La embriaguez en militares a lo largo de la historia ha sido un problema recurrente, a menudo ligado al aburrimiento, la necesidad de evadir el trauma del combate o celebraciones. Ejemplos extremos incluyen la Batalla de Karánsebes (1788), donde soldados austriacos borrachos se atacaron entre sí, y la distribución de vodka en el ejército ruso.
"Ni ebrio ni dormido" es una frase hecha, muy popular en Argentina, utilizada para enfatizar una negativa rotunda o una decisión inquebrantable de no hacer algo bajo ninguna circunstancia, ni siquiera en un estado de inconsciencia o pérdida de juicio.
Hay sucesos que marcan definitivamente la historia (y el 25 de Mayo, por supuesto, es uno de ellos en la nuestra). Y hay personajes que dejan una sentencia que perduraría por siempre, pero que se van extendiendo por generaciones y en otros aspectos de la vida.
Ni ebrio ni dormido - El 6 de diciembre de 1810 la Primera Junta expidió el Decreto de Supresión de Honores, que detonó la relación con el Presidente Cornelio Saavedra.
“Ni ebrio ni dormido” es un dicho popular argentino, utilizado para reafirmar una determinación de no hacer alguna cosa bajo ninguna circunstancia. Es una frase usualmente atribuida a Mariano Moreno. Está emparentada con la frase “ni en pedo”, ya que la voz de lunfardo “pedo” - y especialmente, las expresiones “ponerse en pedo y “ estar en pedo” - remiten a la borrachera; al igual que el verbo “empedarse”. ?
Origen - El origen de la frase se remonta a la época de la Revolución de Mayo, siendo acuñada por Mariano Moreno. Durante una fiesta en el Regimiento de Patricios uno de los concurrentes, Atanasio Duarte, en un alto estado de ebriedad propuso un brindis “por el primer rey y emperador de América, don Cornelio Saavedra, quien era en ese entonces presidente de la Primera Junta.
El decreto de Supresión de honores tenía por objeto mantener la igualdad de los miembros del gobierno con los demás ciudadanos, considerándolo un requisito esencial para mantener la libertad y preservar de la tiranía. Para ello dispuso la eliminación de privilegios y tratamientos especiales a los miembros de la junta de gobierno sin distinciones: “Si deseamos que los pueblos sean libres, observemos religiosamente el sagrado dogma de la igualdad”.
Habló con énfasis Mariano Moreno y dijo: ¿Si me considero igual a mis conciudadanos, por qué me he de presentar de un modo que les haga pensar que son menos que yo? Mi superioridad solo existe en el acto de ejercer la magistratura que se me ha confiado; “en las demás funciones de la sociedad soy un ciudadano, sin derecho a otras consideraciones que las que merezca por mis virtudes.” (Decreto del seis de diciembre de 1810, cita 4 Nociones de historia del derecho argentino. Selección documental. Miguel Ángel Ortiz Pellegrini. Marcos Lerner editora Córdoba.)
El artículo 11 del decreto del seis de Diciembre de 1810 (de Supresión de honores) de la primera junta de gobierno rezaba: “Ningún habitante de Buenos Aires ni ebrio ni dormido debe tener expresiones contra la libertad de su país”.
La frase formó parte del célebre Decreto de Supresión de Honores, que Mariano Moreno hizo publicar el 6 de diciembre de 1810 en La Gazeta de Buenos Aires como una manifestación enérgica de la Primera Junta, surgida durante la gesta de mayo.
El disparador de la frase fue un capitán de húsares llamado Atanasio Duarte quien, en Suipacha pidió un brindis por “el futuro emperador del Río de la Plata, don Cornelio Saavedra”. Para la historiografía, Saavedra -presidente de la Junta- encarnaba el ala “conservadora” de la Junta y Moreno, su secretario, el ala “radicalizada, también autor del Plan de Operaciones y de la represión sin piedad de cualquier reacción realista.
