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Invasión al Líbano, el otro paso a la transformación de la región

Por El Litoral

Lunes, 31 de julio de 2006 a las 21:00
El cese del fuego parece un sueño lejano en Oriente Medio. Los ataques israelíes al Líbano continúan y siguen sumandose víctimas en la población civil.
La segunda invasión israelí a El Líbano, forma parte de un antiguo diseño estadounidense que se materializa en un contexto de relaciones internacionales de poder que no podría tener una coyuntura más favorable. Ello lleva consigo la aparente descomposición de la bipolaridad con la caída del bloque soviético, que ahora viene envasada en la terminología de moda: guerras asimétricas como fórmula para aniquilar la resistencia a ese diseño. A estas alturas, y a partir de una seguidilla de desastres humanitarios como el de Afganistán, de Irak, ahora El Líbano y probablemente Siria e Irán, se hace cada vez más indispensable apuntar al núcleo del objetivo de ese diseño: la desintegración de las actuales naciones árabes y de cultura islámica.
Es el gran plan del equipo central ideológico-político, que domina el aparato militar más poderoso de la tierra desde los Estados Unidos. Este grupo de elite universal formado por el Vicepresidente de los EEUU, Richard Cheney, el Secretario de Defensa Donald Rumsfeld, Secretaria de Estado Condoleeza Rice y Paul Wolfowitz, ahora Presidente del Banco Mundial, está a punto de consolidar una estrategia comenzada “a los tumbos” con Irak, que actualmente frente a la pasividad de la “Comunidad Internacional”, se ve fortalecida.
El elevado número de violaciones por parte de Israel a las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU, tanto respecto a la primera invasión y ocupación a El Líbano como a los territorios palestinos, responde a la excepcionalidad del estatus de Israel respecto a las leyes internacionales. Independientemente de la inadecuada conformación de la ONU, esa pasividad internacional confirmaría que Israel como un Estado central en el plan mencionado anteriormente, respecto al cual Europa occidental mantiene una notoria ambigüedad.
¿Qué dirán las empresas transnacionales de este diseño en marcha que a la larga deben financiar las futuras guerras y la reconstrucción de los países? Observando tres años de la experiencia en Irak, el saldo es portentosamente negativo, en lo económico y en lo militar. En lo político, el diseño tiene una puntuación de varios grados bajo cero.
¿Es viable la implantación de un sistema llamado como democracia, libertad y negocios sobre la malla sociocultural que sustenta una visión del mundo marcadamente diferente a la occidental?
Esta segunda pregunta tiene la impactante respuesta que observamos en la presente invasión, donde Hezbollah se transforma con su estrategia de resistencia en el referente de una oposición a la transformación del Medio Oriente.
Imaginémonos por un instante, una situación en la que estos violentos cambios inducidos por diseños externos, produjeran en Siria, Irán, Pakistán, los países del Golfo Pérsico, Arabia Saudita, Egipto, Libia, y Norte de Africa hasta Argelia, los mismos efectos que se observan en Irak y en El Líbano. En todos estos lugares seguramente habría más resistencia que acoplamiento a este diseño externo a su propia dialéctica. Es aquí donde es legítimo cuestionar “la genialidad” de este plan de transformación, y el punto central es el político, ya que libertad, democracia y libre empresa serían implantadas a través de la extinción de los Estados. Es decir, todo esto parte de la premisa de que estamos frente a un proceso refundacional: estas sociedades formadas durante siglos en etapas pre y poscoloniales emergerían desde “las cenizas” de sus propias formas de hacer política.
Desde esta perspectiva, el diseño claramente contempla hacer con el mundo árabe y musulmán lo que se ha hecho con el territorio llamado hoy Israel.
Más allá de las soluciones inmediatas a esta segunda invasión de Israel en El Líbano (la primera, en 1982), el contexto actual es diferente. Estados Unidos está definitivamente ganando espacios con su tesis de expandir libertad, democracia y libre empresa a través de guerras y del uso de la acción preventiva contra el “terrorismo”. Observamos que la excusa del terrorismo ha funcionado casi a la perfección desde el punto de vista de desintegrar estos Estados.
Aunque esta tesis tenga una amplia y vasta legión de opositores ¬en los cuatro puntos cardinales- en la práctica no se observa por parte de ellos una reacción que se exprese con la misma virulencia manifestada por los afectados en forma inmediata. Con esta actitud, de alguna forma conceden que estas zonas del mundo que han quedado a la deriva del progreso occidental, deben ser transformadas. El planteamiento central de los autores del diseño transformativo es que estaríamos frente a una revolución histórica.
Según una vasta literatura (J. Mann, S. Hersh, P. Zelikov, W. Kristol y otros), para los autores de este diseño existe una inevitabilidad histórica que pertenece a los grandes momentos de progreso de la Humanidad. Ellos así lo creen y se respaldan en la implantación del modelo más espectacular del proceso colonial que es la aniquilación de la cultura aborigen en Norteamérica, y la formación del sistema sociopolítico que los Estados Unidos expanden en la actualidad.
Con esta nueva invasión de Israel a El Líbano, esta perspectiva ha dejado de ser el revés de la trama. El “modelito transformativo” es rotundo y tanto los Estados Unidos, como su aliado principal, el Reino Unido, representando a Occidente, consolidan la otra visión de que Occidente es incapaz de aceptar la diferencia.


* Especial para Argenpress

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