¿Se recuerda en la actualidad que San Martín hablaba cuatro idiomas? ¿Que era lector de los clásicos? ¿Que al cruzar los Andes llevaba en cajones los 7650 volúmenes traídos desde España que constituían sus lecturas favoritas? ¿Que fundó la Biblioteca de Cuyo, de Chile y la Nacional de Lima, con la donación de esos textos? ¿Que explicaba que para cimentar la independencia de la América del Sur eran más importantes las bi-bliotecas que los propios ejércitos? ¿Se recuerda su decreto de 1821 disponiendo que a todo peruano nacido allí no se lo denomine “aborigen”, ni “indio”, ni “indígena”, porque ellos hijos y ciudadanos del Perú y “con el nombre de peruanos deben ser reconocidos”? ¿Se re-cuerda con el debido énfasis la vi-sión continentalista de San Mar-tín?, como lo dice en carta a Godoy Cruz, de octubre de 182: “En construir la Grande Nación de Sudamé-rica están puestas todas mis solicitudes y desvelos que terminan en este objetivo glorioso”?.
Y una reflexión sobre el supuesto distanciamiento entre Simón Bolívar y San Martín, luego de la reunión de Guayaquil: ¿Se recuerda que en su muerte, en 1850, San Martín guardaba en su casa de Boulogne Sur Mer una carta de Bo-lívar colocada en un marco realizado con sus propias manos de aficionado a la carpintería; el retrato en miniatura de Bolívar que éste le había obsequiado en Guayaquil, y un gran óleo de la figura de Bolí-var, pintado por su hija Mercedes San Martín de Balcarce, que tenía colocado en la sala principal de su casa?
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Esta nota fue publicada en la sección “Cartas al País”, del diario “Clarín” el miércoles último, firmada por Manuel Urriza, historiador -autor de “San Martín y Bolívar vistos por Perón”.