“Moreno era considerado por muchos el ala jacobina. Intentará encauzar la revolución hacia el llamado a un Congreso Constituyente que defina si los territorios estaban en condiciones de emanciparse de España y, en tal sentido, romper con el orden monárquico. Estos dos bandos terminaron en una ruptura a los pocos meses” define Marcela Ternavasio, una de las historiadoras actuales, que estudió con mayor profundidad aquel período fundacional del país.
No se andaban con vueltas: Moreno consideró que Duarte debía ser “llevado al cadalso” por sus palabras. Pero, con la atenuante de su ebriedad, se lo enviaba al exilio. La energía de Moreno -a sus 32 años- se extinguió pocas semanas más tarde.
También, entre la leyenda y una parte significativa de la historiografía, se atribuye que su misión a Londres para la compra de armamento -misión en la que iba a morir- fue parte de un complot saavedrista para terminar con él y los suyos. Moreno partió el 24 de enero de 1811. Ya embarcado en la fragata inglesa “Fama” con su hermano Manuel y Tomás Guido como secretarios, se sintió mal y murió el 4 de marzo de 1811 en alta mar y su cuerpo fue arrojado a las aguas: Su esposa Guadalupe se enteró dos meses después, cuando recibió la carta de su cuñado desde Londres. También, afirman que fue envenado por el capitán del navío, Walter Bathurst quien le suministró una dosis excesiva de “emético”.
La otra frase famosa de la época se le atribuye a Cornelio Saavedra, el “rival” de Moreno, quien al enterarse de su muerte expresó: “Hacía falta tanta agua para apagar tanto fuego”. Entre el movimiento revolucionario, apremiado por los avances realistas desde el Alto Perú, y la feroz lucha interna, también a Saavedra se lo llevaron puesto, desalojado como jefe político por el primer Triunvirato. Exilio, juicios, guerra, su nombre resumió muchas de las características de la época.
“Viva la Patria aunque yo perezca” - El doctor Moreno- señala un testigo directo) - vio venir su muerte con la serenidad de Sócrates. Ya a los principios de la navegación le pronosticó su corazón este terrible lance. ‘No sé qué cosa funesta se me anuncia en mi viaje’, nos decía con una seguridad que nos consternaba. No pudiendo proporcionarse a sus padecimientos ninguno de los remedios del arte, ya no nos quedaba otra esperanza de conservar sus preciosos días, que en la prontitud de la navegación; más por desgracia tuvimos ésta extraordinariamente morosa y todas las instancias hechas al capitán para que arribase al Río de Janeiro o al Cabo de Buena Esperanza, no fueron escuchadas. Después de esto, el doctor Moreno se entregó tranquilamente a su duro destino. A las cuidadosas atenciones que le pagaba nuestra amistad y respeto, correspondía con una suavidad admirable, pero con el triste desengaño de que serían sin efecto. Su último accidente fue precipitado por la administración de un emético que el capitán de la embarcación le suministró imprudentemente y sin nuestro conocimiento. A esto siguió una terrible convulsión que apenas le dio tiempo para despedirse de su patria, de su familia y de sus amigos. Aunque quisimos estorbarlo, desamparó su cama ya en este estado y con visos de mucha agitación, acostado sobre el piso solo de la cámara, se esforzó en hacernos una exhortación admirable de nuestros deberes en el país que íbamos a entrar y nos dio instrucciones del modo como debíamos cumplir los encargos de la comisión, en su falta.
Pidió perdón a sus amigos y enemigos de todas sus faltas; llamó al capitán y le recomendó nuestras personas; a mí en particular me encomendó, con el más vivo encarecimiento, el cuidado de su esposa inocente; con este dictado la llamó muchas veces.
El último concepto que pudo traducir fueron las siguientes palabras: “¡Viva mi patria, aunque yo perezca!”. Ya no pudo articular más. Tres días estuvo en esta situación y lamentable: murió el 4 de marzo de 1811, a los 31 años, 6 meses y un día de edad”. Murió con la serenidad de Sócrates dice su biógrafo. “Podemos decir que Mariano Moreno muere sereno como Sócrates porque cultivó el pensamiento por medio de la razón.
FUENTE Juan Carlos Raffo. Todo es Historia Félix Luna