Por Leticia Oraison de Turpin (*)
Cómo cambia el clima humano cuando alguien coloca en el ambiente un poco de comprensión y de buen ánimo! Buen humor es lo que necesitamos para vivir mejor, con menos stress, con más sabiduría. Porque quien puede contagiar calma y desdramatizar situaciones cotidianas ayuda a mirar la vida con más esperanza, con más alegría y con menos cuestionamientos, cada circunstancia, por fortuita que sea.
Necesitamos tener buen humor, que no es ser chistosos, aunque estos también descomprimen los nervios y las inquietudes, momentáneamente.
Pero el buen humor es más constante, más estable, porque se incorpora como un hábito, una costumbre de no confrontar, delirar, desesperar y alterar el orden social, comunitario, laboral o familiar. Llama a la armonía y al buen vivir.
La persona con buen humor puede contagiar paz y alegría a cualquier ambiente, porque al final, siempre, todo se resuelve con calma y sabiduría, mejor que con nervios, enfrentamientos, ironías, codicias o envidias.
El que tiene buen humor no necesita rivalizar, competir, destruir o herir; al contrario, mira la vida con buenos ojos, acepta las situaciones como solucionables y sabe encontrar el medio para continuar apaciblemente.
El que tiene buen humor no es pusilánime, miedoso o servil, el que tiene buen humor es simplemente más estable, sabio y como dice el refrán “no se ahoga en un vaso de agua”. Sabe cómo salir adelante e insufla en los que lo rodean seguridad, tranquilidad y bonanza, con todo el alcance de este término.
Buen humor para acercar posiciones encontradas, para ver la vida con cristales claros y nítidos, sin gamas oscuras o tendenciosas.
En todos los ambientes sociales hace falta siempre alguien con buen humor, que ponga la nota de concordia, de alegría y de buen ánimo en todas las acciones, actitudes y relaciones que se vayan suscitando. Que sepa reírse de sí mismo y no de los demás
No es tan costoso saber poner cara amable, que ya en la primera mirada e impresión, transmite serenidad y aceptación. Una cara amable, sonriente, predispone positivamente a los demás y contrarresta los malos humores, las caras largas, los enojos y la iracundia.
La salida ingeniosa, graciosa o sabia puede ayudar a aflojar una situación tensa, tirante, inestable.
Pero todo en su justa medida, porque un gracioso inoportuno, impertinente o bocón, aunque sea ingenioso puede herir o profundizar desencuentros.
El buen humor, ya decía antes, es más serio y más estable, no es ocasional, ni pasajero, sino un modo profundo de ver y entender la vida y ayuda a ver el lado positivo de la misma.
Tiene buen humor aquel que, sin pretender hacer reír, puede suscitar una sonrisa y un cambio de ánimo y de actitud, con la palabra justa, la cara amistosa, sonriente, y con predisposición al servicio.
El buen humor es siempre consecuencia de la serenidad y ésta deriva de la fortaleza que alimenta y nutre a las personas y las incita a mejorarse, para bien propio y de los demás.
Pongamos una nota de color a nuestra vida y a la de los demás, miremos con esperanza, alegría y serenidad todas las circunstancias que nos rodeen y encontrémosle su lado bueno, su lado positivo, su lado educativo y reconfortante,que seguro siempre tendrá.
(*) Orientadora Familiar.