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Educación para la paz

Por José Ceschi

 ¡Buen día! La paz es un estilo de vida, un modo de pensar, un modo de relacionarse, un modo de actuar. Nace más de dentro que de fuera. De dentro del corazón del hombre, quiero decir.
Las guerras, en el fondo, reflejan una falla de educación; si hemos de entender la educación como la capacidad de ser libres, respetando también la libertad ajena. No puede extrañarnos entonces que el Concilio Vaticano II acentúe la educación como un medio indispensable para preservar la paz:
“Los que gobiernan a los pueblos, que son garantes del bien común de la propia nación y, al mismo tiempo, promotores del bien de todo el mundo, dependen enormemente de las opiniones y sentimientos de las multitudes. En nada les aprovecha trabajar en la construcción de la paz, mientras los sentimientos de hostilidad, de menosprecio y de desconfianza, los odios raciales y las ideologías obstinadas dividen a los hombres y los enfrentan entre sí.
Es de suma urgencia proceder a una renovación en la educación de la mentalidad y a una nueva orientación en la opinión pública.
Los que se entregan a la tarea de la educación, principalmente de la juventud, o forman la opinión pública, tengan como gravísima obligación la preocupación de formar las mentes de todos en nuevos sentimientos pacíficos. Tenemos todos que cambiar nuestros corazones, con los ojos puestos en el orbe entero y en aquellos trabajos que, todos juntos, podemos llevar a cabo para que nuestra generación mejore.
Que no nos engañe una falsa esperanza. Pues si no se establecen en el futuro tratados firmes y honestos sobre la paz universal una vez depuestos los odios y las enemistades, la humanidad, que ya está en grave peligro, aun a pesar de aquella hora en la que no habrá otra paz que la paz horrenda de la muerte” (“Gaudium et spes”, n. 82).
 Viene bien a propósito la palabra de un científico universalmente reconocido: “Si la ciencia es utilizada para perfeccionar la guerra, la humanidad no tendrá salida y la paz será solo una palabra en el manual de las buenas intenciones…” (Albert Einstein).
¡Hasta mañana!

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Educación para la paz

Por José Ceschi

 ¡Buen día! La paz es un estilo de vida, un modo de pensar, un modo de relacionarse, un modo de actuar. Nace más de dentro que de fuera. De dentro del corazón del hombre, quiero decir.
Las guerras, en el fondo, reflejan una falla de educación; si hemos de entender la educación como la capacidad de ser libres, respetando también la libertad ajena. No puede extrañarnos entonces que el Concilio Vaticano II acentúe la educación como un medio indispensable para preservar la paz:
“Los que gobiernan a los pueblos, que son garantes del bien común de la propia nación y, al mismo tiempo, promotores del bien de todo el mundo, dependen enormemente de las opiniones y sentimientos de las multitudes. En nada les aprovecha trabajar en la construcción de la paz, mientras los sentimientos de hostilidad, de menosprecio y de desconfianza, los odios raciales y las ideologías obstinadas dividen a los hombres y los enfrentan entre sí.
Es de suma urgencia proceder a una renovación en la educación de la mentalidad y a una nueva orientación en la opinión pública.
Los que se entregan a la tarea de la educación, principalmente de la juventud, o forman la opinión pública, tengan como gravísima obligación la preocupación de formar las mentes de todos en nuevos sentimientos pacíficos. Tenemos todos que cambiar nuestros corazones, con los ojos puestos en el orbe entero y en aquellos trabajos que, todos juntos, podemos llevar a cabo para que nuestra generación mejore.
Que no nos engañe una falsa esperanza. Pues si no se establecen en el futuro tratados firmes y honestos sobre la paz universal una vez depuestos los odios y las enemistades, la humanidad, que ya está en grave peligro, aun a pesar de aquella hora en la que no habrá otra paz que la paz horrenda de la muerte” (“Gaudium et spes”, n. 82).
 Viene bien a propósito la palabra de un científico universalmente reconocido: “Si la ciencia es utilizada para perfeccionar la guerra, la humanidad no tendrá salida y la paz será solo una palabra en el manual de las buenas intenciones…” (Albert Einstein).
¡Hasta mañana!