrido, el padre Epifanio acompañó a Defensa Civil en la distribución de mercaderías y también llevó ayuda de manera particular a los evacuados que se encontraban en distintas capillas. Su presencia fue una más entre tantas manos tendidas en una noche cargada de emociones.
San Luis del Palmar recibió el 2026 con incertidumbre y cansancio, pero también con una certeza compartida que cuando el agua avanza, la solidaridad se multiplica. En ese gesto colectivo, muchos encontraron la fuerza para empezar un nuevo año.