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Reconciliación

Por José Ceschi

¡Buen día! Pasaron ya muchos años del tiempo en que la subversión guerrillera y los excesos represivos competían en el horror de la violencia. Pero siguen quedando heridas. Pasarán todavía muchas décadas antes de que ellas cierren en forma definitiva.
Por ello es importante asumir aquellos tiempos duros con corazón reconciliado. Se están haciendo esfuerzos, que deben ser estimulados y acogidos con amor.
Tal vez pueda ayudarnos, entre muchos otros, un librito de Tato Ortega, ya citado en este espacio: “Amasar la vida”. Hay un capítulo dedicado especialmente al tema que nos ocupa. Le acerco una muestra:
“En ciudades pujantes y en miserables taperas, sobre los campos y en medio de las sierras, hay una tarea pendiente, enorme y grata: la de amasar el pan con nuestro esfuerzo, la de leudarlo en el calor fructificante del reencuentro.
Para amasar este pan, ofrenda y alimento de este pueblo, yo pongo mi culpa y mi palabra, la antigua nostalgia por Dios y el corazón golpeado por tanta infamia propia y ajena, en este desconcierto total, desparramado. Otros pondrán su amor, su fe o su pecado y, a veces, el silencio cargado de heroísmo.
Y es que tanto dolor tiene que servir para algo, tanta afrenta y humillación, tanta garra en defender lo más querido, tanta vida parida en los caminos, tanta gente que mordió el silencio como forzada forma de supervivencia, tiene que servir, Señor, tiene que servirnos.
Porque aquí se gestó la violencia y la opresión, pero también el sencillo heroísmo cotidiano. Y ese calor que se guardó, adentro del corazón, para algún día amasar el pan nuevo, el pan vivo.
La antigua patria del trigo y la abundancia ha sabido ser, en lo más humilde de su pueblo, la semilla que protege, celosa, los rasgos de la vida.
Y si hubo miedo y dolor y pecado, hubo también solidaridad y amistad, y amor y humor y empecinamiento, el volver a restaurar el abrazo, Señor, nuestro abrazo...”.
El texto es más extenso. Haría mucho bien leerlo completo.
¡Hasta mañana! 

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Reconciliación

Por José Ceschi

¡Buen día! Pasaron ya muchos años del tiempo en que la subversión guerrillera y los excesos represivos competían en el horror de la violencia. Pero siguen quedando heridas. Pasarán todavía muchas décadas antes de que ellas cierren en forma definitiva.
Por ello es importante asumir aquellos tiempos duros con corazón reconciliado. Se están haciendo esfuerzos, que deben ser estimulados y acogidos con amor.
Tal vez pueda ayudarnos, entre muchos otros, un librito de Tato Ortega, ya citado en este espacio: “Amasar la vida”. Hay un capítulo dedicado especialmente al tema que nos ocupa. Le acerco una muestra:
“En ciudades pujantes y en miserables taperas, sobre los campos y en medio de las sierras, hay una tarea pendiente, enorme y grata: la de amasar el pan con nuestro esfuerzo, la de leudarlo en el calor fructificante del reencuentro.
Para amasar este pan, ofrenda y alimento de este pueblo, yo pongo mi culpa y mi palabra, la antigua nostalgia por Dios y el corazón golpeado por tanta infamia propia y ajena, en este desconcierto total, desparramado. Otros pondrán su amor, su fe o su pecado y, a veces, el silencio cargado de heroísmo.
Y es que tanto dolor tiene que servir para algo, tanta afrenta y humillación, tanta garra en defender lo más querido, tanta vida parida en los caminos, tanta gente que mordió el silencio como forzada forma de supervivencia, tiene que servir, Señor, tiene que servirnos.
Porque aquí se gestó la violencia y la opresión, pero también el sencillo heroísmo cotidiano. Y ese calor que se guardó, adentro del corazón, para algún día amasar el pan nuevo, el pan vivo.
La antigua patria del trigo y la abundancia ha sabido ser, en lo más humilde de su pueblo, la semilla que protege, celosa, los rasgos de la vida.
Y si hubo miedo y dolor y pecado, hubo también solidaridad y amistad, y amor y humor y empecinamiento, el volver a restaurar el abrazo, Señor, nuestro abrazo...”.
El texto es más extenso. Haría mucho bien leerlo completo.
¡Hasta mañana!