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/Ellitoral.com.ar/ Padres Hoy

El llanto, un medio de comunicación

Desde que nacen, incluso antes, los bebés ya se están comunicando con nosotros. Alrededor de los cinco o seis meses de gestación comienzan a moverse en el vientre, algunas veces al compás de una música determinado o de un sonido conocido, como la voz de sus padres. También se mueven luego de que la mamá come algo dulce. Es decir, desde el mismo vientre materno el ser humano se está comunicando con su entorno.

Luego, transcurrido el tiempo de espera y esperanza, ese mismo bebé viene al mundo cargado con una sola herramienta innata de comunicación: el llanto. Es un grito esencial para la vida. Una manera de decir “Acá estoy”. Sin embargo muchas veces, por no saber interpretar ese llanto, las mamás y los papás caen en la desesperación. ¿Podríamos intentar volver a ese lugar en el que todos estuvimos alguna vez, el lugar del bebé?

Comprender

Primero tenemos que saber con certeza que si prestamos atención, en poco tiempo ya vamos a poder reconocer qué necesidad está expresando nuestro bebé, entonces reaccionaremos en consonancia. De hecho, a veces lo que necesita un bebé se puede identificar a partir del tipo de llanto que utiliza; por ejemplo, el llanto de "tengo hambre" suele ser breve y agudo, mientras que el llanto de "estoy molesto" suele ser más variable y agitado.

Un bebé también puede llorar cuando se siente agobiado por todas las imágenes y sonidos del mundo que le rodea, o sin ningún motivo aparente. Es importante no sentirse mal ni ponerse nervioso cuando el bebé llora y no conseguimos consolarlo de inmediato: el también llanto es una forma de desconectar de los estímulos cuando se sienten sobrecargados.

El llanto es la principal forma que tienen los bebés de comunicarse, pero también pueden utilizar formas de comunicación más sutiles. Aprender a reconocerlas es gratificante y puede reforzar el vínculo con su pequeño. Un recién nacido puede distinguir entre el sonido de la voz humana y otros sonidos. Podemos prestar atención al modo en el bebé responde a la voz de mamá y de papá, que en pocos días asociará a todas las atenciones que le brindan: alimento, calor, caricias.

Si el bebé empieza a llorar mientras está acostado en su moisés, podemos comprobar lo rápido que se calma en cuanto oye la voz de su mamá aproximándosele.

Otra experiencia interesante es comprobar con qué atención escucha el bebé cuando le hablamos en tono cariñoso. Tal vez todavía no logre coordinar la vista y el oído, pero es posible que, incluso mientras fije la mira en el vacío, el pequeño esté prestando una atenta atención a lo que la mamá le diga. Es posible que el bebé adapte sutilmente sus posturas corporales y sus expresiones faciales y que hasta mueva brazos y piernas cuando escuche a su mamá.

¿Qué debería hacer?

Los bebés aprenden rápidamente cosas sobre el mundo a través de los sentidos. Cuando pasen los días inmediatamente posteriores al nacimiento, se acostumbrará a ver a su mamá y a su papá, y empezará a centrar la atención en los rostros. De todos modos, los sentidos del tacto y del oído también son muy importantes.

El bebé sentirá curiosidad por los ruidos, pero no habrá ninguno que le atraiga más su atención que la voz. Hay que hablar con el pequeño siempre que tengamos la oportunidad. Aunque todavía no entienda lo que le dicen, la voz de sus padres calmada y tranquilizadora trasmitirá la sensación de seguridad. También aprende a través del tacto, de modo que darle infinitos besos cariñosos, abrazos, caricias, es una forma de que pueda concebir el mundo como un lugar acogedor.

Comunicarse con un recién nacido se enmarca en la tarea de colmar sus necesidades. Responder siempre a los llantos del recién nacido, ya que es imposible malcriar a un bebé tan pequeño por dedicarle demasiada atención. Contrariamente, las respuestas rápidas o inmediatas a los llantos del bebé le hacen saber que es importante y que merece ser atendido.

Probablemente habrá veces en que uno habrá colmado todas las necesidades del bebé pero él seguirá llorando. No hay que desesperar; es posible que esté excesivamente estimulado, tenga demasiada energía acumulada o simplemente necesite un buen llanto sin motivo aparente. Sólo hay que dejar fluir toda esa energía hacia afuera.

Un momento del día

Es habitual que los bebés atraviesen un período de agitación aproximadamente a la misma hora cada día, generalmente entre las últimas horas de la tarde y la media noche. A pesar de que todos los recién nacidos lloran y tienen momentos de inquietud, cuando un bebé sano llora durante más de 3 horas al día, más de 3 días por semana y durante por lo menos 3 semanas, se dice que padece una afección denominada "cólico del lactante". Puede ser inquietante para un padre, pero la buena noticia es que dura poco: la mayoría de los bebés la superan alrededor de los tres 3 meses de edad. Puede intentar consolarlo. Algunos bebés se calman con el movimiento, como el balanceo o que alguien los pasee por la habitación, mientras que otros responden mejor al sonido, como una música suave.

¿Debería preocuparme?

Hay que hablar con el pediatra si los llantos de su bebé se prolongan más tiempo del habitual, si su llanto le suena extraño o se asocia a un descenso de su nivel de actividad, falta de apetito o movimientos o pautas respiratorias inusuales. El pediatra lo tranquilizará o buscará explicaciones médicas al malestar del bebé. Es posible que al bebé no le ocurra nada malo y que, el mero hecho de saberlo le ayude a relajarse y a mantener la calma cuando su pequeño se vuelva a sentir molesto.

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