Tenía solamente 6 meses de edad cuando un rayo fulminó a la madre. El bebé se salvó de milagro y fue criado por familiares de Paraguarí. A la edad de 11 años, tomó contacto con la Banda de Música del Regimiento de dicha ciudad. Su innata vocación lo inclinó al camino del arte. Apenas contaba con 14 años cuando fue contratado por la Banda de Asunción. Allí se inició en el oficio de compositor musical con ‘Jasy Morotî‘, hasta hoy exitoso. Le siguieron otras conocidas inspiraciones. Con 27 años de edad, en 1927, ya estaba grabando en Buenos Aires los primeros discos de música paraguaya.
A pesar de ser un ferviente pacifista, al producirse la guerra con los hermanos bolivianos 1932-1935, se alistó como soldado raso, para defender la heredad nativa pero, gracias a su ya ganada fama, el Comando en Jefe lo nombró Director de música del Ejercito. En el frente de batalla su Conjunto musical, en lugar de balas, disparaba melodías. Compuso muchas canciones y fue condecorado por su ejemplar actuación.
En 1936, poco después de la contienda, tuvo que exiliarse por diferencias políticas. Su regreso, en 1946, fue breve, pues la Revolución de 1947, lo obligó a un largo destierro que lo llevó a recorrer el Mundo. Anduvo con su música por Argentina, Brasil, Venezuela, Cuba, Estados Unidos, gran parte de Europa y Rusia. Estrechó las manos de grandes personalidades del arte y fue invitado a dirigir famosas orquestas. Por fin, con el derrocamiento del dictador Stroesner, a fines de 1989, se abrieron las puertas de su patria aunque él siguió viviendo en Corrientes.
Para presentar su última obra, ‘Sinfonía en gris Mayor‘, viajó a Asunción en 1991, pero su deteriorada salud no soportó el intenso trajín de esos fríos días de Junio y, en la avanzada noche, mientras daba los últimos toques a su Sinfonía, le sorprendió un ataque que lo llevó de nuestro lado. Allá quedó, en su tierra añorada, entre la gente que siempre amó. Podemos afirmarlo escuchando su música y leyendo sus versos: ‘Tierra mía, / yo te canto enternecido / con mi voz dulce y lejana / de añoranzas. / Tu me asistes... y yo te asisto... / Tierra mía... Tierra mía... / en la sal de tu existencia / yo me nutro cada aurora, / argamasa y levadura de mi pan. / Tierra mía, pequeñita y tan grande, / tan sufrida y forcejeada por los males. / Algún día, en lo alto de tu mástil / flamearan todas las banderas / de tu libertad. En la cumbre de mis sueños / yo te veo engrandecida / Tierra mía, tierra mía, / si algún día el destino / para siempre de éste mundo me apartara, / llevaré como una flor muy encendida / la argamasa y levadura de mi tierra amanecida.
La intensidad con que añoró su terruño fue muy acentuada. Parece que también lo refleja en la guarania ‘Lejanía‘. ¿Acaso es una amada imposible la que menciona, o es la añoranza por su tierra la inspiradora? ‘Lejano amor primero de mi niñez, rohechaga’u / lejano amor sublime, ensueño azul, mamópa reime. / Distante queda el recuerdo de aquellos tiempos del mborayhu / que acuden a mi memoria como bandadas de pykasu / recuerdos que queman mi alma porque hoy es triste che rekove / por eso estoy entonando este triste canto guarani ete.‘
Nos preguntamos también ¿quien sería la protagonista real en su guarania ‘Mi oración azul?‘. Su letra dice: ‘En las noches tristes de mi orfandad voy buscándote / en la inmensidad del lejano azul, ¿dónde tu estarás? / Desde aquella vez que Nuestro Señor te cerró los ojos / truncando la Fe de mi adoración que por ti forjé. / Como el incienso, ésta mi canción llegará hasta ti / armonía sutil de mi inspiración, hija de mis penas / mi oración azul llevará hasta ti mi recordación.‘
Para discurrir con amplitud sobre las cosas de Herminio, necesitaríamos muchas horas, sin que se agoten los temas. Pero, la memoria, suerte de arcón sin fondo, guarda para nosotros la magia de su talento junto con los perfiles de sus anécdotas y comentarios, para aliviarnos de los agobios cotidianos.
Su recalada en Corrientes se debió a la similitud con la cultura paraguaya. Aquí quedó, en compañía de su esposa Victoria Miño, para vivir sus últimos años en la tibieza, siempre anhelada, de un nido en paz. Aquí siguió creando. Compuso obras sinfónicas, polcas y chamamés. Además, organizó y dirigió la Orquesta Sinfónica de la Provincia. Luego, fundó y dirigió la Orquesta y Coro de la Municipalidad, que ahora lleva su nombre, merecidamente.
En el 14 aniversario de su muerte, lo seguimos recordando, bonachón, dicharachero y solidario, brindándonos su música y un fraternal abrazo, como manantial inagotable que brota y borbota, por siempre.
Corrientes, 30 de Mayo de 2005.