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El abogado constitucionalista, Mario Midón, ex diputado provincial (1983-1985) y convencional constituyente 2007, se confiesa radical y admite que la política lo deslumbró y cautivó, pero asegura que rápidamente entendió que no era ese el camino que debía transitar. "Me dedico a escribir e intentar enseñar algo de lo que aprendí, y, por supuesto, velar por los derechos de quien confían en mi", dice en el inicio de una charla sin tabúes.
El especialista en derecho se muestra crítico de la sociedad argentina y busca demostrar el paralelismo entre los gobiernos y el pueblo. No repara en críticas al Gobierno nacional, pero hace mella en el ciudadano como el responsable de la actual realidad. En ese sentido, no duda en afirmar: "Los argentinos hemos perdido el valor de la palabra empeñada".
Con esa celebre y repetida frase ahonda en una hipótesis acerca de los males actuales en desarrollo.
"En una sociedad desarrollada, la palabra es compromiso", agrega y explica que "también Brasil tiene corrupción en su estructura institucional, pero el compromiso de la sociedad es totalmente otra y los mismo sucede en Chile y Uruguay".
"Aquí reivindicamos el hecho de no cumplir los compromisos y lo señalamos como una viveza", se queja.
"La sociedad cree que un determinado gobernante solucionará todos sus problemas. Vota y se desapega del derecho a cuestionar, de inmiscuirse en cuestiones trascendentes del gobierno", reflexiona.
Para justificarse recuerda que "un estudio de Naciones Unidas asegura que en Latinoamérica casi el 55 por ciento de la población aceptaría un gobierno autoritario con tal que le resuelvan sus problemas".
Cierra la idea con una memorable oración: "El subdesarrollo es una disminución de nuestras posibilidades".
Siempre con un asumido tono docente, el abogado asevera que "lo transitorio es permanente y cumplir los mandatos legales constituyen una excepción".
Firme en sus convicciones, advierte: "Mientas no cambie el trazo de la sociedad argentina no van a cambiar los gobiernos".
"La sociedad tiene que ser participe activa de los cambios", insiste.
El tenor de la conversación obliga a ahondar en política y en ese aspecto, Midón no guarda reparos para con el Gobierno nacional.
"Hay una directiva política nacional de aislar el desarrollo de Corrientes", lanza sin pelos en la lengua.
Sus palabras sorprenden y rápidamente lo percibe, por eso justifica: "Hablo sobre la base de elemento objetivos. Hace años esperamos por el segundo puente con Chaco; por el puente Goya-Reconquista; la provincia vecina recibe 600 millones de pesos para viviendas, el Invico 14 millones".
Enarbola una frase repetida hasta el cansancio: "Corrientes es un caso serio; somos la periferia".
"Es la única provincia gobernada por un signo política distinto al del gobierno nacional y padecemos las consecuencias de esa diferencia política", se explaya.
Vuelve a sus críticas contra la Nación y evidencia su malestar al asegurar que "en los últimos años el control al poder nacional ha sido nulo".
"Existe en los exponente policitos la convicción del que el legislador tiene que responder incondicionalmente a los dictados del Ejecutivo de turno porque disentir es ir en contra de los altos fines que se propone el Ejecutivo", agrega.
Vuelve a hacer gala de la experiencia que otorgan los años y asegura: "Quien ejerce el poder tiende al abuso, está comprobado, por eso se necesitan mecanismos de control eficaces".
Con pesimismo enfatiza: "El sistema de controles no funciona en la Argentina".
La intensidad de la charla obliga a un escueto receso en el que Midón refresca la garganta y luego confiesa que ejerció la mejor profesión del mundo durante 7 años. Se inicio en La Mañana, un diario correntino de los años 60.
"Deje el periodismo cuando me recibí de abogado, pero esos 7 años me iniciaron en el oficio de escribir que hoy no abandono", se jacta.
Midon lleva ya 10 libros publicados y es coautor de otros 20.
La nostalgia lo invade y entre más recuerdos, sus ojos se iluminan al mencionar a su padre, un maestro de San Roque que recorría Formosa 30 días a lomo de burro para dictar clases.
"Fue un abogado frustrado", dice con una amplia sonrisa.
"Quería que fuera abogado y fue muy estricto conmigo para que lo logre", agrega.
"Me prohibió aprender guaraní y hasta silbar en casa. Eran los paradigmas de la época, eso era símbolo de la barbarie", lo justifica.
"Hoy tengo el placer de trabajar con mis 3 hijos que también son abogados. Este siempre fue mi camino y no la política", concluye y vuelve a hidratar la garganta.