Los trabajos empezaron un viernes. Obreros y máquinas derribaron primero la parte más alta del edificio, que daba a la calle San Juan: un paredón en el que por años estuvo grabado el nombre del centro comercial -“Mercado Municipal”-, y donde también había un enorme reloj que dejó de marcar las horas cuando supo de su destino.
El desalojo de los puestos se concretó no bien estuvo terminado el nuevo “Mercado de Productos Frescos”, en Mendoza y Lavalle. Llegado el momento, con mucha incertidumbre, hombres y mujeres que durante años trabajaron en el corazón mismo de la ciudad, debieron dejar “sus” lugares. Los camiones formaban filas por Junín, San Juan, La Rioja y Agustín González. La tristeza invadía los rostros de quienes por el simple hecho de trabajar en el Mercado se habían convertido en personajes de la ciudad.
¿Quién no comió alguna vez los chicharones “únicos” del Mercado; o las empanadas de Petit Valencia o de La Criollita?. ¿Quién no compró un cartón en lo de Cosoy? O, simplemente, ¿quién no descansó alguna vez en las escalinatas que daban a Junín?.
Tal vez nadie reparó en ello... Lo cierto es que el tiempo pasaba y se acercaba el final en aquel verano de 2001.
Los trabajadores con sus trastos fueron acomodados en el nuevo predio, y entonces el intendente en comisión dio la orden de ejecución. Un pedazo de historia, un pedazo de la vida de los correntinos empezó a ceder ante la promesa de que una empresa, la “quebrada” Maccarone, iba a construir un shopping moderno que realzaría la condición de vida de los ciudadanos y convertiría a ese lugar estratégico en un nuevo punto de atracción, todo ello en el marco de un plan de remodelación que originariamente también comprendía a la peatonal Junín.
No solo que no llegó el shopping, sino que tuvo que pasar mucho tiempo para que el lugar deje de ser un foco infeccioso.
El llamado “Monumento al pozo” (mote que se utilizó hasta en el Concejo Deliberante) estuvo por ser de todo: un shopping, una plaza, una playa de estacionamiento, un paseo de venta ambulante, de nuevo un shopping, una plaza.
Fue, en el camino, un escenario variado, resistido, cuestionado. Lo ganaron vendedores ambulantes, la policía, otra vez los vendedores y las carpas. Fue el lugar preferido para que los candidatos a cualquier cosa hagan campaña. Fue “el” lugar, por sus atributos y defectos, y seguramente lo seguirá siendo, ahora convertido definitivamente en una plaza...