Juzgar a las personas por sus expresiones del momento en vez de posar la lupa en los hechos que produce en el devenir de su conducta deriva en tergiversaciones de la percepción y, por ende, en injusticias analíticas que conducirán a conclusiones eminentemente falsas.
Es lo que se ha visto en los foros de discusión de las redes sociales respecto del anuncio de incremento salarial formulado por el Gobierno provincial el jueves pasado, cuando la cifra del 6 por ciento motivó la irascibilidad de internautas con los pensamientos desordenados, incapaces de sopesar el valor de un aumento posible respecto de un aumento deseable. El primero es una realidad y el segundo, una quimera.
Antes de seguir, vale recordar que el universo de opinadores preocupados por emitir sus pareceres catárticos en Facebook o Instagram está por debajo del 1 por ciento de la población laboralmente activa. Y que ese 1 por ciento actúa engañado por el “sesgo de confirmación”. Es decir, escribe comentarios críticos según el dictado de sus propias sensaciones, sin verificar los datos de una realidad compleja y poliédrica.
Quien esto escribe ya abordó en la gran diferencia que exhibe el modelo de Estado presente patentizado por el gobernador Juan Pablo Valdés respecto del pensamiento antiestado del presidente Javier Milei, pero en este caso lo que abunda no daña: mientras el libertario propugna la crueldad para con el empleado público, el mandatario radical busca la forma de acercarse lo máximo posible a la expectativa de los trabajadores, abre ámbitos de diálogo con los sindicatos y otorga una mejora comparativamente más generosa que las concedidas en otras provincias.
El ranking de aumentos efectivizados en marzo por los gobiernos provinciales ubica a Corrientes a la cabeza del lote regional, con una recomposición más sustanciosa que las anunciadas en Santa Fe, Chaco, Entre Ríos, Formosa e incluso Misiones.
Aclaración: esta afirmación trasciende los porcentajes puros y duros del 7 por ciento de Formosa (con otro 7 para abril), el 5 por ciento de Misiones (con otro 5 para abril), el 5 por ciento de Chaco y el 12,5 por ciento escalonado en seis meses que oficializó Santa Fe. ¿Por qué es distinta la atmósfera correntina? Porque ninguno de los gobiernos colindantes abona adicionales salariales, un beneficio de triple pago mensual que enriquece la capacidad coyuntural de compra y entrega liquidez temporal a miles de familias.
A estas alturas, ¿cree usted, querido lector, estar leyendo una oda a la suculencia salarial de Corrientes? De ningún modo. El incremento resulta insuficiente para resolver los problemas estructurales de las economías hogareñas y aparece anclado a una receta económica contractiva que busca bajar la inflación con un lastre al consumo, lo que se traduce como un fenómeno recesivo porque cuando el comercio vende menos, el Estado recauda menos y la coparticipación decrece hasta jibarizar a los gobiernos provinciales.
El gobernador Juan Pablo Valdés y su equipo económico así lo reconocen, desde una posición que prioriza la tranquilidad social sin desaprovechar las oportunidades ofrecidas por un esquema libertario que devuelve gentilezas parlamentarias con aportes del tesoro, propiedades del fisco nacional como los ex cuarteles de la costanera y la chance de potenciar inversiones a través de misiones comerciales al estilo “Argentina Week”, la vidriera neoyorkina donde el mandatario tomará contacto con corporaciones de la talla de Amazon.
Entonces, al final de cuentas, ¿el Gobierno de Corrientes es filolibertario? No, pero ese no es el punto. La nueva gestión Valdés no se encasilla, sino que acude al eclecticismo político para buscar puntos de coincidencia con un centro de poder cuyos cánones dogmáticos contradicen el modelo votado por una provincia históricamente autónoma en sus decisiones electorales. Y lo consigue con la estrategia de construir mayorías ocasionales en el Congreso al tiempo que ejecuta partituras diametralmente diferentes puertas adentro del Taragüí.
Los correntinos, en general, no son libertarios, sino que aprecian el rol de un Estado capaz de activar políticas contracíclicas en tiempos de turbulencia económica. Sí llega una ola de frío, Corrientes prende la estufa aunque la Casa Rosada arroje barras de hielo sobre la industria, el empleo registrado y las remuneraciones. Y los resultados se perciben en un microclima de serenidad pueblerina donde la gente encuentra solaz a través de programas como el “Corrientes Sostiene”.
Ese es un hecho que explica la conexión entre el votante tipo y el republicanismo institucional de dos exponentes de la nueva vena radical, el ex gobernador Valdés y el actual gobernador Valdés, articuladores de una continuidad administrativa que, una vez más, abreva en sus propias fuentes con un plan de refinanciación de deudas en auxilio de 89.000 familias acogotadas por la bola de nieve de sus tarjetas de crédito.
Con una tasa subsidiada que rondará el 40 por ciento, “Corrientes Sostiene” destina 130.000 millones de pesos para reducir la morosidad de los particulares e impedir así que caigan en el pozo negro de las indexaciones usurarias aplicadas por las billeteras electrónicas, cuyos costos de financiamiento llegan a superar el 400 por ciento anual.
¿Populismo? Nada que ver. Es puro pragmatismo, fruto de una planificación que apunta a sostener la cadena de pagos para que las empresas provinciales encuentren reparo en medio del congelamiento de la actividad y de un tipo de cambio controlado artificialmente. Un movimiento contrapicado del Estado provincial que responde al principio de dignidad humana defendido por el derecho internacional a partir de la Segunda Guerra Mundial, como muchas otras civilizaciones lo hicieron en distintos momentos de la historia.
Porque la intervención estatal para aliviar deudas privadas no es una rareza ni una extravagancia periférica. Lo hizo el legislador ateniense Solón con la “Seisactía”, una reforma impositiva que salvó a los campesinos del hostigamiento esclavista de los aristócratas 500 años antes de Cristo, y acaba de hacerlo Luiz Inacio Lula da Silva con “Desenrola Brasil”, un sistema de desendeudamiento que limpió el nombre de 15 millones de morosos para reintegrarlos al circuito financiero formal. Una de las razones por las cuales el presidente del PT conduce la tercera potencia económica continental.
Desde esa perspectiva, “Corrientes Sostiene” se yergue en el horizonte inmediato como una salida creativa al averno económico de la destrucción de empleo y la desindustrialización. Y no mediante un artilugio asistencialista, sino a través de una injerencia laparoscópica en el mercado de capitales, en buen uso de las herramientas reguladoras del Estado.